miércoles, 4 de enero de 2017

LA ROSA DE ORO


La Rosa de Oro es un ornamento bendecido anualmente por el Papa y concedido a iglesias y santuarios, personalidades católicas prominentes de la realeza, los gobiernos y el estamento militar. Fue creada por León IX en 1049.
Como su nombre indica, consiste en un rosal de oro con flores, botones y hojas, colocado en un vaso de plata renacentista en un estuche con el escudo papal. El valor de la Rosa varía en función de la munificencia de los pontífices o de las circunstancias económicas de los tiempos.

La rosa es bendecida el cuarto Domingo de Cuaresma, el "Dominica Laetare" (por lo que es también conocido como Domingo de la Rosa), cuando las vestiduras y las cortinas color rosa son sustituidas por el púrpura penitencial, simbolizando esperanza y alegría en medio de la solemnidad cuaresmal. A través de la mayor parte de la Cuaresma, los católicos rezan, ayunan, hacen penitencia y meditan sobre la malicia del pecado y el castigo terrible que concita; el Domingo de la Rosa es una oportunidad de ver más allá de la muerte de Cristo en el Calvario y ver al Redentor, resucitado en los primeros rayos del sol de Pascua y regocijarse. Las brillantes flores doradas muestran el reflejo de la majestad de Cristo, apropiado porque los profetas lo llamaban “la flor del campo y el lirio de los valles”. Su fragancia, de acuerdo al Papa León XIII, “muestra el dulce olor de Cristo, el cual debería ser ampliamente difundido por sus seguidores”, y las espinas y el tinte rojo refieren a Su Pasión.
Muchos sermones y diplomas papales, cuando la confieren, han explicado el significado místico de la rosa. Inocencio III dijo : "Como el Laetare, el día escogido para la función, representa el amor después del odio, la alegría después de la tristeza, la saciedad después del hambre, lo mismo hace la rosa, designada por su color, olor y sabor, el amor , la alegría y la saciedad, respectivamente. " Y comparada la rosa a la flor referida en Isaías 11:01: " Saldrá una vara del tronco de Jesé, y una flor se levantará de su raíz".

Antes del pontificado de Sixto IV (1471-1484) la Rosa de Oro consistió en una flor simple y única hecha de oro puro y ligeramente teñida de rojo. Más tarde, para embellecer el ornamento pero manteniendo el simbolismo místico, el oro se dejó de teñir pero se colocaron rubíes y después varias gemas diferentes en el corazón de la rosa o sobre sus pétalos.
Sixto IV sustituyó la rosa simple por una rama con espinas, hojas y varias (diez o más) rosas, la mayor de las cuales surgía de la parte superior de la rama con las rosas más pequeñas agrupadas alrededor. En el centro de la rosa principal había una taza pequeña con una tapa perforada, en la que el Papa vertía almizcle y sándalo para bendecir la flor. El ornamento todo era de oro puro.
Este diseño “Sixtino” se mantuvo, pero varió en cuanto a decoración, tamaño, peso y valor. Originalmente tenía poco más de seis pulgadas de altura y era llevada fácilmente en la mano izquierda del Papa mientras bendecía a la multitud con su mano derecha, cuando pasaba en procesión desde la iglesia de Santa Croce in Gerusalemme (en Roma) al Palacio de Letrán. Posteriormente, especialmente cuando un vaso y un gran pedestal pasaron a formar parte del ornamento, un robusto clérigo estaba obligado a llevarlo, precediendo la cruz papal en la procesión. La rosa enviada a Wilhelmina Amalia de Brunswick, esposa del Emperador José I de Habsburgo, por Inocencio XI, pesaba veinte libras y tenía casi dieciocho pulgadas de alto. Tenía forma de ramo, con tres ramas dobladas que se reunían después de muchas vueltas en la parte superior del tallo, soportando una rosa grande y un racimo de hojas.


El jarrón y el pedestal de apoyo han variado en cuanto a material, peso y forma. En un principio eran de oro puro, pero después fueron de plata muy dorada con oro. El pedestal puede ser triangular, cuadrangular u octogonal, y está ricamente adornado con decoraciones y bajorrelieves. Además de la inscripción de costumbre, el escudo de armas del Papa que había confeccionado el ornamento y quien la bendijo y confirió, están grabados en el pedestal.
La costumbre de dar la rosa suplantó a la antigua práctica de enviar a los gobernantes católicos Llaves de Oro del Confesional de San Pedro, una costumbre introducida en el siglo VIII. Una cierta analogía existe entre la rosa y las llaves: las dos son de oro puro bendecido y concedido por el Papa a los católicos ilustres y, también, ambas tienen reminiscencia de un relicario -la rosa contiene almizcle y bálsamo, las llaves son limaduras de la Silla de San Pedro-.
La fecha exacta de la institución de la rosa es desconocida. Según algunos es anterior a Carlomagno (742-814), según otros, tuvo su origen a finales del siglo XII, pero ciertamente es anterior al año 1050, desde que León IX (1051) habla de la rosa como de una institución antigua en su época.
La costumbre, comenzada cuando los papas se trasladaron a Aviñón, de conferir la rosa al príncipe más meritorio de la corte papal, continuó después que el papado regresó a Roma. El príncipe recibiría la rosa de manos del Papa en una solemne ceremonia y acompañado por el Colegio de los Cardenales desde el palacio papal a su residencia. Desde el comienzo del siglo XVII, la rosa era enviada sólo a reinas, princesas y nobles eminentes. Emperadores, reyes y príncipes recibían una espada como un regalo más adecuado. Sin embargo, si un digno emperador católico, rey u otro gran príncipe estaba presente en Roma el Domingo Laetare, sería obsequiado con la rosa.
La tarea de llevar y conferir la rosa a aquellos que vivían fuera de Roma era dado por el Papa a los cardenales legados a latere, nuncios y delegados apostólicos. En 1895 fue instituido un nuevo oficio, llamado "Portador de la Rosa de Oro" o "Guardián de la Rosa de Oro", destinado llevar el ornamento a miembros de Casas Reales (cargo no hereditario) y se asignó a un Camarero secreto de capa y espada participante, un rango dentro de la Casa Pontificia que hoy ha dejado de existir.
El enviado papal portador de la Rosa de Oro era recibido con gran ceremonia a su llegada al lugar donde se encontraba el destinatario. En España era un Grande el que, comisionado por el Rey, recibía al enviado pontificio para recoger la distinción y llevarla a la iglesia donde se debía verificar su recepción solemne. En el día indicado, el propio representante papal, si tenía el orden episcopal, celebraba misa pontifical. Antes de dar la bendición final, se sentaba en medio del altar, estando frente a él la persona destinataria de la Rosa. El notario real debía entonces leer la bula papal de concesión y las indulgencias otorgadas en la ocasión. Se levantaba entonces el prelado y tomaba aquélla en sus manos para entregarla a dicha persona –que la recibía de rodillas– con estas palabras: “Accipe Rosam de manibus nostris quam de speciale commissione Sanctissimi Domini Nostri NN (nombre del Papa) conferimus tibi ”. Dada la bendición, la Rosa de Oro era llevada con gran acompañamiento por la persona distinguida por ella o por su capellán al oratorio donde se iba a colocar permanentemente.

Las primeras rosas no fueron bendecidas; la bendición fue introducida para dar más solemnidad a la ceremonia más e inducir una mayor reverencia hacia ella por parte del destinatario. Unos dicen que el Papa Inocencio IV (1245-1254) fue el primero en bendecirla. Otros afirman que los primeros fueron Inocencio III (1198-1216), Alejandro III (1159-1181) o León IX (1049-1055). Se dice que León IX, en 1051, obligó al monasterio de monjas de Bamberg, en Franconia, que presentara una Rosa de Oro para ser bendecida y transportada cada año en el Domingo Laetare. Benedicto XIV da fe que la ceremonia de bendición se originó a finales del siglo XIV o principios del XV. Catalanus, maestro de ceremonias papal, cree que incluso las primeras rosas eran ungidas con almizcle y bálsamo, pero la bendición con plegarias, incienso y agua bendita tuvo su inicio más tarde, poco antes del pontificado del Papa Julio II (1503-1513). En la actualidad, el Papa bendice la rosa cada año, pero no siempre es una rosa nueva y diferente; la vieja se utiliza hasta que se haya regalado.
Originalmente (antes que el papado se trasladara a Aviñón) la rosa era bendecida en el Salón de Vestimentas (sacristía) en el palacio donde el Papa estuviera, pero la solemne Misa y la donación de la rosa se llevaba a cabo en Santa Croce in Gerusalemme (una figura, de acuerdo al Papa Inocencio III, de la Jerusalén celestial). La bendición era seguida de una solemne misa cantada, ya sea por el propio Papa o el primer Cardenal Sacerdote. En el primer caso, la rosa era colocada sobre un velo de seda de color de rosa ricamente bordado en oro; en el segundo el Papa sostenía la rosa en la mano, excepto mientras estuviera de rodillas, o durante el Introito, Confiteor, Elevación y el canto delLaudemus in Domino.
Rosa en mano, el Papa regresaba en procesión hasta el Palacio de Letrán, el prefecto de Roma llevaba su caballo por la brida y le ayudaba a desmontar. A su llegada, le daba la rosa al Prefecto, como recompensa por estos actos de respeto y homenaje. Antes de 1305, la rosa no se daba en Roma a ningún extranjero, salvo el emperador en el día de su coronación. Durante su residencia en Aviñón (1305-1375), los Papas, imposibilitados de visitar las iglesias y basílicas romanas, realizaban muchas de sus funciones sagradas, entre ellos la bendición de la rosa, en la capilla privada de su palacio (de ahí el origen de la Cappella Pontificia). A su regreso a Roma (con excepción de Sixto V), retuvieron esta costumbre.
La bendición de la rosa ahora tiene lugar en el Salón de Vestimentas (Camera dei parimenti) y la Misa solemne en la capilla papal. La rosa es colocada sobre una mesa iluminada con velas y el Papa, vestido con alba y estola, capa y mitra, comienza la ceremonia con la oración ritual. Luego pone incienso (sostenido por el cardenal-diácono) en el incensario e inciensa el bálsamo y luego el almizcle. Luego espolvorea el almizcle dentro de la taza pequeña en el corazón de la rosa principal. Entonces inciensa la rosa y la rocía con agua bendita. Se la entrega entonces al clérigo más joven de la Cámara, quien la carga delante del Papa hasta la capilla, donde se la coloca sobre el altar al pie de la cruz sobre un velo de seda ricamente bordado. Allí permanece durante la misa cantada por el primer cardenal-sacerdote.

Acabada la misa, y hecha oración ante el altar por el Pontífice, recibe la Rosa como antes y la lleva a su cámara. Si aquel a quien quiere darla está presente, se le hace llegar a sus pies; y estando de rodillas le da el Pontífice la Rosa diciendo: “Recibe la Rosa de nuestras manos, que aunque sin méritos, tenemos en la tierra el lugar de Dios. Por ella se designa el gozo de una y otra Jerusalén; es a saber, de la Iglesia triunfante y militante, por la cual a todos los fieles de Cristo se manifiesta aquella flor hermosísima que es gozo y corona de todos los Santos. Recibe ésta tú, hijo amadísimo, que eres noble según el siglo, poderoso y dotado de gran valor, para que más y más te ennoblezcas en Cristo Nuestro Señor con todo género de virtudes, como rosas plantadas junto al río de aguas abundantes, cuya gracia, por un acto de su infinita clemencia, se digne concederte el que es Trino y Uno por lo siglos de los siglos. Amén. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
Si no hay destinatario previsto para ese momento, la Rosa es llevada en procesión ante el Papa a la sacristía, donde es cuidadosamente guardada en un lugar especial para ella, hasta ser concedida a un personaje digno.


Entre las principales iglesias a las que la rosa ha sido presentada son la Basílica de San Pedro (cinco rosas), la Basílica de San Juan de Letrán (cuatro rosas - según algunos, dos de ellas fueron entregadas a la propia basílica y dos a la capilla llamada Sancta Sanctorum), la Basílica de Santa María la Mayor (dos rosas), el Santuario de Nuestra Señora de Fátima (dos rosas), Santa Maria sopra Minerva (una rosa) y San Antonio dei Portoghesi (una rosa).
En la segunda mitad del siglo XX, las concesiones de la Rosa de Oro fueron muy raras y en todos los casos fueron conferidas a lugares religiosos, sobre todo santuarios. El Papa Pablo VI, por ejemplo, hizo solo cinco concesiones de la Rosa de Oro durante su pontificado, que duró desde 1963 hasta 1978, y ninguna de ellas fue a personas, sí a lugares de devoción. El Papa Juan Pablo II hizo ocho entregas de la Rosa de Oro, cada una a un santuario diferente, durante sus 27 años de pontificado. Por lo tanto, la atribución de la Rosa de Oro puede ser considerada un gran privilegio.
El Papa Benedicto XVI ha entregado las siguientes Rosas de Oro: Nuestra Señora de Jasna Gora, Częstochowa, Polonia (2006) Nuestra Señora de Aparecida, Brasil (2007) Basílica de Mariazell, Austria (2007) Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, Estados Unidos (2008) Nuestra Señora de Bonaria, Cagliari, Italia (2008) Nuestra Señora de Pompeya, Campania, Italia (2008) Nuestra Señora de Europa, Gibraltar (2009) Virgen de la Cabeza, Jaén, España (2009) Nuestra Señora de Ta 'Pinu (2010), Nuestra Señora de Fátima (2010) Nuestra Señora del Socorro de Valencia, Venezuela, en 2010. Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Cuba,en 2012.
El Papa Francisco en 2013 entregó la Rosa de Oro a Nuestra Señora de Guadalupe, México.
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