jueves, 28 de julio de 2016

LOS IBEROS EN ESPAÑA...SOCIEDAD Y CULTURA


Los íberos fueron unos de los primeros pobladores de España,estaban organizados en tribus, formando pequeños estados independientes unos de otros. Construían sus poblados en las colinas para organizar mejor su defensa. Eran agricultores y ganaderos además de trabajar el esparto y el lino para hacer tejidos y fabricar sus propias armas y utensilios.
La cultura ibérica se desarrolla durante la segunda Edad del Hierro ( desde el 500 a de C. hasta la Romanización) por la influencia de pueblos colonizadores del Mediterráneo Oriental sobre las mismas poblaciones del Bronce Final de Andalucía, Murcia, Albacete, País Valenciano, Valle del Ebro, Cataluña y sur de Francia.
Estos pueblos extranjeros (fenicios primero y griegos y cartagineses más tarde) crearon factorías comerciales y colonias en las costas mediterráneas citadas por las fuentes clásicas, los fenicios al sur (Gañir o Cádiz, Malako o Málaga, Sexio o Almuñecar y Abdera o Adra); los griegos en levante: Rhode (Rosas ,Gerona) Emporiom (Ampurias, Gerona), Mainake (Málaga, junto a la fenicia), Hemeroscopeion (Denia, Alicante); los cartagineses en Cartago Nova (Cartagena) y Baleares (Ebussus, Ibiza).
Estos colonizadores trajeron a la península el uso de las monedas,  la escritura, el torno de alfarero, el vidrio, el rito de incineración de los cadáveres, nuevos tipos de armas, adornos y técnicas artísticas.
Los historiadores griegos y romanos citan una serie de pueblos y tribus distintas, sin unidad política, pero con un régimen social, económico y cultural muy similar.
Los orígenes del pueblo íbero no están muy definidos, aunque en otras épocas muchos estudiosos se empeñaron en afirmar que estaba en Asia o África.
Los Íberos eran una gran etnia dividida en pueblos que habitaban la cuenca occidental del Mediterráneo. En realidad. Iberia nace de la imaginación de los autores griegos que así designaron las tierras situadas en los límites del mundo explorado: el Cáucaso por el nordeste e Iberia por occidente. En Iberia se acababa el mundo conocido, “las columnas de Hércules”, el paso del Mediterráneo hacia el océano, era el “finis térrea”, la parte de lo desconocido.
Los griegos llegaron con intención de comerciar con los íberos. Fundaron Marsella  (600 a de C) y desde allí se establecieron, veinticinco años después en Ampurias. Al sur de la península llegaron los fenicios hacia el 900 a de C, donde estaba el reino de Tartessos (Huelva), apreciado por sus riquezas
Los tartesos fueron la primera sociedad organizada den la península ibérica. Tenían, a través del Guadalquivir, una unión con las sociedades ibéricas desde el Guadalquivir hasta el sur de Francia. La relación entre los indígenas de la península y los comerciantes fenicios y griegos sitúa la cultura ibérica en la Edad del Hierro Europea, caracterizada por el conocimiento de los metales, la creación de sociedades jerarquizadas y la organización de su territorio.

                                                Yacimiento ibérico de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla)

El poblado es equiparable a la polis clásica y como ella posee una entidad política, unas normas, unos compromisos y un espacio vital en torno a ella que permite su desarrollo económico.
Las poblaciones más pequeñas dependen de los compromisos de las ciudades más grandes, manteniendo vínculos económicos y políticos. La estructura política de la sociedad ibérica sufre una gran fragilidad.
Los núcleos político-sociales ibéricos carecen de un ejército estable, por lo que sus acciones defensivas u ofensivas las va a llevar a cabo mediante la improvisación de un grupo armado al mando de los representantes de las familias dominantes. La ciudad ibérica carece también de controles internos de tipo policial. El cumplimiento de las normas y hábitos está salvaguardado por representantes de las oligarquías familiares.
Los poblados ibéricos, a modo de pequeños municipios y con un núcleo urbano y a veces sus pequeñas aldeas o caseríos debieron tener problemas de límites, de pastos, actitudes prepotentes e incluso de infracciones de tratados y acuerdos. Las catástrofes naturales junto con las invasiones de su territorio son los motivos que van a originar la unión de distintos poblados frente al enemigo en el afán de sobrevivir. La sociedad ibérica, tan original y poderosa desde el punto de vista tecnológico, artístico y hasta económico es una sociedad políticamente frágil, débil y tradicionalmente receptiva, es decir, que durante centurias se ha habituado a la presencia de estímulos comerciales exteriores.
Los íberos van a servir de instrumento para las aspiraciones no sólo comerciales sino también militares mediante los mercenarios y enfrentamientos de unas regiones con otras para estos visitantes.


La estructura de la sociedad ibérica tiene un origen caballeresco. Prácticamente ignoramos los esquemas ideales de esa sociedad, pero tenemos en cambio representaciones en relieves y sobre todo en las pinturas sobre recipientes cerámicos que reflejan esta sociedad caballeresca.
Se refleja una sociedad patriarcal, asentando de este modo los patrones que pervivirán durante muchos siglos. De los poblados se deducen unas claras diferencias sociales de las que son claro exponente las viviendas. Algunas de ellas se limitan solamente a una habitación mientras que otras tienen una mayor amplitud, distintas salas, suelos empedrados, almacenes, molinos y otros útiles. Se observan también diferencias muy importantes en el ajuar de las tumbas. Unas tienen únicamente una pobre urna de incineración sin objeto alguno que la acompañe mientras que otras como las de los jefes locales, tienen la urna de incineración junto a sus espadas, lanzas, cascos, atalajes de caballo y a veces hasta con restos de sus carros.
El sentido de responsabilidad ante los compromisos contraídos es sagrado para los íberos; es lo que los clásicos denominan la “fides iberica”. Esta “fides” es algo común a otros muchos pueblos y culturas; lo tenían los galos, los germanos o los tracios. Los romanos reparan en ello porque les resultaba ventajoso negociar con los íberos comprometiéndolos en empresas merced a sus juramentos de fidelidad que sabían que harían todo lo posible por cumplir.
 La “Devotio de los solduri” está relacionada también con este purificado sentido de la fidelidad a la palabra dada.
 Los pobladores alcanzan un mayor nivel de vida. Ante la demanda colonial, la artesanía se desarrolló dando un especial relieve a ciertas profesiones especializadas.

Pebeteros o quemadores de perfumes, reproducciones de cabezas femeninas en terracota, tocadas con stephanos o kalathos, presentes en el mundo ibérico en contacto con el orientalizante, predominantemente griego.

El papel fundamental de la mujer en la sociedad ibérica se ve reflejado en la representación escultórica y pintada de damas entronizadas o en actitud dominante como mujer nutricia, madre, con sus cualidades reproductoras y proveedoras de alimento. Los cuidados y valiosos ajuares femeninos ponen de manifiesto el valor social con que cuenta la mujer ibérica. Esta mujer está referida también en los textos clásicos grecorromanos como hábil tejedora y poseedora de gran habilidad. Las tareas femeninas son el control de la vida cotidiana y del hogar, llevar a cabo las actividades domésticas y las tareas artesanales, alimentar y cuidar a los hijos y por último controlar la comercialización de producciones y manufacturas de procedencia doméstica.
 En una sociedad en la que las actividades agropecuarias y agrícolas alejan al varón mucho tiempo del núcleo doméstico, la importancia de la mujer se potencia considerablemente.

Estela de Sinarcas (S.I a.C.) con caracteres íberos que no han podido ser descifrados.
Se encuentra en el Museo de Prehistoria de Valencia.

 La escritura derivada de la escritura meridional tartésica, merced a la presencia fenicia, se escribía ordinariamente de izquierda a derecha. Era semisilábica y constaba de cinco vocales. Sus signos son muy parecidos a los del ámbito cultural del Mediterráneo de ese periodo. Se han trascrito y se pueden leer perfectamente gracias a los textos bilingües pero no se ha conseguido aún una traducción comúnmente aceptada de los textos ibéricos. A partir del S. V a.C. la cultura ibérica adquiere un notable protagonismo cultural. Esta cultura  en la región de Murcia se halla incluida en el área clave de las influencias meridionales, levantinas y meseteñas.
La cultura ibérica se desarrolló desde el S.VII a C. hasta bastante avanzada la dominación romana.
Se trató de una original cultura cuyo legado artístico sólo fue valorado justamente a finales del siglo pasado; siendo su momento culminante el descubrimiento efectuado por unos labradores en 1897 en la Alcudia de Elche de un extraordinario busto femenino que pasará a la Historia del Arte como “La Dama de Elche”. La cultura ibérica alcanzó su mayor plenitud entre los siglos V al II a.C.; y a estos siglos corresponden las creaciones artísticas más importantes que abarcan arquitectura en piedra, con sepulcros monumentales, divinidades y exvotos antropomorfos en piedra y bronce, cerámica ricamente pintada, lujosa orfebrería e inscripciones de largos textos escritos en la todavía indescifrable lengua ibérica.

Monumento funerario del pozo Moro

Las  ciudades ibéricas se asientan sobre montículos elevados, fácilmente defendibles y situados en lugares bien comunicados y con buenas posibilidades económicas (minerales, suelos ricos para el cultivo). Por ello el trazado de sus calles se adapta ala topografía con casas de planta rectangular con varias habitaciones. Todo el recinto urbano estaba a su vez rodeado de murallas ciclópeas, es decir, hechas con enormes bloques de piedra, generalmente superpuestos o colocados sin ningún material de unión, como se puede apreciar en Cosse (Tarragona), Osce (Sagunto) o La Serreta de Alcoy. Sin embargo Illice (La Alcudia de Elche) estaba en llano, protegida por fosos.

Urna funeraria de Tütugi

Mayor interés artístico presentan los monumentos funerarios donde se colocaban las urnas cinerarias, como los de Tütugi (Galera, Granada), gran túmulo con corredor y cámara funeraria cuadrada con pilar central o el de Tugia (Peal del Becerro, Jaén) de sillería; tres naves y hornacinas para las urnas. El monumento de Pozo Moro (Albacete) posiblemente se trate de un templo con sillares e interesantes relieves, reconstruido en el Museo Arqueológico Nacional.
Guerrero de Mogente (Valencia)
Son muy abundantes y variadas las muestras escultóricas ibéricas, pero todas reflejan rasgos propios de arcaísmo: hieratismo, frontalidad, simetría, pliegues rígidos en zig-zag, modelado esquemático,destacando la escultura de santuarios.
                               Exvoto con vaso ritual (Museo de Albacete; MAN nº inv. 7694).
Esta escultura, se trata de exvotos muy diversos que se depositan en lugares sagrados para los íberos, normalmente en zonas boscosas y con manantiales, sin templo o monumento importante para guardarlas. Periódicamente el santón o custodio del lugar lo despejaba, arrojando las imágenes en un vertedero.
El conjunto primero conocido en piedra y más interesante se encontró en el Santuario del Cerro de los Santos de Montealegre del Castillo (Albacete). Se trata de figuras femeninas o masculinas de gran tamaño, e incluso parejas y cabezas aisladas, siendo la pieza más notable la Gran Dama Oferente, de pie, cuerpo entero y bellamente engalanada, portando un vaso en las manos. Del mismo tipo son las del Llano de la Consolación, vecino del anterior.


Un claro ejemplo es el Cigarralejo de Mula (Murcia) en el que se veneró a una divinidad protectora de caballos.

Exvoto de bronce hecho con la técnica de la cera perdida de Collado de los Jardines (Jaén).

Las esculturillas en bronce son muy estilizadas y presentan desproporciones anatómicas. Representan a mujeres, guerreros, jinetes. Son de pequeño tamaño por utilizar la técnica de la cera perdida; la mayoría en actitud oferente o suplicante, con gran variedad de atuendos, aunque también las hay desnudas. Se han encontrado en los santuarios de Sierra Morena (Collado de los Jardines y Castillar de Santisteban, ambos en la provincia de Jaén) y en el Santuario de La Luz (Murcia).
                                           Exvoto de terracota femenino. La Serreta. Alcoy

El barro cocido es el material en que están realizados los exvotos del Santuario de la Serreta de Alcoy, representando figuras solas o en grupo. También de pequeño tamaño y las cabezas femeninas peinadas con raya en el centro. Están hechas con molde, son huecas y con perforaciones en la parte superior de la cabeza para quemar perfumes. Se las relaciona con el culto de Demeter, tan extendido por todo el Mediterráneo. La falta de metal en el País Valenciano explica el uso de arcilla en su lugar.
Las esculturas con funcion funeraria son muy escasas las encontradas “in situ”, exceptuando el caso de la Dama de Baza y el de la Dama de Elche.
La escultura funeraria ibérica no se limita a las famosas damas, sino que tiene un amplio capítulo en las representaciones de animales fantásticos que custodiaban las necrópolis relacionadas con sus explicaciones míticas de  vida y la muerte.
Subdividiremos este capítulo en dos apartados: representaciones humanas y esculturas de animales
En el primer grupo están dos de las obras más populares del arte ibérico: La Dama de Elche y la Dama de Baza.


La Dama de Elche fue encontrada fortuitamente en 1897 cuando se realizaban labores de desmonte en el paraje de La Alcudia, donde estaba ubicada la ciudad ibérica y romana de Illice mencionada por las fuentes clásicas y en parte excavada y estudiada a partir de entonces. Transportada a Elche, fue reconocida popularmente como la Reina Mora hasta que el arqueólogo francés Pierre Paris la compró para el Mueso del Louvre en donde estuvo expuesta hasta que se canjeó por obras del Museo del Prado, cuyos fondos pasó a engrosar. Actualmente se exhibe en el Arqueológico Nacional, juntamente con la Dama de Baza, la Dama oferente del Cerro de los Santos, el monumento de Pozo Moro...
Es la obra más universal de la cultura ibérica. La Dama, como toda “prima dona” es una figura difícil, única, polémica e idolatrada. Además de haber un sensacionalismo en torno a su imagen y a su significado.
Divinidad o ser humano, urna cineraria, escultura estante o sedente, hombre o mujer, embrujo de Oriente, símbolo de la España una y grande, son tan contradictorias las lecturas para las que ha servido que, hasta cierto punto, el escándalo de la falsificación no es más que lo que le faltaba para completar su currículum...


La Dama de Baza fue descubierta más recientemente (1970) en una tumba de cámara junto con vasijas y ajuar propio de un guerrero, que permitió fecharla en el S.IV a.C. .Está hecha en caliza grisácea y representa a una mujer sentada en un trono. La superficie de la pieza estaba estucada en colores azul, rojo, marrón y negro aglutinados con yeso. El trono tiene largas alas en el respaldo y está perforado en su lado derecho para colocar las cenizas del difunto. Sus patas delanteras son garras de animal. El rostro es de facciones algo toscas, apreciándose el pelo negro que cubre con cofia o tiara y manto. Viste una túnica azul con cenefa inferior sobre la cual cae el gran manto abierto por delante, formando pliegues convencionales en zig-zag. Va ricamente engalanada con grandes pendientes, cuatro gargantillas y cinco colgantes, más otro segundo con tres piezas de forma acorazonada. Sostiene en la mano un pichón azul.
Es una de las de las obras maestras del arte iberico.Representa una reina ó sacerdotisa sentada en un trono.Está policromada,el barroquismo de la vestimenta y adornos sirve de marco para su expresión solemne del rostro.
Esta Dama debió de cumplir un papel semejante al de Perséfone en otras areas,se trataba de una divinidad protectora de la vida que,desde la niñez guarda al individuo,continuando su labor después de la muerte.



Otro capítulo de la escultura funeraria es la zoomorfa; algunas de ellas conocidas popularmente con el nombre de “bichas” por tratarse de animales quiméricos, antropomórficos, como la Bicha de Bazalote (Albacete). Son los mismos tipos animalísticos estudiados en oriente de donde procede la idea. Se les atribuía cierto carácter sagrado; protectores del hombre y de los muertos. SU modelado es muy sumario y esquemático. Han aparecido innumerables piezas en el sector ibérico meridional.
       En la provincia de Alicante: el Toro de Monforte del Cid, la Esfinge de Agost, el Grifo de la Alcudia de Elche, el Griego de Redován…
    En el área andaluza: El León de Baena (Córdoba), el Toro de Porcuna (Jaén), el León de Huelma (Jaén)...



Los relieves ibéricos: son también  muy numerosos e interesantes; se trata de bajorrelieves. La mayoría forman parte de monumentos funerarios; concebidos como cipos o cuerpos prismáticos con las cuatro caras esculpidas como el cipo de los jinetes de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia) o sillares de ángulo con relieves en dos caras contiguas como el de la tañedora de flauta de Osuna (Sevilla).
                                                 Dama oferente del Cerro de los Santos

                                                                  Toro de Osuna

                                                                                  Bicha de Coy (Lorca)

La cerámica es uno de los elementos más significativos de la cultura ibérica. El envase para los distintos productos: tela, esparto, mimbre, odres etc. va a desarrollarse considerablemente pero en especial lo hará y sobre todo pervivirá hasta nosotros la cerámica, el barro cocido.
Los fenicios aportaron a esta cultura los molinos rotatorios de cereal; los tornos de alfarero. Es un ingenio ideal para hacer recipientes de igual tamaño.
Los hornos en que se cuece esta cerámica son de cocción oxidante, lo que proporciona unas piezas con un acabado de color rosa anaranjado, característico de las cerámicas ibéricas muy resistentes.
Las cerámicas ibéricas de tipo común alcanzan tal perfección técnica y formal que podemos equipararlas con las de los mejores alfares del Mediterráneo En la cerámica ibérica se halla un conjunto de formas que imitan a las vasijas fenicias, griegas, etruscas y del interior de la península. Un grupo característico  lo integran las piezas de cerámica fina, decorada con pintura que podemos denominar de vajilla. La componen escudillas, platos, fuentes, tazones y jarras. Son de pasta anaranjada y textura fina.
Se denomina con el nombre de cerámica de cocina a los recipientes que son sometidos a la acción del fuego en los procesos de cocción de alimentos. Evocan formas de pucheros sin asas y fabricados con una pasta distinta compuesta por un degrasante arenoso mezclado. Su color es gris negruzco. Los recipientes de gran tamaño se pueden calificar como cerámica de almacenamiento. Son características las formas de olla globular de boca estrecha y los recipientes con boca ancha, como el krateriskos. En este conjunto están incluidas las ánforas ibéricas con su cuerpo casi ovoide, su estrecha boca sin cuello y sus minúsculas asas. Las utilizaban para conservar los vinos, el aceite, el perfume y otros productos.
El tipo de decoración que llevan a cabo sobre la cerámica de vajilla y almacenamiento es muy característico por la técnica empleada. Se pintan en color rojo hematites, en negro violáceo de manganeso y en blanco ocasionalmente.
Generalmente se pintan antes de la cocción del recipiente con lo que se evita que los colores se borren con el lavado. La pintura se aplica clocando el recipiente seco en el torno y se pinta con pincel y compás múltiple.
Las piezas dedicadas a los ritos funerarios de incineración son excepcionales.

PERFILES DE LAS FORMAS MÁS  USUALES DE LA CERÁMICA IBÉRICA CON DECORACIÓN GEOMÉTRICA

                  Cerámica ibérica. Embudo y filtro colador para miel y oinochoe (Jumilla)

Vaso cerámico con decoración estampillada. Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla). Museo Arqueológico J. Molina (Jumilla)

                                                   Vaso con águila
La cultura ibérica se caracteriza por el desarrollo sistemático de espacios destinados a la deposición de los difuntos que forman auténticos cementerios. La necrópolis se suma así al poblado como elemento formador del paisaje y lugar de alto valor simbólico y social.
La importancia que se da en época ibérica al ritual funerario se refleja en la extensión de las necrópolis, en la monumentalidad  de las sepulturas y en la riqueza de los ajuares que acompañan a los difuntos.
El principio de este tipo de expresiones funerarias está relacionada con el nacimiento de una nobleza que expresa en gran medida su privilegiada posición a través de las sepulturas y de los ajuares, una costumbre que se extiende progresivamente a una gran parte de la sociedad.
El registro funerario se convierte en un elemento fundamental para el conocimiento de la cultura ibérica.
Los cementerios ibéricos están relacionados directamente con el poblado del que dependen, con la posibilidad de que haya varios recintos funerarios vinculados a un mismo asentamiento.
La fosa de incineración queda llena con su urna tapada y los restos del ajuar mezclados con cenizas y carbones. Todo ello se cubre con una capa de barro precintándolo.
En la época ibérica plena es usual el colocar sobre la tumba de incineración una estructura de piedras y barro a modo de túmulo.
Las tumbas de incineración debían tener sobre ellas una estructura monumental más o menos voluminosa, modestas construcciones hechas de piedra y barro y revestidas de barro claro o como máximo de yeso mezclado con barro.
La acción del tiempo y el empleo generalizado de materiales tan perecederos así como el deseo de lucro de profanadores de tumbas en la búsqueda de los objetos depositados en ellas  fue lo que debió originar considerables destrucciones.
En las necrópolis solían existir monumentos funerarios cuya estructura arquitectónica son los escalones, la estela y el coronamiento de la misma. Hay otros elementos muy interesantes en el monumento, sobre todo una serie de esculturas de bulto redondo y de complicado significado en este mundo simbólico de la región ibérica de ultratumba. En primer lugar aparecen unas esculturas exentas de animales de considerable tamaño, que representan las figuras del toro, el león y la esfinge, labrados por lo general en calizas. Su talla es menos cuidada y a veces tosca y frecuentemente se muestran inacabados. La talla no afecta a todo el volumen de la escultura y se apoya en un elemento arquitectónico presentado en una visión frontal. Se puede citar como ejemplo el monumento femenino de Coimbra del Barranco Ancho en Jumilla: “el Cipo de los jinetes”
El toro y el león como esfinge son símbolos defensores o guardianes de la paz, del orden y la custodia de un recinto o lugar sagrado.


Las sociedades autóctonas ibéricas se han visto afectadas por la doble influencia de los pueblos del Mediterráneo y las corrientes culturales procedentes de Centro Europa. Estas influencias van a afectar también a la vida religiosa en sus dos aspectos fundamentales, el de la vida trascendente o de ultratumba y el de las peticiones y ruegos cotidianos a la deidad proveedora para que remedie necesidades y males.
La concepción del más allá adquiere unas características especiales imponiendo unos ritos funerarios, los de incineración. Hay vestigios de estas prácticas incineradoras en el Eneolítico y a finales de la Edad del Bronce ya es frecuente la incineración de restos y la colocación de las cenizas en su recipiente o urna.
La influencia de los campos de urnas centroeuropeos va a extenderse a las culturas occidentales generalizando los ritos típicos. En plena época ibérica el ritual llega a su fase álgida.
El cuerpo va a ser destruido, purificado y el humo va a ascender al cielo.
El ritual de cremación se realiza en la necrópolis o poblado.
El difunto era portado en una camilla al área de necrópolis, adornado de sus mejores vestidos. Deudos, familiares y vecinos debieron integrar un cortejo. Este ceremonial está relacionado con un banquete funerario.
Fueron típicas las danzas y cantos de marcado carácter épico. En la mayor parte de las pinturas en urnas se representan danzas de guerreros, carros de damas y luchas entre varones de este tipo de ritos fúnebres.
Consumida la hoguera se apagaba con agua en forma ritual.
La urna se depositaba en una pequeña fosa colocándole una tapadera.
Se pueden hallar falcatas, lanzas, clavos y abrazaderas procedentes de la combustión de escudos, botones, hebillas…
Las tumbas femeninas son reconocibles y diferenciables por el contexto de su ajuar simbólico. Están presentes los pequeños recipientes de ungüentos y afeites propios de la moda, los elementos representativos de la artesanía textil.

                             Braserillo ritual hallado en la necrópolis del Cabecico del Tesoro.


Enterramiento de la necrópolis de El Cigarralero (Mula).
Podemos observar el kálatos en el centro que contiene los restos incinerados y
pequeños recipientes del ajuar; a la derecha un ungüentario de ascendencia oriental.

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