lunes, 10 de octubre de 2016

ESCALERA Y CUARTEL GENERAL DE LA ARMADA (MUSEO NAVAL)-MADRID



La escalera está construida solamente con mármol de Carrara de color gris y beige,(estos fueron los materiales que emplearon los arquitectos José de Espelius y Francisco Javier de Luque en 1928 para la elaboración de esta escalera monumental).El Cuartel General de la Armada, se mandó levantar en 1915 por iniciativa del Ministro de Hacienda Gabino Bugallal Araújo (el de Marina, era D. José Pidal), ante el estado ruinoso en que se encontraba el palacio de Grimaldi (también llamado de Godoy) en la calle de Bailén, junto al Senado, edificio construido bajo la dirección del arquitecto Francisco Sabatini en el siglo XVIII (actual sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales). Se escogió para la construcción el nuevo edificio un solar de suelo público que formaba parte de los Jardines del Buen Retiro.
El arquitecto elegido para la realización del proyecto, después de un concurso que resultó “tormentoso”, fue José Espelius Anduaga (1875-1924), arquitecto autor, entre obras de la Plaza de Toros de las Ventas o el Teatro Reina Victoria, siendo terminado, al fallecimiento de aquel por Javier de Luque López (1871-1935). Las obras duraron varios años, de tal forma que el nuevo edificio no se pudo inaugurar hasta el 16 de julio de 1928. Su estilo es ecléctico, como corresponde al gusto de la época, que buscaba la magnitud y la monumentalidad arquitectónica a través de la mezcla de elementos gótico-isabelinos y clásicos, con una gran profusión de detalles ornamentales. Tiene planta rectangular, con fachada a tres calles y dos amplios patios interiores, ocupados actualmente por sendas salas de exposiciones del Museo Naval.
La necesidad de nuevos espacios motivó la ampliación del edificio en los años setenta del pasado siglo sobre un solar anexo al mediodía. Esta ampliación fue llevada cabo por los arquitectos Alberto López de Asiaín Selva, Gerardo Olivares James, José A. Chastang Barroso y Rafael de la Hoz-Arderius quienes alzaron “un volumen concebido desde la modernidad, pero con la pretensión de integrarse exteriormente al primitivo y no yuxtaponerse, mediante el mantenimiento de la monumentalidad y de sus pautas compositivas, como la altura de impostas, una modulada ordenación derivada de aquel, división clásica en cuerpos horizontales, basamento, central, a modo de columnata y coronación o entablamento etc. aun cuando fue preciso quintuplicar la superficie de ventanas, sin romper la armonía del conjunto”.lA 
Parece ser que 1996 hubo alguna otra intervención de menor envergadura.

sábado, 8 de octubre de 2016

COPA CON CUPIDO CABALGANDO UN DRAGON



Mediados del siglo XVI. Calcedonia, Diamante, Esmalte, Esmeralda, Oro, Rubí, Vidrio
Vaso en forma de copa alta compuesto por tres pedazos de calcedonia de distintos tonos y seis guarniciones de oro esmaltado. El cuerpo oval, de perfil abarquillado, se decora con un bajorrelieve de ovas enlazadas, separadas por florones realizados con cinco puntos. En el labio, ancha guarnición de oro liso, apuntado en la proa, recorrida en su interior por un diseño vegetal sinuoso, de flores y vainas, en esmalte negro embutido y por fuera, además de similar motivo, se enriquece con sobrepuestos de hojuelas verdes y granos blancos con engastes de rubíes y esmeraldas. En la popa va un cupido esmaltado de blanco, con las alas esmaltadas y la aljaba cuajada de diamantes, portando el arco en su izquierda. Cabalga un monstruo de cabeza y cuerpo de dragón, dientes y lengua puntiagudos, cola enroscada, sus garras sujetas al borde, esmaltado de violeta, azul, ocre y blanco opacos, verde, azul y tostado de trasflor. Una guirnalda floral esmaltada en tonos opacos cubre la panza inferior del vaso, quizás para ocultar una rotura, con un mascarón en el centro de su cara interior. El vástago, de balaustre con moldura superior, labrado con gallones, se une al cuerpo y pie con dos guarniciones de de oro esmaltado de oro esmaltado con florecillas blancas que alternan con engastes de rubíes y diamantes. Un zafiro que en 1776 se describía como ochavado prolongado, labrado rosa, vajo de doce granos estaba en el pecho del dragón y, ya en 1815 la Embajada anotó su falta, aunque lo situaba incorrectamente en la cabeza del animal. Fue colocado en su lugar, en fecha indeterminada, un vidrio rojo, quizás durante la restauración del siglo XIX efectuada por Zaldós. El cuerpo se adorna con una montura de diseño fantástico que (posterior a otras guarniciones del vástago y el pie, datables hacia 1590), ha sido atribuida a Pierre Delabarre, platero parisino recibido en 1625 como maestro.El interior de la guarnición del labio tiene, en esmalte negro embutido, un diseño de tallos sinuosos, hojas picudas y vainas. Las figuras de oro con carnaciones blancas no son extrañas a la orfebrería francesa, tanto en los modelos del siglo XVI del entorno de la escuela de Fontainebleau, como en estas curiosas recreacioneshistoricistas del siglo XVII. Es de notar la similitud del esmaltado de la cola del monstruo con la de los delfines y colas de la sirena , lo que plantea la posibilidad de un reesmaltado en esta pieza.
 (Texto extractado de Arbeteta, L.: El Tesoro del Delfín. Catálogo Razonado, 2001, pp. 27-33; 167-168).
https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/barquillo-con-cupido-cabalgando-un-dragon/1a24174d-ac60-4d4d-b895-3519f0028ce4

viernes, 7 de octubre de 2016

Vidrio doblado de Émile Galle en el Museo Casa Lis, Salamanca.


LA GRAN ODALISCA...JEAN AUGUSTE DOMINIQUE INGRES



Ingres, pintor francés que trabajó en un estilo personal en el que se integraba el romanticismo de los temas y el color, con la perfección formal del Neoclasicismo.
Su formación académica es evidente en la obra, así como todas las influencias recibidas en el preceptivo viaje a Italia que todo buen pintor debía realizar casi ya desde el siglo XVII. De esta manera, esta Gran Odalisca es heredera de las Venus de Giorgione y Tiziano (Dresde, Urbino) tanto en su postura como en su sensualidad. También es reconocible la influencia de Miguel Angel o la de Rafael a la hora de construir el perfil del rostro en tres cuartos, con una idealización y belleza formal que nos trae a la memoria obras como la Fornarina.
Sin embargo, a todo este bagaje italiano clásico, Ingres le añade el perfecto dominio del dibujo (en gran parte heredado de su maestro, David, y una y otra vez practicado en la copia de mármoles antiguos). Gracias a él puede efectuar todo ese tipo de correcciones anatómicas y de cambio de punto de vista, integrándolas sin ningún tipo de violencia a través del control de la línea que un siglo después tanto atraería a Picasso durante su periodo llamado ingresco (Retrato de Apollinaire) o a Matisse, que llevará hasta el límite el poder expresivo del dibujo en sus Mujeres azules.
La gran odalisca es una imagen típica del gusto por los temas exóticos y orientales del momento y una figura sorprendente por sus tres vértebras de más, como señalaron los críticos, y la mezcla conseguida entre el contorno sinuoso y reptante con la tradición del desnudo clásico. Ingres reiteró estos interiores turcos y ambientes imaginarios a lo largo de toda su carrera, creando un modelo femenino sensual, de rasgos indolentes, en una atmósfera que parece estar inmóvil y congelada por la frialdad de la factura.
Ingres no es, en sentido estricto, neoclásico ni académico, sino un ferviente defensor del dibujo. Resulta a la vez clásico, romántico y realista,él constituye un claro exponente del romanticismo en cuanto a los temas, el trazo abstracto y las tintas planas de intenso colorido. Algunas de sus obras se enmarcan en el llamado «Estilo trovador», inspirándose en el ideal estético griego y gótico, además de en las miniaturas de los libros de horas de Fouquet. Igualmente, es ejemplo de orientalismo, pues muchos de sus cuadros, especialmente desnudos femeninos, están dominados por un sentido irreal del exotismo propio del siglo XVIII.

Nos encontramos con la imagen de una mujer desnuda tocada por turbante dentro de un escenario de lujosas telas y otros objetos de carácter orientalizante, como el abanico de plumas de pavo real que porta en uno de sus manos. En resumen, se trata de una odalisca, un miembro del haren de algún poderoso sultán, tal como gustaba imaginarlo la mente romántica del XIX.

Técnicamente se trata de un  óleo sobre lienzo, con un tratamiento tan sutil de la pincelada que la deja oculta, dándonos una factura lisa.
La composición se articula por medio de una suave curva o diagonal que arranca desde el ángulo superior izquierdo, contrapesándose con el gran cortinaje de la derecha que en sus pliegues cogidos por la mano crean una diagonal contraria y hace que se cree un semicírculo en el centro del cuadro al que se dirige nuestra atención. De esta manera se consigue una movilidad (que potenciará la sensibilidad de la figura) serena, sin los excesos del barroco (aún presente pero ya superado por la depuración neoclásica)
En la obra predomina la línea sobre el color, especialmente en la definición de los perfiles y detalles, aunque en las carnaciones de la mujer o las telas podemos observar un uso exquisito de las degradaciones cromáticas.
El pintor juega a contraponer las gamas cálidas (como ya había hecho Tiziano) a las telas frías y de menor luminosidad que la envuelven sin quitarle protagonismo.
La luz es suave e incide directamente sobre el modelo, dejando en penumbra el fondo. Además de buscar efectos volumétricos que  busca junto al color le sirve para destacar las distintas texturas.
En cuanto al espacio se encuentra muy reducido para no disipar la atención del espectador, y sólo podemos señalar algunos trucos para crear un primer plano anterior a la figura (con las telas del ángulo inferior izquierdo), así como la tela de la derecha que cierra la perspectiva.

Por último la figura presenta, en una primera mirada, una perfecta armonía anatómica que un examen más calmado veríamos que es por completo falsa. Ni la posición es tan relajada como parece (ver la pierna que se dobla en un escorzo realmente forzado, con lejanos ecos de los "ignudi miguelangelescos" de la Sixtina), ni la figura es verdaderamente posible, existiendo puntos de vista imposibles, como el pie extendido o la curvatura de la espalda.
Cuando se expuso por primera vez en el Salón de París, los críticos advirtieron la cualidad literal de las tres vértebras de más que lucía la odalisca, sin alcanzar a descubrir las razones pictóricas por las que Ingres realiza dicha abstracción.Se trataba de un homenaje a la belleza heredada, equivalente pictórico de la verdad.  Ingres entendía el arte como un artificio, no una realidad: es la manera en que un artista convence a otros, lo que convierte su trabajo en una obra maestra, ahí radica la belleza abstracta del arte. La naturaleza aparentemente paradójica de Ingres combina una sensación externa de realismo con dicho artificio. Ingres fue un incomprendido en su tiempo, pero su legado pervive a través de las obras de Matisse y Picasso.La gran Odalisca es una de las imágenes más bellas y más conocidas de Dominique Ingres y ha llegado a simbolizar la tradición occidental de pintar desnudos. Se la encargó la reina de Nápoles, hermana menor de de Napoleón Bonaparte, justo un año antes de que su esposo y ella contrajeran matrimonio (y de que el fuera ejecutado). Se supone que estaba colgada junto a otro desnudo de Ingres, ahora en paradero desconocido.
Ingres une al dominio y la expresividad de la línea que le eran connaturales una sensualidad contagiosa que les confiere buena parte de su atractivo. Fue considerado el mejor pintor de su tiempo y ha pasado a la historia del arte como un genio de la pintura académica y caligráfica.
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/ingres.htm
http://sdelbiombo.blogia.com/2013/050801-analisis-y-comentario-de-la-gran-odalisca.-ingres.php
https://encontrandolalentitud.files.wordpress.com/2012/12/imagen1.jpg
https://euclides59.wordpress.com/2012/12/05/la-gra-odalisca-jean-auguste-dominique-ingres/