viernes, 11 de mayo de 2018

EL PARTENON,EL GRAN TEMPLO GRIEGO Y SU ARQUITECTURA




El Partenón es un templo en la Acrópolis de Atenas , Grecia, dedicado a la diosa virgen Atenea, a quien el pueblo de Atenas consideraba su deidad patrona. Su construcción comenzó en 447 a.C. cuando el Imperio ateniense estaba en el apogeo de su poder. Se completó en 438 aC, aunque la decoración del edificio continuó hasta 432 aC Es el edificio sobreviviente más importante de la Grecia clásica , considerado generalmente como la culminación del desarrollo del orden dórico. Sus esculturas decorativas se consideran algunos de los puntos culminantes del arte griego. El Partenón es considerado como un símbolo perdurable de la antigua Grecia, la democracia ateniense, la civilización occidental y uno de los mayores monumentos culturales del mundo. 
El Partenón mismo reemplazó un templo más antiguo de Atenea, que los historiadores llaman Partenón anterior o Partenón antiguo., que fue destruido en la invasión persa del 480 aC El templo está arqueoastronómicamente alineado con las Híades. Como la mayoría de los templos griegos, el Partenón se usó como un tesoro. Durante un tiempo, también sirvió como el tesoro de la Liga de Delos, que más tarde se convirtió en el Imperio ateniense. En el siglo V d.C, el Partenón se convirtió en una iglesia cristiana dedicada a la Virgen María. Después de la conquista otomana, se convirtió en una mezquita a principios de la década de 1460. El 26 de septiembre de 1687, un bombardeo veneciano encendió un depósito de munición otomano dentro del edificio. La explosión resultante dañó severamente el Partenón y sus esculturas. En 1806, Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin retiró algunas de las esculturas supervivientes, con el permiso del Imperio Otomano. Estas esculturas, ahora conocidas como Elgin Marbles o el Parthenon Marbles , se vendieron en 1816 al Museo Británico en Londres, donde ahora se muestran. 
Desde cualquier rincón de Atenas se divisa la silueta blanca del Partenón sobre la rocosa colina de la Acrópolis. Incluso desde el puerto del Pireo se puede ver el templo en lo alto, dominando el panorama de la ciudad. Pero cuando uno se acerca, advierte lo muy dañado que está el espléndido edificio que en su día albergó la gran estatua de la diosa Atenea, el templo que fue el símbolo y orgulloso emblema de la ciudad de Pericles, en los tiempos de mayor gloria de la democracia ateniense. El Partenón perdió gran parte de sus columnas y todo su techo, y de su magnífica decoración y sus relieves escultóricos casi nada queda. Sus ruinas revelan una larga y azarosa historia. Aun así sigue impresionando al visitante, por mucho que antes lo haya visto reproducido en mil ocasiones.



El Partenón se erigió entre 442 y 432 a.C., dentro del programa de reconstrucción impulsado por Pericles en la Acrópolis. La ciudadela había sido arrasada en 480 a.C.  por los persas, que pegaron fuego a sus muros y destruyeron el antiguo Partenón, pero Pericles decidió reconstruirla con un nuevo esplendor que expresara el poderío de Atenas. Ese plan incluía la construcción de la gran escalinata de los Propileos, el vecino templo de Erecteo, el templete dedicado a la Victoria y el espectacular Partenón, en honor de la diosa patrona y protectora de la polis, Atenea Virgen (Parthénos). Los arquitectos Ictino y Calícrates habían construido un templo sin par, y Fidias, el gran escultor y amigo de Pericles, revisó con ejemplar maestría el genial proyecto.



Durante los siglos siguientes, las diversas crisis y la decadencia política de Atenas fueron despojando a su Acrópolis de sus múltiples riquezas y de grandiosos monumentos. Sometida al dominio romano, algunos ilustres visitantes lograron adquirir allí famosas estatuas. A la destrucción contribuyó además un enorme incendio que tuvo lugar en el
siglo III d.C. Pero, sin duda, lo que más afectó a la conservación de los templos de la Acrópolis fue la llegada triunfal del cristianismo. A finales del siglo IV, el emperador Teodosio prohibió el culto a los dioses «paganos» y como consecuencia, la morada de la diosa Atenea –cuya estatua revestida de oro y marfil, esculpida por el genial Fidias, ya había desaparecido– fue reutilizada y consagrada como iglesia de la Virgen María.
A fines del siglo XII, cuando Atenas era ya tan sólo una pequeña ciudad de provincias, el arzobispo Miguel Coniata podía felicitar a sus fieles por acudir a adorar allí, en el espléndido templo de Nuestra Señora de Atenas, ya no a la falsa virgen Atenea, madre de Erictonio, sino a la Virgen María, madre del Salvador. La estructura del edificio no cambió mucho, pero la nueva sensibilidad religiosa introdujo algunos cambios en el interior y en las fachadas: se construyó un altar con baldaquino, se levantó un muro que cerraba los espacios laterales entre las columnas, se cambió la orientación de la entrada y se añadió una torre junto a la puerta. La decoración interior se enriqueció con brillantes mosaicos y en torno al altar se construyó un pequeño ábside, cerrando así la entrada oriental del antiguo Partenón.
Durante más de dos siglos, entre 1204 y 1456, la Acrópolis de Atenas estuvo en poder de distintos invasores procedentes de Europa occidental, desde francos a catalanes, para acabar en manos de una familia de banqueros florentinos, los Acciaiuoli. El Partenón dejó de ser una iglesia bizantina para convertirse en una catedral católica, y en su extremo sudoccidental se erigió una torre a modo de campanario. En ese tiempo llegaron a la ciudad algunos viajeros que nos dejaron descripciones del antiguo monumento. Un tal Niccolò de Martoni estuvo en Atenas en 1395 y escribió sobre ella en su Libro del peregrino. Más tarde, Ciríaco de Ancona la visitó dos veces, en 1436 y en 1444, y dejó noticias y algunos dibujos muy interesantes sobre el edificio.



Tan sólo unos años después, en 1456, la ciudad fue tomada por los turcos. El sultán Mehmed II, conquistador de Constantinopla y soberano de un imperio que comprendía ya toda Grecia, visitó Atenas y expresó su admiración por la Acrópolis y su antiguo esplendor. Allí estableció una fuerte guarnición y convirtió la iglesia de Nuestra Señora, es decir, el antiguo templo de Atenea, en una brillante mezquita. La torre edificada para campanario por los cristianos quedó convertida en minarete para la plegaria del muecín, las pinturas y los mosaicos que decoraban el interior de la iglesia fueron blanqueados y el altar fue sustituido por el oportuno mimbar. Peor le fue al vecino Erecteion, que los cristianos usaban como iglesia, donde los turcos instalaron un notorio harén. La Acrópolis quedó cerrada durante siglos a los visitantes extranjeros, aunque algunos lograron contemplarla sobornando a los guardias turcos. Así lo hicieron dos famosos pioneros del turismo europeo en Grecia, Jacob Spon y George Wheeler, quienes en 1675 calificaron lo que quedaba del Partenón como «la más elegante mezquita del mundo».
Las crecientes hostilidades entre los turcos y los venecianos fueron la causa decisiva de la catástrofe del Partenón, en 1687. Los venecianos, adelantados en la lucha de la Santa Liga contra el Imperio otomano, asediaron con su flota la ciudad. Los turcos convirtieron el Partenón en el almacén de pólvora y armas, confiando que un lugar tan famoso quedaría a salvo del cañoneo de las fuerzas cristianas. Allí refugiaron también a mujeres y niños. El general veneciano, el sueco conde Koenigsmark, lo bombardeó sin piedad y una gran explosión arruinó el venerable edificio. El techo entero saltó por los aires y el centro quedó reducido a escombros, incluyendo unas treinta columnas. Quedaron en pie, aunque maltrechos, los dos extremos con sus frontones, separados por un gran hueco. El jefe de la armada veneciana, el ilustre Morosini, quiso llevarse a Venecia las estatuas centrales del frontón oeste, pero no lo logró. Ese despojo llegaría más de un siglo después, de manos de lord Elgin.
La gran explosión convirtió al Partenón en una triste ruina, mucho mayor de lo que ahora vemos, ya que la línea de columnas actual es el resultado de la reconstrucción de comienzos del siglo XX. Los venecianos abandonaron Atenas tras unos meses, porque su defensa les resultaba una carga y la ciudad era muy insalubre. De modo que los turcos volvieron a instalar una guarnición allí y construyeron en la Acrópolis, dentro del derruido Partenón, una pequeña mezquita. De los quebrados mármoles del Partenón se aprovecharon no pocas construcciones vecinas, y algunos turistas ilustrados se llevaron fragmentos del friso y pequeñas piezas de escultura. Por ejemplo, un gran coleccionista de antigüedades griegas, el embajador francés, el conde de Choiseul-Gouffier, logró hacerse con una magnífica metopa y un trozo de friso (ahora en el Museo del Louvre). Las ruinas del templo de Atenea quedaron expuestas al deterioro y al pillaje durante muchos decenios.



Y entonces llegó lord Elgin, quien entre 1801 y 1811, a través de sus agentes, despojó al Partenon de sus partes semidestruidas,así como de las espléndidas estatuas sobrevivientes del frontón oriental, el único que se ha conservado. Su espléndido botín se puede ver en la sala del Museo Británico dedicada al Partenón. Su actuación fue, y sigue siendo, objeto de enconadas discusiones, ya que privó a Atenas de un incomparable tesoro artístico, pero, por otro lado, puso a salvo esos restos del arte clásico transportándolos a Londres.
Desde su independencia en 1831, Grecia ha cuidado con especial esmero de la Acrópolis, eliminando todo lo que no era antiguo y tratando de recobrar el primitivo esplendor de antigua nobleza del conjunto. A comienzos del siglo XX se recompuso la silueta del Partenón, volviendo a erigirse muchas de las columnas truncadas y caídas, al tiempo que se recogieron y expusieron todos los fragmentos y reliquias del recinto en un museo. El nuevo Museo de la Acrópolis, inaugurado en 2009, es la coronación de un admirable empeño. Grecia aún mantiene la reclamación al Gobierno británico de los mármoles que se llevó lord Elgin. Y en ese nuevo museo hay una sala esperándolos, dispuesta para albergarlos cuando regresen. 




Arquitectonicamente,es todo de mármol, desde las tejas a las columnas. A lo largo de todos los lados del tejado corría un goterón o caño, para recoger el agua de la lluvia descargada por gárgolas con forma de cabeza de león. El tejado era de madera, cubierto por hiladas de tejas, también ellas, como todo el edificio, de mármol pentélico. Normalmente, las tejas eran de barro cocido, pero el Partenón es el único templo griego íntegramente construido en mármol.
El Partenón se construyó en su totalidad con el mármol pentélico blanco, de las célebres canteras del monte Pentelikon, que está a 13 km al noreste de Atenas. Se ha estimado en 22 000 toneladas la cantidad de piedra empleada,segun los investigadores.
Las dimensiones le convierten en el templo mas grande del universo griego realizado en estilo dórico.  Hasta ese momento, ninguna ciudad griega se había atrevido a realizar un gasto tan gravoso para sus arcas.
Los diferentes bloques, una vez cortados en la cantera y colocados en su lugar, eran ligados entre si no con argamasa, sino con grapas metálicas, colocadas en agujeros prefabricados, que después eran rellenados con plomo fundido.
Las diferentes inclinaciones de los planos, usadas como artificio de corrección óptica, hacían que los bloques no fuesen nunca perfectamente cúbicos, sino sustancialmente trapezoidales. Esto posteriormente complicaba la construcción, porque cada pieza exigía una colocación absolutamente precisa.


Los bloques de mármol se cortaban al tamaño requerido en la propia cantera, dejando unas pequeñas espigas o protuberancias en los costados para facilitar su manipulación.
Eran transportados en carretas de bueyes o trineos, o bien los arrastraban gracias a un armazón de madera y unos discos encajados a ambos lados.Tal vez ésta fuera la única forma de subir los bloques de mayor tamaño por la empinada cuesta de la Acrópolis.



El examen de estos bloques de piedra ha revelado las diversas técnicas empleadas para levantarlos y colocarlos en su sitio. La más común era asegurar una cuerda alrededor de la espigas salientes.
Dichas espigas pueden verse todavía en la esquina sudeste de los Propíleos donde, en su precipitación  para completar el edificio, los trabajadores olvidaron quitarlas.
También es posible ver muchos agujeros y hendiduras en los sillares del Partenón, que sirven para elevarlos y apalancarlos hasta acomodarlos en su sitio.

No se conservan representaciones de las grúas que utilizaban los griegos en aquel tiempo, pero sabe­mos por el filósofo del siglo IV Aristóteles que en su epoca ya se empleaban tanto la polea como el torno. De hecho, su descripción hace pen­sar en sisternas de poleas de cierta complejidad. 
Sin embargo, otras fuentes insisten en que fue Ar­químedes quien invento la polea combinada. El ingeniero y arquitecto romano Vitruvio describe un tipo de grua utilizada para la construcción de edificios públicos, que tal vez ya se usara en el siglo V. 
Dicha grúa constaba de un largo brazo formado por dos maderos unidos por el extremo superior con una abrazadera y separados por la base sostenido por tirantes de cuerda ajustables. 
En el extremo superior se fija­ban dos poleas, las que colgaba una tercera. 
La fuerza la suministraba un torno sujeto a la parte posterior del armazón. La grua representada en la figura anterior, se ha agre­gado una base de apoyo. Los tirantes de cuerda con poleas, asi como cierta capacidad de giro en la base, permitirian colocar en su sitio bloques de piedra muy pesados.


La ornamentación y el proyecto global del Parte­nón estaban a cargo del gran escultor Fidias, pero tambien se empleo a tres arquitectos, de los que el jefe era Ictino. 
Es un templo dorico tradicional lle­vado al más alto grado de sofisticación. 
Se apro­vecharon los cimientos de un templo anterior (el llamado Partenón de Cimon, destruido por los per­sas), para el que previamente se hacia terraplena­do la falda meridional de la Acropolis, muy escar­pada.
El basamento del templo (estilobato), estaba construido a la manera habitual griega, con tres escalones corridos a lo largo de todo su perímetro. Fue erigido en el borde meridional de la plataforma para que se pudiera contemplar desde el sur, descollando sobre los muros de la Acropolis,proyectado con minucio­sas correcciones ópticas, conocidas tecnicamente como "refinamientos".


Una plataforma larga, per­fectamente plana, produce el efecto óptico de estar hundida por la mitad. Para compensar esta ilusión, el estilóbato se proyectó abombado: se elevaba hasta 11 cm en la parte central de los lar­gos laterales, y 6 cm en las fachadas delantera y posterior. 
Haciendo gala de mayor sutileza aún, el extremo oeste esta unos 44 cm más alto que el este, y la esquina noroeste es 17 cm mas alta que la sudoeste. 
Algunos observadores opinan que estas alteraciones se deben a errores de ejecución o a hundimientos del terreno; pero la éntasis (abombamiento del fuste) de ]as columnas, o el mayor grosor de ]as situadas en las esquinas, no dejan lugar a dudas en cuanto a que tales diferen­cias eran deliberadas.


El templo se construyó de fuera adentro. 
La co­lumnata exterior constaba de 46 columnas dóri­cas.Cada columna estaba for­mada por 11 tambores. Con objeto de que las pie­dras encajaran limpiamente, las superficies de contacto se dejaban ligeramente cóncavas para producir un efecto de vacío (técnica Ilamada anathyrosis). 
Como el estilóbato no era plano, había que hacer minuciosos ajustes  para que ]as columnas se mantuvieran en pie. 
Para hacerse una idea, la diferencia de altura entre la parte mas corta y la más larga de un tambor podia ser de tan sólo un milimetro. 
Con objeto de compensar errores vi­suales, las columnas ni eran rectas ni necesa­riamente verticales; a cosa de un tercio de su altura el fuste se abombaba unos 2 cm, y las de las esquinas eran un 2,5% mas anchas que el resto, ademas de inclinarse hacia dentro. 
Estas columnas de ángulo eran las unicas que se recortaban contra el cielo; este hecho pro­duce un "adelgazamiento" visual que compensa­ban de este modo. 
Son muy interesantes las características de las técnicas constructivas empleadas para el desarrollo del Partenón, cómo a partir de la proporción y la simetría, puede crearse algo tan perfecto y bello como es esta gran obra...
Tales refinamientos requerían, evidentemente, grander dosis de trabajo e in­genio.
Son muy interesantes las características de las técnicas constructivas empleadas para el desarrollo del Partenón, cómo a partir de la proporción y la simetría, puede crearse algo tan perfecto y bello como es esta gran obra...

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