jueves, 14 de julio de 2016

RICARDO FEDERICO DE MADRAZO Y GARRETA


Pintor español. Hijo de Federico y hermano de Raimundo. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, teniendo como maestros a su propio padre, a Joaquín Espalter y a los escultores Ricardo Bellver y Ponciano Ponzano. En 1866 entró en contacto con Mariano Fortuny, su cuñado, quien influiría poderosamente en su vida y su pintura. En 1867 le acompañó a Toledo y en 1868 a Roma, donde asistió a la Academia Chigi. En 1869 se estableció en París, junto a los Fortuny, donde tuvo la oportunidad de visitar el taller de Jean-Louis-Ernest Meissonier. Completó su formación copiando cuadros en los museos del Louvre y de Luxemburgo, al tiempo que trabajaba en el estudio de su cuñado. Entre 1870 y 1872, con motivo de la Guerra Franco-Prusiana, se vio obligado a volver a España junto a su hermana y su cuñado, y se estableció en Granada. Los dos pintores apro­vecharon la ocasión para pintar a plein air en la Alhambra y el Albaicín. A la casa de Fortuny, como si fuera una academia libre, acudían muchos pintores. Desde allí hicieron un viaje a Marruecos en compañía de José Tapiró y posteriormente marcharon a Roma. La vida del artista siguió vincu­lada a la de su cuñado hasta que éste falleció, inesperadamente, en 1874 y hubo de hacerse cargo del estudio, la catalogación y la subasta de las obras de Fortuny, realizada en el hotel Drouot de París. Después, pasó algunas temporadas en Tánger en compañía de Tapiró, y alternó sus ­estancias entre París y Madrid, participando alternativamente en las ­Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de ambas capitales. En 1885 se estableció definitivamente en Madrid, viajando anualmente a Venecia y a París. A partir de aquel año, siguiendo la tradición familiar, se especializó en pintura de paisaje y en retrato. Por su estudio madrileño pasaron desde la reina María Cristina a Archer Milton Huntington, Lázaro Galdiano, Durand-Ruel o William Howard Taft, quien le encargó El Parnaso. Sus amplios conocimientos sobre la Antigüedad lo convirtieron en un valioso asesor artístico de importantes coleccionistas españoles y americanos.
Moro del sur, óleo sobre lienzo, 1881, Museo del Prado. 
Retrato de Santiago Ramón y Cajal, en 1910. Ateneo de Madrid. 
Retrato de Antonio Cánovas del Castillo. 1896. Palacio del del Senado.
Guerrero árabe junto a una fuente. 1878.
Alto en una caravana árabe (Rest Halt for an Arab Caravan). 1877

El predicador-1905
Obra representativa de la dedicación orientalista de su autor, iniciada con su cuñado Mariano Fortuny (1838-1874) y continuada mu­cho después de su estancia en Ma­rruecos. Aunque el colorido y la ejecución ca­recen de la audacia del pintor catalán, pues se entona en una gama neutra en la que solo destacan retazos de rojo, amarillo y azul de algunas vestimentas, la obra acierta a captar los tipos y el ambiente norteafricanos. Cabe destacar el contraste entre el ambiente apagado del primer término y la luz que se desprende del fondo de la composición, en donde el sol concentra los últimos rayos del día.
Fechada en 1905, el artista la ejecutó mucho después de su estancia en Marruecos (1877), a partir de los apuntes que tomó en dicho viaje. Aunque este lienzo aparecía en los inventarios con el título de El predicador, la quietud de la escena, el instrumento musical que lleva el personaje central y la atención con que escuchan los que le rodean, exenta de fervor religioso —como se muestra en la posición del niño del primer término—, obligan a pensar que se trata de un contador de cuentos, motivo utilizado por otros pintores orientalistas con composición parecida.

La escena se desarrolla en el recinto de un pequeño cementerio a las afueras de una ciudad costera, donde un recitador con un ud se dirige a una treintena de árabes de todas las edades sentados en semicírculo a su alrededor.
Dos de los oyentes sostienen largas espingardas ornamentadas con bandas de plata y otro una sibha de treinta y tres cuentas para recitar los noventa y nueve nombres de Alá. Al fondo de la composición una pareja de mujeres, con sus kaftanes, se mantiene alejada del grupo. La vegetación es de agaves, flores silvestres y matojos. Al fondo de la composición, una comitiva de camellos se dirige a la ciudad junto al mar, en la que se alzan tres minaretes.
Obra representativa de la dedicación orientalista de su autor, iniciada con su cuñado Mariano Fortuny (1838-1874) y continuada mu­cho después de su estancia en Ma­rruecos. Aunque el colorido y la ejecución ca­recen de la audacia del pintor catalán, pues se entona en una gama neutra en la que solo destacan retazos de rojo, amarillo y azul de algunas vestimentas, la obra acierta a captar los tipos y el ambiente norteafricanos. Cabe destacar el contraste entre el ambiente apagado del primer término y la luz que se desprende del fondo de la composición, en donde el sol concentra los últimos rayos del día.
Bibliografia

Pantorba, Bernardino de, Los Madrazos. Ensayo biográfico y crítico, Barcelona, Iberia, 1947.
 Puente, Joaquín de la, «Innovación y conser­vadurismo en los Madrazo», Goya, n.º 104, Madrid, 1971, pp. 98-105.
Los Madrazo, una familia de artistas, cat. exp., Madrid, Museo Municipal, 1985.
Gaya Nuño, Juan Antonio, Arte del siglo XIX, «Ars Hispaniae», Madrid, Plus Ultra, 1966, t. XIX, p. 358.

Pintura orientalista española (1830-1930), cat. exp., Madrid, Fundación Banco Exterior, 1988, pp. 86-87.

https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/moro-del-sus-marruecos/bba735f1-2fb4-4fd5-85f2-830693e36086https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/madrazo-y-garreta-ricardo-federico-de/05afacb4-2141-449b-bb76-4c5bcc8400a7
http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=15334
https://www.toperfect.com/pic/Oil%20Painting%20Styles%20on%20Canvas/Arab/5-Ricardo-de-Madrazo-y-Garreta-Rest-Halt-for-an-Arab-Caravan.jpg

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