lunes, 7 de noviembre de 2016

LAS VIRGENES DE LA TERNURA...LA VIRGEN DE BELÉN EN GRANADA



En 1615 se fundaba en Granada el convento de los monjes mercedarios descalzos, una colosal obra que con los años llegó a ostentar uno de los patrimonios más altivos de cuantas fundaciones monásticas tuvo la ciudad y que con la Guerra de la Independencia y la desamortización de 1835, quedaría arruinado.Fue el encargo que recibía Alonso de Mena en 1615 el que dará nombre al Convento, al enclave que hoy día persiste y a una de las obras cumbres de su gubia y de la escuela granadina, la primera de cuantas llevaría este nombre. 
La obra debió estar finalizada en 1657 como se refiere en una Súplica de este año dirigida por Alonso Cano al rey Felipe IV, debido a un pleito impuesto por el Cabildo de la Catedral,  indicándole que tiene otra imagen acabada de una Virgen María sentada con su Hijo Jesús desnudo en los brazos que siendo de la misma mano podría adquirirla la Iglesia. Sin embargo, hasta el 3 de abril de 1664 no se da carta de pago por valor de 600 ducados a la entrega de dicho conjunto.
El tema iconográfico de  la Virgen de Belén se encuadraría en las Vírgenes de Ternura. La Virgen de Belén es un ejemplo de esto. Se suele presentar sosteniendo cariñosamente en sus brazos al Niño Jesús envuelto en pañales o desnudo sobre ellos. Este gesto del cuidado y protección hacia el Niño a la hora de colocarle los pañales en sus primeros años de vida, es considerado como el elemento diferenciador de la iconografía de la Virgen de Belén, aunque en ocasiones, como en la imagen escultórica analizada, no figure la representación de tales pañales. Con respecto a su advocación hay que decir que ha variado a lo largo del tiempo. Hasta finales del XIX ha sido denominada como Virgen del Rosario y como Virgen del Patrocinio. Se desconoce cuando pasó a denominarse Virgen de Belén definitivamente aunque ya aparece con este nombre en el primer tercio del siglo XX.
El modelo que expone Alonso Cano en el conjunto escultórico analizado de la Virgen de Belén, se puede observar también en las composiciones pictóricas que hiciera del mismo tema como se puede comprobar en la Virgen sentada con el Niño Jesús en su regazo, realizada entre 1660 y 1667, ubicada en la Curia Eclesiástica de Granada. Este esquema lo repetirá continuamente a lo largo de toda su producción artística, como la Virgen de Belén de la Catedral de Sevilla o la Virgen del Lucero del Museo de Bellas Artes de Granada, inspirada en un grabado de Albero Durero, realizado en 1520.
La policromía, como es típica en esta última etapa de Alonso Cano, se presenta de manera sencilla, de colores matizados que hace resaltar las carnaduras de los cuerpos representados. Se diferencia de los ricos estofados que empleaba en sus policromías de su primera etapa artística. Esto se puede comprobar en la Virgen de la Oliva de la Iglesia de Santa María de Lebrija.


Se le dio tal nombre mediante una votación que se repitió tres veces. Y por tres veces los monjes extrajeron dicha advocación para la Imagen de María que habría de ser titular del Convento. Así nacía Nuestra Señora de Belén que en el siglo XVIII llegó a protagonizar peregrinaciones como la del 8 de diciembre de 1755 rogándole por el cese de los terremotos (con epicentro en Lisboa) que tan dañinos estaban resultando. Se había valorado la hechura en 150 ducados, pero quedaron tan contentos con la labor de Alonso de Mena, que le premiaron con otros 50 más. La Virgen se sienta sobre una jamuga sosteniendo al Niño en su rodillas, siendo Éste tan rotundo, tan sensible, tan poderoso a la hora de concentrar la atención del espectador que simplemente subyuga. Mientras, la Virgen lo tapa con los pañales en un gesto dulce e íntimo que causaría especial devoción en aquella Granada barroca. Es deliciosa la mano derecha del Niño, sobre el brazo de su Madre; su pie se apoya en el cuerpo, mientras que María no deja de mirar al espectador pero dentro de un ambiente protector. Hoy en San Cecilio, es inevitable empezar con tan buena obra de arte para acordarnos del tema de Belén en la escuela escultórica granadina. 

A esta sigue la que se conserva en el Museo de la Catedral de Granada,de Alonso Cano y que tuvo que hacerla para sustituir a su famosísima Inmaculada, posiblemente la mejor pieza de formato pequeño que ha dado todo el Barroco español. Cuando entregó en 1656 tal genialidad que coronaría el facistol del Coro de la Catedral, los canónigos la extrajeron del sitio y la condujeron a la Sacristía, donde hoy día sigue vigilando la ceremonia litúrgica de los oficiantes catedralicios. Entonces Cano talla esta otra en 1664, a dos años de su muerte. Mide 46 centímetros y todo en Ella es suavidad y armonía, aunque podíamos resumirla diciendo solamente: es una obra de Alonso Cano. ¡Y ya está todo dicho! Como curiosidad, hasta el siglo XIX no se le llamó de Belén, siendo conocida hasta entonces como Virgen del Rosario. 

También en el Museo catedralicio se custodia una Virgen de Belén que con permiso de Cano, la hizo el más dotado de los escultores de nuestra escuela: Pedro de Mena. De bulto redondo y de 40 centímetros, recibió culto en San Bartolomé, hasta que en 1965 pasó a la Catedral, toda vez que la vieja Parroquia Albaicinera fue cerrada. Se data hacia 1680 y la blandura y elegancia del desnudo del Niño revela la calidad de su autor. 

El Museo Provincial de Bellas Artes de Granada se hizo con no pocos bienes del Convento del Santo Ángel. Es una obra de otro de nuestros genios escultóricos, José Risueño. De 50 centímetros, el creador de la Virgen de la Esperanza demostró que conocía la pintura flamenca de los Van Dyck, la amabilidad del trabajo de los escultores italianos del cuatrocento y que era era el mejor barrista que antes nunca tuvo Andalucía. 

En el inconmensurable Monasterio de San Jerónimo tenemos la siguiente Virgen de Belén, procedente del extinto Monasterio de Santa Paula, de tamaño natural, sentada y con un dinámico y resuelto Niño en sus rodillas al que mira con afecto maternal. Muy novedosa, es de principios del siglo XVIII y se debe nada menos que a José de Mora, el más espiritual de cuantos imagineros tuvo el barroco español. Su extraordinaria policromía y su riquísima vestimenta deja claro el gusto artificioso del autor. Además, era procesionada en la Nochebuena por las monjas de su Convento, tradición que a muchos nos encantaría ver repetida y desde donde animo a la Hermandad de la Soledad a encabezarla. 

La escuela dejaría magníficos ejemplos en Córdoba, la Catedral de Málaga, en Priego de Córdoba, en Purchil y otros lares donde fue fecunda la labor de los artistas granadinos. Pero este tema iconográfico nació en Granada de la mano de Diego de Siloe hacia 1540 y desde entonces, se cultivó con fortaleza y gran capacidad por un buen número de autores, tanto en escultura como pintura. Por eso, en la foto de arriba, traigo el sublime ejemplo de este cuadro de Alonso Cano de 1646 que conserva nuestra Catedral. 
La Virgen, tal día como hoy, debía estar en estos menesteres íntimos, domésticos, maternales y desde luego, tiernos. Nuestro arte lo supo reflejar extraordinariamente y aquí lo traigo yo...

http://www.iaph.es/web/canales/conservacion-y-restauracion/catalogo-de-obras-restauradas/contenido/virgen_alonso_cano.html
http://www.historicalsoundscapes.com/recursos/1/6/virgen-belen.jpg
http://laalacenadelasideas.blogspot.com.es/2011/12/la-virgen-de-belen-en-granada.html
http://verge.phs.es/andalucia/an715.htm


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