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sábado, 1 de junio de 2019

MESA DE DON RODRIGO CALDERON

Óvalo central en alabastro  rodeado por un cuádruple collar sobre fondo de mármol negro, en el que se disponen elementos abstractos y pájaros. El resto del rectángulo, sobre fondo negro, tiene a cada lado una coraza, cañones y otras armas, así como dos turcos con las manos atadas. La cenefa incluye panoplias, cartelas y escudos y un borde con lengüetas policromas. Los mármoles utilizados son alabastros de dos tipos: a tartaruga para el óvalo central y los cuatro escudos angulares, cotognino para las piernas, brazos y caras de los turcos y la parte central de las cuatro cartelas de los lados del largo de la mesa; giallo antico en parte de las corazas y de las panoplias; rosso antico en los festones sobre las corazas y los marcos de los escudos de las esquinas; verde antico para los cañones de los escudos y las banderas sobre las corazas; semesanto en los marcos de las cartelas centrales de los lados del ancho del tablero, con centros de bianco e nero antico; africano para las lengüetas del borde y los vestidos de los turcos; broccatello en cuatro de las cartelas de los lados del largo y las cuatro cartelas de los lados del ancho; lumachella en las cartelas centrales de los lados del largo y algunos cañones de las panoplias. La única piedra dura de la composición es el lapislázuli.
Don Rodrigo Calderón fue el gran favorito del valido del rey Felipe III, el  duque de Lerma, quien inició muy joven su carrera política en la corte del monarca. Al perder su poder el duque de Lerma, don Rodrigo Calderón regresó a Valladolid, donde fue arrestado el 20 de febrero del año 1619, acusado de corrupción y malversaciones. Tan sólo seis meses después de la muerte de Felipe III en 1621 fue ajusticiado. En el juicio celebrado en su contra esta mesa fue protagonista de una de las numerosas imputaciones que se le hicieron, la número 160. Finalmente fue adquirida en almoneda por Felipe IV. (Texto extractado de González-Palacios, A.: Las colecciones reales españolas de mosaicos y piedras duras, 2001, pp.69-73).
La mesa se apoya sobre cuatro leones de bronce, tres de ellos procedentes de Italia y encargados por Velazquez en 1651, como los de la Mesa de Felipe II (O00452). El cuarto león que completa el conjunto es una copia en bronce de 2004. Por su deterioro, no pudo utilizarse el león de plomo de 1837 que reproducía uno original dañado en el incendio del Alcázar de 1734.
Este león,se trata del cuarto  león que soportan el tablero de la mesa de Don Rodrigo Calderón (O448). Los otros  llevan los números O02942, O02943. Este es el cuarto león(como ya comenté anteriormente) que completa el conjunto es una copia en bronce de 2004. 
Velázquez encargó en Roma, durante su viaje en Italia en 1650, al escultor Matteo Bonuccelli o Bonarelli,la realización de 12 leones (O00453, O02938, O02939, O02940, O00449, O02941, O02942, y O02943, además de los que conserva Patrimonio Nacional) según dos modelos que el mismo Bonarelli había realizado en terracota. Según documentos de 1650 y 1651 la autoría de los modelos era de Bonarelli y a él se debe la fundición de todos los leones y el dorado de dos de ellos; del dorado de los restantes se encargó Girolamo Ferreri (Jeronimo Ferrer). Los leones se enviaron a Madrid y se utilizaron para decorar el Salón de los Espejos del Alcázar, divididos en seis parejas que sostenían cada una un tablero de pórfido y dos espejos con águilas de bronce. Uno de los leones fue destruido durante el incendio del Alcázar (1734). Estos leones son de tamaño algo mayor que el natural, diseñados para ser soportes de consolas (O00452 y O00448), con la cabeza girada y una de las patas delanteras levantada y apoyada en una bola de mármol. Uno de ellos (O02941) se perdió en el incendio del Alcázar y fue sustituido por una copia. Según factura de 26 de julio de 1837, se pagaron 1968 reales por dicho trabajo.
En 1832 se pidieron al Palacio Real para servir de base a los dos mosaicos de piedras duras enviados por Pío V a Felipe II en 1568 y que se conservan también en el Museo del Prado (“que se entreguen a D. Valeriano Salvatierra siete u ocho leones de bronce para los ricos tableros de mesa del museo”). El conjunto de estos cuatro leones (O00449, O02941, O02942 y O02943) junto al tablero de la mesa O00448, vienen reflejados en el Inventario de 1857: "510. Una mesa de mosaico con varios trofeos militares alusivos á la batalla de Lepanto, y en el centro un gran obalo de alabastro de aguas sostenido por cuatro leones; los tres de bronce y uno de plomo, apoyada una garra de cada uno en una bola de jaspe morado. 

jueves, 25 de agosto de 2016

MESA DE LAS PIEDRAS DURAS


Elaborada  con Ágata, Amatista, Bronce dorado, Calcedonia, Madera de ébano, Jaspe, Lapislázuli, Paragone...
Mesa de centro, rectangular. El tablero en taracea de piedras duras sobre fondo de paragone están adornados con volutas en calcedonia enmarcados por un entrelazo de flores, frutos y hojas con pájaros y mariposas en distintos tipos de jaspe, amatista y ágata; en el centro hay un espacio vacío ocupado tan solo por un collar de perlas con un lazo de lapislázuli. El borde, en bronce dorado, tiene cartelas asimétricas en las esquinas que cuelgan sobre la alta faja de ébano, cuyos lados tienen cartelas parecidas con placas de lapislázuli. Pies triangulares, con placas en lapislázuli, y festones en bronce dorado con frutas en piedra dura. En la obra se puede apreciar cierta renovación en la concepción de los acabados en bronces, entre el barroco y el rococó. Fue dorada por el broncista Giacomo Ceci, responsable de los bronces que la adornan.


Realizada en Nápoles, en el Real Laboratorio delle Pietre Dure, bajo la dirección de Francesco Ghinghi y fechada entre 1738-1749 por el memorándum del marqués Acciajoli a Fogliani del 26 de octubre de 1749 y la carta de Francesco Ghinghi a Anton Francesco Gori del 24 de abril de 1753. Terminada la mesa se presentó ante Sus Majestades, a quienes agradó mucho, por lo que su Majestad decidió encargar una compañera.
 (Texto extractado de González-Palacios, A.: Las colecciones reales españolas de mosaicos y piedras duras, 2001, pp. 140-145).