domingo, 11 de septiembre de 2016

JAN VAN EICK...POLIPTICO SAN BRAVÓN DE GANTE


El"Políptico de la Adoración del Cordero Místico", realizado entre 1422 y 1432 por Hubert Van Eyck hasta su muerte en 1426 y continuada por su hermano Jan Van Eyck para la capilla familiar de Jacomus Vyd, comerciante y hombre influyente en su época, en el deambulatorio de la antigua iglesia de San Juan Bautista en Gante, posterior Catedral de San Bavón en Gante, donde se sigue exponiendo en la actualidad. Nos encontramos por lo tanto ante una obra representativa de la escuela conocida como de los "primitivos flamencos" de la que Van Eyck es, quizás, su mejor representante.
Nos encontramos ante un gran polítptico, es decir, un retablo compuesto por varias tablas, en este caso un total de veinticuatro, pintadas al óleo, técnica que se empieza a generalizar en esta escuela y que consiste en la utilización de aceite como aglutinante de los pigmentos.
Podemos diferenciar entre la composición de la cara exterior de las tablas, las que se verían cuando el retablo estuviese cerrado y las tablas internas, las que se ven cuando se muestra el retablo abierto.


En las tablas exteriores podemos diferenciar tres niveles. En el inferior, dentro de nichos fingidos, en los extremos  aparecen representado los retratos de los donantes en actitud de oración ante las estatuas, pintadas siguiendo la técnica de la grisalla de los santos Juanes, el Bautista, quien porta un cordero, y el Evangelista, con un cáliz entre sus manos. Sobre estas tablas, ocupando el nivel intermedio aparece el tema de la Anunciación que se desarrolla a lo largo de las tablas centrales. El arcángel, de larga y blanca túnica, cabellera larga rubia y alas de coloridas plumas porta en una mano un ramo de lirios que hacen alusión a la pureza virginal de María, mientras inclina levemente la cabeza en señal de salutación. Por su parte, María, en la tabla situada en el otro extremo también viste túnica y larguísima capa blanca y parece haber sido sorprendida por el ángel en el momento en el que estaba dedicada a la lectura. Cruza las manos sobre su pecho y sobre su cabeza aparece la paloma del Espíritu Santo.La escena se desarrolla en el interior de una estancia representada con detallismo y siguiendo los principios de la perspectiva lineal para crear sensación de profundidad. Así al fondo de la habitación se abre un mirador cuyo paisaje al fondo, representado en un prodigio de detallismo,al igual que la segunda estancia que se abre en la tabla donde se encuentra la Virgen y en la que a su vez observamos al fondo una ventana. acentúan la sensación de profundidad además de evitar la sensación de ahogo en el espacio, dado el gran tamaño de las figuras. En los cuatro compartimentos superiores aparecen a la izquierda el profeta Zacarías y la sibila Eritrea, mientras que a la derecha lo hacen el profeta Miqueas y la Sibila Cumana. Todos ellos llevan letreros donde narran sus visiones proféticas.


En las tablas interiores, las que observamos una vez abierto el retablo, podemos distinguir dos zonas claramente diferenciadas. Se puede observar como las tablas superiores muestran un menor número de figuras pero de tamaño considerablemente mayor que las tablas inferiores con un número mayor de figuras aunque de menor tamaño.
En las tablas interiores, las que observamos una vez abierto el retablo, podemos distinguir dos zonas claramente diferenciadas. Se puede observar como las tablas superiores muestran un menor número de figuras pero de tamaño considerablemente mayor que las tablas inferiores con un número mayor de figuras aunque de menor tamaño.


Si observamos las tablas superiores, la tabla central está ocupada por la figura de gran tamaño y cuerpo completo de Dios Padre, quien, sentado en un trono y vestido con túnica y manto rojo, va coronado con la triple corona papal y lleva en la mano izquierda un cetro mientras con la derecha bendice a la vez que con lo tres dedos levantados alude a la naturaleza trina de Dios. Destaca la riqueza de su vestido, joyas y bordados así como la corona que aparece a sus pies y que muestra la superioridad del poder de Dios y de la Iglesia sobre los poderes terrenales. A su derecha aparece la Virgen, sentada aunque ligeramente vuelta hacia el lugar ocupado por Dios. Representada con rasgos idealizados, larga y fina melena rubia, destaca igualmente la riqueza de su túnica y manto, azul oscuro, con bordados, así como las joyas, sobre todo la corona que porta sobre su cabeza. María lee un libro de oraciones representado con extremo realismo y minuciosidad.Un esquema similar reproduce la figura de San Juan Bautista, situado a la izquierda de Cristo, representado con larga cabellera y barba, con túnica de piel y manto de paño verde, quien deja descansar un libro sobre sus piernas mientras parece señalar con la mano derecha a Dios Padre. Dos grupos de ángeles, músicos a la derecha y cantores a la izquierda, dirigen sus cánticos a Dios. También aquí cabe destacar la minuciosidad en la representación de los tejidos, brocados, joyas, muebles, instrumentos y libros. Por último en los extremos aparecen representadas de cuerpo completo las figuras desnudas de Adán y Eva. Éstas no aparecen integradas en ninguna escena sino dentro de sendos nichos rematados por dos escenas en grisalla que representan a Caín y Abel haciendo ofrendas a Dios, sobre la cabeza de Adán, y el asesinato de Abel en manos de su hermano Caín sobre la de Eva, quien porta una fruta en su mano en alusión al pecado original.


Las seis tablas inferiores, las dos más anchas del centro más las cuatro situadas en los laterales desarrollan el tema que da nombre al retablo: la adoración del cordero místico. En el centro, en el mismo eje que Dios Padre, situado en la parte superior del retablo, aparece el Espíritu Santo que sirve de nexo de unión entre ambos temas, mientras que más abajo, en el centro de la composición se encuentra el cordero sobre un altar y de cuyo costado abierto sale sangre que va a parar a un cáliz. Rodeándolo aparecen ángeles que portan los instrumentos de la Pasión mientras otros portan incensarios. Al fondo,vemos un paisaje formado por arboles frutales y una ciudad a lo lejos. Desde allí provienen  dos comitivas de mártires que portan las palmas que los identifican separados por sexo,  por la izquierda acuden los santos mientras por la derecha vienen las santas, todos dirigiéndose hacia el cordero. Más abajo hay una fuente de la que emana agua, otra metáfora de Cristo ("Fuente de Vida") a cuyo alrededor se disponen grupos de santos, de los que distinguimos a la derecha a los apóstoles y San Pablo cuyos mantos marrón claro los distingue. Junto a ellos acuden grupos de papas, obispos y santos, entre los que distinguimos algunos como a san esteban que lleva las piedras de su martirio.Mientras, el grupo de la derecha está formado por los patriarcas biblicos, anteriores a Cristo, entre los que distinguimos a Noé o Moisés.En las tablas de la derecha santos ermitaños y peregrinos acuden a unirse al grupo que ya adora la Fuente y el cordero. Entre ellos distinguimos en la primera tabla de la derecha a San Antonio Abad y María Magdalena, con el tarro de ungüentos, mientras que en la segunda tabla se distingue por su mayor tamaño a San Cristóbal, patrón de los viajeros y peregrinos. En las dos tablas de la izquierda se repite el mismo esquema, sólo que en éstas los personajes se dirigen a caballo hacia el centro de la tabla. Son los caballeros de Cristo, entre los que se encuentran San Jorge y el rey san Luis de Francia y por último los jueces justos.


La obra que estamos viendo es, sin duda, la más rica y compleja no sólo de la producción de van Eyck sino de toda la pintura flamenca. Toda la tabla responde a un mismo  programa iconográfico relacionado con la Redención del Ser Humano a través del sacrifico de Cristo. Así en las tablas exteriores se muestran, de arriba a abajo, dos profetas del Antiguo testamento y dos sibilas del mundo clásico, que anticiparon con sus visiones la llegada del Mesías. Estas visiones proféticas se hacen realidad en la escena intermedia que muestra la Anunciación de María por el Arcángel San Gabriel. En las tablas inferiores los donantes, quiénes quieren dejar constancia de su mecenazgo a través de sus retratos, oran ante las estatuas de los Santos Juanes, a quiénes estaba dedicada la Catedral de San Bavón en el momento en el que fue encargada la obra. Ambos santos también están relacionados con las profecías que anunciaban la llegada de Cristo pues el Bautista es el último profeta que anuncia su llegada mientras que el Evangelista en su Apocalipsis anuncia la segunda venida de Cristo . 
Por su parte, en las tablas interiores podemos ver como el centro físico y temático de la composición está ocupada por Dios. El  resto de personajes parecen dirigirse a Él creando un efecto centrípeto en la composición. En la tabla central aparece la imagen imponente y majestuosa de Dios Padre. Su presencia impresiona aunque no intimida como ocurriera en el arte románico. Aparece como Todopoderoso al que se someten todos los poderes terrenales. Bajo Él, el Espíritu Santo y el Cordero, imagen metafórica de Cristo, completan la Trinidad. Así mismo la Fuente de la Vida hace alusión a la misión redentora de Cristo; «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; 14 pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.»(Jn 4, 5-42). Flanqueando a Dios Padre aparece la Virgen y San Juan (tema de la Deesis Bizantina) y los ángeles que con sus cantos alaban a Dios. Finalmente en los extremos la figuras realistas de Adán y Eva, primeros padres de la Humanidad, adquieren un aspecto casi de estatuas y en ellas podemos ver el interés por el naturalismo. Sobre las cabezas de los primeros padres sendos relieves hacen mención a sus hijos, Caín y Abel, y al terrible pecado del asesinato de Abel en manos de su hermano, hecho relacionado con la llegada del pecado original simbolizado en la fruta que porta Eva. Este pecado será el motivo que justifique la escena inferior, pues el Cordero, con su sangre redime a la Humanidad del pecado. 
En las tablas inferiores, aparece  un espacio idealizado, de prados y arboles frutales, que bien podrían ser los que permanecían en el recuerdo de Van Eyck de su viaje por la península ibérica entre 1428 y 1429 al servicio del duque Felipe "El Bueno". Se trata de una representación de la Jerusalén Celestial y todos los Bienaventurados acuden a adorar al Cordero y a la Fuente de la Vida .
Por lo que respecta a la técnica podemos observar los cambios e innovaciones que supuso la pintura flamenca. La utilización del óleo permite una gran gama de colores vivos y brillantes entre los que destacan los rojos, azules y verdes. Igualmente vemos el interés de Van Eyck por representar con sumo detallismo la calidades de las telas ya sean terciopelos, sedas, brocados, bordados, pieles o paños; así como de los objetos, muebles, instrumentos musicales e inclusos libros y pergaminos. El interés por el detalle lleva a extremos inauditos hasta entonces como representar los cabellos casi de manera individualizada. Igualmente, observamos el interés por la perspectiva lineal cuyo punto de fuga es ocupado por el cordero, centro geométrico e iconográfico. El gusto por dotar a las figuras del mayor realismo  y de crear la ilusión de realidad lleva al pintor al extremo de simular por ejemplo que el pie izquierdo de Adán sale del nicho en el que se encuentra o representar picotazos e imperfecciones en la piedra de dichos nichos.


Con esta obra maestra de Van Eyck podemos ver cuán lejos ha llegado la pintura gótica en su fase final en la búsqueda del naturalismo situándose en las antípodas de la pintura románica. La construcción de las vidrieras ne las iglesias hicieron que prácticamente  desaparecieran, a excepción de Italia, la pintura mural que sería sustituida por la pintura sobre tabla, que permite su visión más próxima lo que permite al pintor recrease en detalles hasta entonces inimaginables. La nueva técnica al óleo, cuyo secado era más lento y resultados más vivos permitía también logros que con anterioridad  hubieran sido imposibles. Durante el siglo pasado dos de sus tablas fueron robadas pudiéndose recuperar una aunque perdiéndose para siempre la de "los jueces justos" que fue sustituida por una reproducción en la que el pintor introdujo en uno d elos jueces el rostro del rey de Bélgica en aquel momento Leopoldo II.

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