François-Auguste-René Rodin,contemporáneo de la corriente impresionista. Enmarcado en el academicismo más absoluto de la escuela escultórica neoclásica, no sólo fue el escultor encargado de poner fin a más de dos siglos de búsqueda de la mimesis en las artes tridimensionales, sino que además dio un nuevo rumbo a la concepción del monumento y la escultura pública. Debido a esto, Rodin ha sido denominado en la historia del arte como "el primer moderno".
Diseñada para La Porte de l’Enfer (La Puerta del Infierno), en torno a 1885, esta figura ya no aparece en su última versión. En base a un tema mitológico (las hijas de Dánao, las Danaides) Rodin construyó ante todo un paisaje femenino, poniendo de relieve la línea de la espalda y de la nuca de la Danaide.Elige, no como en la iconografía tradicional, el momento del llenado, sino el de la desesperanza, frente a la esterilidad e inanidad de la tarea. Agotada, la Danaide reposa la cabeza "como un gran sollozo" encima de su brazo. Su cabello esparcido, que Rainer Maria Rilke decía ”líquido”, se confunde con el agua que discurre de su jarra. Su cuerpo está pulido como el marfil, mientras que el bloque de mármol del que parece surgir, está tallado de forma mucho más escueta, guardando la huella de las herramientas.
Diseñada para La Porte de l’Enfer (La Puerta del Infierno), en torno a 1885, esta figura ya no aparece en su última versión. En base a un tema mitológico (las hijas de Dánao, las Danaides) Rodin construyó ante todo un paisaje femenino, poniendo de relieve la línea de la espalda y de la nuca de la Danaide.Elige, no como en la iconografía tradicional, el momento del llenado, sino el de la desesperanza, frente a la esterilidad e inanidad de la tarea. Agotada, la Danaide reposa la cabeza "como un gran sollozo" encima de su brazo. Su cabello esparcido, que Rainer Maria Rilke decía ”líquido”, se confunde con el agua que discurre de su jarra. Su cuerpo está pulido como el marfil, mientras que el bloque de mármol del que parece surgir, está tallado de forma mucho más escueta, guardando la huella de las herramientas.

La de Rodin es una escultura llena de fuerza expresiva y de vigor. Su nuevo concepto de la masa rompe con la tradicional escultura de líneas cerradas, que ahora se imprecisan en base a un tratamiento irregular de la materia, sin pulir, inacabado en muchas ocasiones, que agranda así su fuerza expresiva. Pero a la escultura inacabada de líneas abiertas, une Rodin un nuevo concepto del volumen que se asocia directamente con el sentimiento que se quiere transmitir, de tal manera que cada plano de la figura se modela según la interpretación que se le quiera dar desde ese punto de vista. Lo cual no sólo contribuye a multiplicar las visiones de la pieza, sino también las sensaciones que nos produce. Él mismo decía que...
“el escultor debe de aprender a reproducir los sentimientos en la superficie, lo que quiere decir que todo debe vibrar en la superficie de la pieza, el alma, el amor, la pasión, la vida…por tanto la escultura es el arte de los huecos y los montículos y no del pulido y la suavidad”.
Por otra parte la amplitud de la masa, la potencia de la talla y el canon de las figuras, que recuerdan el tremendismo de Miguel Ángel, refuerzan la monumentalidad de sus esculturas y su expresividad, y todo ello unido al carácter inacabado de sus perfilados y a la agitación de sus superficies, provoca una nerviosa sensación de movimiento. Nada que ver por tanto con la escultura academicista o incluso con la escultura romántica, igualmente tradicional desde el punto de vista formal, por lo que puede considerase a Rodin un verdadero revolucionario que marca la frontera entre el antes y el después de la escultura moderna.

El mito permitía a Rodin fijarse en el cúmulo de sentimientos humanos que combinaban en la Danaide el sufrimiento por el castigo eterno, la frustración de un trabajo inútil, el agotamiento por un esfuerzo interminable, y el sinsabor que producen entremezclados los sentimientos de arrepentimiento, pesadumbre y viejos resentimientos que habían de marcar su secuela sobre el cuerpo de Danaide. Nada mejor para dar rienda suelta al expresionismo de Rodin, siempre avizor a las penurias humanas.

La postura, forzada, requiebra el cuerpo, que de todas formas también en este caso multiplica las sensaciones que transmite según desde dónde lo observemos: más sutil y delicada desde adelante, más erótica desde atrás, más doliente en los costados.

maravillosa descripción, gracias!
ResponderEliminarMuy completa y emotiva descripción de la obra,el estilo y el personaje.
ResponderEliminarMuy detallado e analasis , tanto formal, histórico y subjetivo, te felicito, gracias ,lo disfruté mucho.
ResponderEliminarNelly
Excelente!
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