sábado, 7 de abril de 2018

CARAVAGGIO Y MEDUSA


"Esa fiera Gorgona, y cruel a la que horriblemente colúmenes viperinos dan escuálida pompa, y espantosa tiene la crin". Estos versos le fueron inspirados al poeta italiano Giovanni Battista Marino en 1613 por el terrible retrato que Caravaggio hizo de la mítica Gorgona o Medusa. Según la mitología clásica, Medusa era un monstruo con cuerpo femenino y cabellera compuesta por serpientes venenosas. Su mirada petrificaba a los que osaban acercarse a ella. El héroe Perseo se enfrentó a ella, utilizando el reflejo de su escudo para localizarla sin mirarla. La decapitó y empleó su cabeza petrificadora como escudo, al tiempo que de la sangre del monstruo nacía Pegaso, el caballo alado. Esta explicación mitológica nos conduce al tema iconográfico de la cabeza de Medusa, frecuentemente empleada para adornar escudos. Y esto es lo que constituye el cuadro de Caravaggio, que no es sino una rodela, un tipo de escudo circular, empleado para torneos. Esta rodela no fue nunca empleada en batalla, sino que funcionaba como un emblema para el cliente que la encargó. Caravaggio recurre nuevamente a un rostro distorsionado por el dramatismo, con el cuello chorreante de sangre y las serpientes erizadas alrededor de un rostro que, como la poesía del inicio nos mostraba, todavía petrificaba la sensibilidad de aquéllos que se acercaban a contemplar la obra.

La mirada monstruosa de la Medusa convertía a los hombres en piedra : ¿ qué mejor auxilio para enfrentarse al enemigo que la representación de una cabeza de Medusa sobre un escudo de combate ?. Lo que tal vez confería un valor tan especial a esta obra como para ser regalada en 1598 por el cardenal Del Monte al gran duque Fernando I de Médicis , para el cual desempeñaba la función del embajador de Roma , pudo ser el realismo de la cabeza cortada gritando que hace pensar en las máscaras clásicas , además del hecho de que el autor de la obra estaba conquistando con gran celeridad una gran atención cada vez mayor en la ciudad papal.
Gracias a un perfecto expediente ilusionista basado en el sagaz uso de la luz , la sombra y el contraluz , Caravaggio transforma la convexidad del escudo en aparente concavidad adecuada para contener la cabeza . La vivacidad y el patetismo son acentuados por el movimiento desordenado y ondulatorio de las serpientes, que hace de marco a la expresión extrema de la mirada , fija en un punto. La experimentación en materia de expresiones extremas nos remite a investigaciones similares realizadas sobre la base de una transposición cientifica del natural que tenía Leonardo, el precedente más autorizado. A este respecto merece la pena recordar que, precisamente la colección del gran duque de Toscana , un visitante del siglo XVI recordaba una Medusa pintada por el mismo Leonardo.

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