lunes, 6 de mayo de 2019

FERDINANDO SCIANNA Y SU LECTURA DEL MUNDO


Ferdinando Scianna nació en 1943 en Sicilia, más en concreto en la villa de Bagheria, en la provincia de Palermo. Se inició en la fotografía a principios de los 60 documentando sistemáticamente las tradiciones y fiestas populares de su tierra siciliana a la vez que estudiaba literatura, filosofía e historia del arte en la Universidad de Palermo. En sus propias palabras “Hacía fotos en el pueblo, de las chicas que me gustaban, de los vecinos, de las fiestas. Siempre tenía la sensación de que lo que capturaba estaba a punto de perderse, como fotografiar Pompeya el día anterior a la explosión del volcán” Un golpe del destino o de suerte, llámenlo ustedes como quieran, hizo que el prestigioso escritor Leonardo Sciascia visitara por casualidad su primera exposición en 1963 en el Circulo Cultural de Bagheria, quedando tan favorablemente impresionado por su obra que le valió su amistad y apoyo. Cuando dos años después el joven Scianna editó su primer libro "Feste religiose in Sicilia" (1965), Sciascia escribió los textos de este y el joven fotógrafo consiguió el premio Nadar.

                                                                                   Viernes Santo. Enna 1963

En 1966 se tralada a Milán e inicia su actividad como fotógrafo profesional. Al año siguiente comienza a trabajar primero para el semanario "L'Europeo" como fotorreportero y después también para "L'Expresso" como periodista corresponsal en París, donde vivió diez años. Allí conoció a Henri Cartier-Bresson que lo introdujo en 1982 en la Agencia Magnum. Hacia finales de esa década comienza trabajar en publicidad y sobre todo en moda, alcanzando algunos de sus trabajos, en especial el realizado para Dolce e Gabbana, una extraordinaria repercusión internacional. Desde entonces alterna su trabajo en moda con el fotorreportaje internacional para Magnum y sus proyectos personales que plasma en libros. Entre sus publicaciones más destacadas podemos citar "I Siciliani", 1977; "La villla dei mostri", 1977; "Le forme del Caos", 1988; "Leonardo Sciascia", 1989; "Marpessa", 1993; "Altrove, reportage di moda", 1995; "Viaggio a Lourdes", 1996; "Dormire, forse sognare", 1997, "La geometria e la passione", 2008 y "Piccoli mondi",  2012.

                                                                       Penitente. Palermo, Collesano 1963

En palabras de Martine Frank, la esposa de Henri Cartier-Bresson y también magnífica fotógrafa: "Ferdinando, además de coleccionar fotografías, también es aficionado a los grabados, dibujos, pinturas y arte popular, y probablemente es uno de los fotógrafos más cultos de Magnum. Es un fiel amigo, un experto cocinero, un excelente escritor y un orador infatigable... En toda su obra puede observarse que siente una gran dulzura y cariño por el género femenino y donde mejor se aprecia esa sensación es, sin duda alguna, en sus destacadas fotografías de moda. Sus modelos nunca están rígidas, sino que posan en situaciones plausibles que Ferdinando ha imaginado para ellas, siempre sensuales y deseables".

                                                              Sicilia, provincia de Catania. Caltagirone 1987

Si la fotografía es, como Scciana considera, una forma de leer el mundo, en su obra se percibe el valor añadido del poso cultural al que aludía Martine Frank. No olvidemos que la lectura, lejos de ser un acto pasivo, es un acto de recreación e interpretación esforzada, tanto más exitoso cuanto mayor es el bagaje que aporta el propio lector. Es por ello que las imágenes de Scianna se nos aparecen tan sugerentes y misteriosamente bellas, pues superponen capas de conocimientos y experiencias diversas que se funden en la retina del espectador a través de la mirada del fotógrafo. Por eso cuando un ojo mínimamente educado contempla una fotografía de Ferdinando Scianna, aunque sea de moda, inmediatamente percibe que hay un plus intangible, difícil de acotar pero rotundo y que la modelo no es una simple percha para vender bien un producto.
                                                                                     Ferdinando Scianna, 2011

Les dejo una selección que espero que disfruten ustedes tanto contemplándola como yo preparándola. Hay procesiones, niños, penitentes, tradición, modelos de moda, vida callejera, retratos... convendrán conmigo en que la mezcla es deliciosa...

"Sicilia es violenta, como su sol. Allí aprendes de pequeño a esquivar la luz del sol, porque te asa los pies y daña los ojos, y a buscar la sombra. Mis fotos son un exorcismo de la luz despiadada de Sicilia.
Empecé porque no quería ser médico, ni abogado, como querían mis padres. Hacía fotos en el pueblo, de las chicas que me gustaban, de los vecinos, de las fiestas. Siempre tenía la sensación de que lo que capturaba estaba a punto de perderse. Como fotografiar Pompeya el día anterior a la explosión del volcán.
Una fotografía no es creada por un fotógrafo. Lo que hace es, apenas, abrir una pequeña ventana y capturarla. El mundo entonces se graba él mismo en la película. El acto del fotógrafo está más cercano a la lectura que a la escritura. Ellos son los lectores del mundo".


Sciascia, Racalmuto, 1964

Fiesta de Santa Fortunata en Baucina, 1963
Abruzzi, Scanno 1999


Palermo 1987. La modelo holandesa Marpessa fotografiada para Dolce y Gabbana

Fiesta dei Sant’Alfio, Cirino e Filadalefo, Tre Castagni, 1964

Fiesta de Pascua en Prizzi, 1963

Palermo, Sicilia 1963

Caltagirone. 1987

Caltagirone. 1987

Fashion show en París, 1989

Sevilla, 1988

Reportaje de moda en El Cairo. Egipto 1989

Sicilia. Fista del Crocifisso, Capizzi, 1982

Andalucía. Carmona, 1983

La actriz Maria-Grazia Cucinotta. Benevento, Italia, 1995

Maria-Grazia Cucinotta para el Lavazza Calendar, 1996

La modelo Marpessa. Bagheria 1987


© Ferdinando Scianna

Sicilia, Erice 1987


Sicilia, Catania. Caltagirone 1987

Indonesia, Bali 1989

Porticello, Sicilia 2010

Dormire, forse sognare, 2013

Roland Barthes. 1977
                                                                              Jorge Luis Borges, 1984


domingo, 5 de mayo de 2019

CRUZ DE LOTARIO


La conocida como “Cruz de Lotario”, que forma parte del Tesoro de la Catedral alemana de Aquisgrán, actual Aachen, es una de las obras más importantes de la orfebrería otoniana. El arte otoniano es un estilo dentro del prerrománico, que se desarrollo principalmente en Alemania desde mediados del siglo X hasta mediados del XI, coincidiendo con la dinastía sajona del Sacro Imperio Romano Germánico.



Durante esta época, siempre que la bolsa lo permitía, las cruces, recipientes sagrados y relicarios se incrustaban con piedras preciosas, como aquéllas con las que según el Apocalipsis se construiría el Jerusalén celestial. En ocasiones, y a despecho de los temas paganos en ellas grabados, se empleaban antiguas gemas, como en esta cruz de Aquisgrán donde está engarzada de canto una de las tres Gracias; no obstante, las piedras más importantes fueron escogidas de forma cuidada y meditada. Así, en el centro hay un antiguo camafeo romano de Augusto entre insignias imperiales, y más abajo un“intaglio” de cristal de roca con la cabeza y títulos de Lotario II, biznieto de Carlomagno y rey de Lorena del 855 al 869.



La idea de esta “crux gemmana” o cruz preciosa se remonta al emblema adoptado por Constantino, primer emperador cristiano, y esta pieza fue realizada para el Sacro Emperador Romano Otón III (983-1002), poseído por la ambición de rehacer el imperio de Occidente. La victoria de Cristo o “Christus trimphans”, está simbolizada por medio de la imaginería clásica del imperio. Pero en el reverso hay un grabado de Cristo agonizante con la mano de Dios Padre asomando por arriba y sosteniendo una guirnalda que rodea a la paloma del Espíritu Santo. De esta forma quedan representadas las tres Personas de la Trinidad. En las coronaciones imperiales este último lado se ponía de cara a los clérigos y el otro se encaraba al emperador, de tal manera que la cruz venía a expresar la unión de la Iglesia con el Estado, bajo el mandato de un emperador designado y coronado por el Papa. Esta fusión se persiguió durante toda la Edad Media con ahínco, aunque solamente se consiguió en contadas ocasiones.

http://university.langantiques.com/images/b/be/Aachen_Cross.jpg
http://arte-paisaje.blogspot.com.es/2012_05_01_archive.html

viernes, 3 de mayo de 2019

LOS CINCO SENTIDOS Y BRUEGHEL DE VELOURS


Esta serie formada por tablas, fue realizada por Brueghel, con la colaboración de Rubens para las figuras que personifican los cinco sentidos. Brueghel las concibió, según Ertz, con un orden armónico y simétrico.
La tradición pictórica en la que fue formado Jan Brueghel el Viejo, que aprendió junto a su abuela la miniaturista Maria Bessemers, convierte esta colaboración en un conjunto perfecto donde la perfección y precisión de la pincelada del primero se complementa con la vívida representación de las figuras del segundo. Esta serie se considera como prototipo para otras alegorías realizadas por el mismo artista. M. Emmans considera que estas pinturas, que denomina gabinete d’ amateur, fueron un género específico flamenco que nació en Amberes en el siglo XVII y que siguieron en boga en el siglo siguiente. A diferencia de otros artistas, Jan Brueghel el Viejo se inspira en la tradición de los wonderkamers, las cámaras de maravillas, donde vemos una gran cantidad de objetos que, en muchos casos, representan colecciones artísticas de nobles, gobernadores o reyes. Una tradición que seguimos viendo con artistas posteriores como David Teniers el joven, en su obra El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas realizada entre 1651-1653. 


El centro lo ocupa El Oído con la ninfa vuelta hacia el espectador.La alegoría del Oído es muy similar a La Vista, de hecho las figuras representadas por Rubens parecen las mismas, como si se hubieran trasladado de una estancia a otra. Situadas en el centro, Venus toca un instrumento acompañada de Cupido que sujeta un libro de partituras. 
El proyecto de investigación de la Universidad Complutense de Madrid sobre iconografía musical ha permitido identificar no solo los instrumentos de la obra sino también las partituras de la mesa de la parte derecha. Así, aparece el libro "De madrigali a sei voci", de Pietro Philipp Inglese, organista de los Archiduques.
Una lectura musical del cuadro de derecha a izquierda, comienza con los objetos sonoros, mecánicos y de señales situados a la derecha (relojes, campanillas, trompas de señales, escopetas y otros) hasta llegar, al fin, a la izquierda y al fondo, a la práctica musical, con el grupo de cantantes e instrumentistas que se representan en un espacio concreto, una sala del ámbito doméstico. En este itinerario, tras los objetos sonoros de la derecha, el espectador se encuentra con la alegoría de la música y su aspecto simbólico (la figura femenina tañendo un laúd, un amorcillo con un librete de música escrita, las aves y otros animales), sigue con la música evocada que cumple aquí, además, un aspecto representativo (la mesa con el libro abierto de madrigales de Peter Philips, organista de los archiduques, rodeada de instrumentos que no son tocados), y de frente, invitando al espectador y a manera de llave del cuadro, la música escrita en dos cánones legibles. Ambos cánones tienen textos bíblicos que ensalzan el valor de la fe a través del oído y de la escucha, quizás contraponiendo el oído a la vista, recordando al espectador que la fe es un personaje ciego. 
A la izquierda del cuadro, al fondo, hay una sala donde un grupo de mujeres, hombres y niños están haciendo música práctica. Por la actitud de los personajes, se trata de música vocal con acompañamiento instrumental. Sobre la mesa hay un laúd puesto boca abajo y varios libretes abiertos y cerrados. Tres mujeres están cantando, dos sentadas leyendo de uno de los libretes y la tercera de pie mirando, al parecer, el mismo librete. Dos niños de corta edad asoman la cabeza por la derecha de la mesa. Tras las cantantes, un grupo de hombres instrumentistas tocan (de izquierda a derecha) un bajo de vihuela de arco (viola da gamba en italiano), un laúd, un aerófono recto no identificado y una flauta travesera.


Las diosas representadas en La Vista El Olfato que ocuparían el primero y quinto lugar, en los extremos mirando hacia el centro y están enfrentadas con El Tacto y El Gusto, tercera y cuarta tablas de la serie. Es el más importante conjunto conocido de este tema, fuente de inspiración para numerosos pintores y un bello ejemplo del género de «los gabinetes de pintura». Para Díaz Padrón es indudable su vinculación con los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, gobernadores de los Países Bajos y grandes mecenas. Es reveladora la inclusión en La Vista del retrato doble de los archiduques sobre la mesa ante el ventanal, que permite ver la fachada de su palacio en Bruselas, el retrato ecuestre de Alberto y el águila bicéfala, símbolo de los Habsburgo, y la representación de otros dos palacios de los archiduques, el de Mariemont .
Técnicamente en La Vista y El Olfato vemos un interior plagado de pinturas en diferentes niveles, incluso apoyadas en el suelo y a la izquierda una galería con esculturas colocadas en línea reforzando la perspectiva de la composición que nos lleva a la puerta del fondo, única referencia exterior en este lienzo. La alegoría está representada por una mujer sentada en una mesa mirándose en el espejo que sujeta un Cupido, igual que en la serie anterior sustituyendo el espejo por un cuadro. La alegoría del Olfato aparece en la misma mesa recibiendo un ramo de flores de otro Cupido. Es evidente que la representación de la vista tiene mucho más protagonismo en este lienzo que el olfato. A diferencia de la serie anterior la carga simbólica de las pinturas colgadas no está tan relacionada con las alegorías que representa. En realidad ambos lienzos parecen menos simbólicos que la serie de 1618, con una normalización de las alegorías anteriormente utilizadas. Parecen más bien una excusa para mostrar la vida de lujo y ambiente artístico que se respiraba en la corte de los archiduques, mostrando a su vez, a través de las obras colgadas en las paredes, el esplendor de la escuela flamenca del pasado y del momento con obras de El Bosco, Joost de Momper, Sebastian Vrancx, Rubens, Frans Snyders o Jan Wildens entre otros. 
Esta pintura formaba parte de un conjunto llegado desde Flandes para decorar la Torre de la Reina del Alcázar de Madrid. La primera referencia documental de este grupo de 26 obras aparece en el inventario del Alcázar de 1636, donde se mencionan 25 de ellas en la "Pieza grande antes de el dormitorio de su madre. que es donde cena en el cuarto bajo de verano" y la otra, una guirnalda de flores y angelotes de F. Snyders, Jan Brueghel el viejo y el taller de Rubens en la "Pieza donde su madre. duerme en el cuarto bajo de verano". En este inventario se dice, tras enumerarlas, que fueron las "que se trajeron de Flandes a la reina  y estaban colgadas en la torre nueva de su cuarto alto y su magd. el Rei nro. Sr. las mandó poner aquí". Así las pinturas fueron trasladadas de su ubicación original a otros dos nuevos emplazamientos sin que sepamos ni el motivo ni la fecha.
Del origen del conjunto llegado desde Flandes poco se sabe más allá de un documento citado por Pedro de Madrazo en su Viaje Artístico de 1884  el que se habla de un pago en 1623 autorizado por la reina, Isabel de Borbón, de unas obras llegadas de Flandes para decorar sus aposentos. Así pues desconocemos de donde pudo venir esta comisión, si fue la reina quien encargó estas obras, el rey o si la idea vino de Flandes pasando por la archiduquesa Isabel Clara Eugenia. Lo que si parece cierto es que no se trata de un encargo cerrado a un pintor, sino más bien un conjunto de obras de diferentes artistas flamencos enviados para decorar la mencionada Torre, después de las remodelaciones llevadas a cabo allí por Juan Gómez de Mora.


El Tacto, perteneció incon­testablemente al archiduque.En El tacto, al igual que sucede con El Oído, la escena se desarrolla en un exterior donde vemos, en este caso una especie de cueva abierta que parece simular la gruta de Vulcano, el dios forjador de las armas de los dioses. Una identificación que se refuerza con la presencia de unos hombres trabajando en una forja. La escena se complemente con una gran cantidad de armas, yelmos, cascos, armaduras y un sinfín de objetos de metal. En ellos vemos la pincelada de Jan Brueghel, que busca representar las calidades materiales de los objetos, siguiendo la tradición de la escuela flamenca del siglo XV. Al igual que sucede con El Gusto, en el caso del Tacto además del carácter táctil de los objetos, esta obra parece guardar relación con la guerra y las pinturas de batallas ya que las armas representadas en la esquina inferior izquierda de la composición parecen los restos de una lucha, reforzado por la colocación de las armaduras en posición vertical como si fueran soldados en batalla. .
Muchos autores han estudiado la posible vinculación de estas pinturas a los archiduques, debido a la evidente relación de las obras con ellos. En La Vista aparecen retratados en una de las pinturas y sus palacios se ven a través de las ventanas de algunas de las obras. La serie perteneció, según el inventario real de 1636 del Alcázar, al duque de Neoburgo Leopoldo Guillermo. Según M. Díaz Padrón y M. Royo-Villanova, citando a K. Ertz, o bien el duque las compró para regalárselas a los archiduques o bien éstos se las regalaron a él. Lo cierto es que después de la muerte de los gobernadores el duque se las regaló al cardenal infante don Fernando. De él pasaron al duque de Medina de las Torres, quien se las regaló a Felipe IV y así llegaron a Madrid.
Esta bellísima serie perteneció al duque Wolfgang Wilhem de Pfalz-Neoburg; quizá se la encargó a Brueghel o probablemente se la regalaron los archiduques, ya que él se la legó más tarde al cardenal-­infante, gobernador de los Países Bajos. Éste a su vez se la cedió al duque de Medina de las Torres y éste a Felipe iv, según reza el inventario del Alcázar de 1636: «Los Cinco Sentidos de mano de Rubens, las figuras y los paisajes, frutas [...] son de mano de Brueghel. Son los que dio al Cardenal Infante el duque de Neoburg y éste al duque de Medina de las Torres y él dio a S.M». En los siguientes inventarios de palacio de 1666, 1686, 1700 y 1734, se omitió la participación de Rubens, reconocido solo recientemente en los estudios de Müller-Hofstede y Díaz Padrón. Se salvaron del incendio del Alcázar en 1741 y se repartieron entre el Palacio Nuevo y el del Buen Retiro y están en el inventario del Museo del Prado desde 1849.

-Información revisada y actualizada por el Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo Nacional del Prado (diciembre, 2014) junto con el proyecto de iconografía musical de la Universidad Complutense de Madrid.
-Información revisada y actualizada por el Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo Nacional del Prado (diciembre, 2014)
-Información revisada y actualizada por el Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo Nacional del Prado (enero, 2015)



miércoles, 1 de mayo de 2019

AUGUSTE RODIN...LA MANO DE DIOS




Hoy quiero fijarme en la excepcional escultura de Auguste Rodin“La mano de Dios”. Espero que les guste.
Se trata de una escultura en mármol de 1897-1898. También se la conoce como “La creación”.
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Las figuras de Adán y Eva se extirpan con dificultad de un trozo de barro, sujetado por una ancha mano derecha que emerge de la masa a penas desbastada de un bloque de mármol. Simbólicamente, La Main de Dieu([La Mano de Dios) creando los primeros seres humanos también es aquella del escultor malaxando la arcilla para dar vida a personajes.
El contraste entre las partes muy pulidas y el mármol bruto, la actitud de Eva, que evoca la de la escultura del Jour de la capilla de San Lorenzo en Florencia, hacen referencia al trabajo de Miguel Ángel, para quien la escultura, oculta en el bloque de mármol, tenía que ser extraída por el trabajo del escultor. La Main de Dieu  tiene un equivalente en La Main du Diable  y se emparenta, debido a su título simbolista, con toda una serie de obras realizadas por Rodin durante los años 1890, como La Cathédrale o Le Secret .

la mano de dios - rodin - 7La Mano de Dios es una especie de creación divina, una obra con aspecto inacabado, y técnica mas que deliberada y estudiada. Nos da la impresión de que estamos asistiendo a la liberación del bloque de mármol. Figuras que nacen del mármol, que aún están aferradas a él, que se resisten a conseguir una forma independiente. Rodin tiene una especial predilección por las manos, y en él se convierten en elementos que despiertan la imaginación del espectador. Son por sí mismas fragmentos escultóricos independientes, aunque formen parte de un grupo. En el caso de La Mano de Dios, la posición fetal nos remite a la idea de la vida.
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Simbólicamente, representa a Dios, quien a través de sus manos, procede a la creación de Adan y Eva, en tanto éstos nos ofrecen la visión de no querer ser arrancados de la posición que ocupan.
Destaca en la obra el gran contraste entre las partes mas que pulidas y la actitud de Eva, que nos transporta a la escultura del Jour (Dia) de la capilla de San Lorenzo en Florencia, de Miguel Angel, para quien la escultura obra oculta en el bloque de mármol y debe ser extraída por el arduo trabajo del escultor.
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La escultura de Rodin es inclasificable, no admite inclusión en tendencia alguna, pues es una especie de síntesis entre realismo,simbolismo, expresionismo, impresionismo. Su obra es todo, y todo es lo que nos inspira cada una de sus creaciones en sus distintos contextos y estética expresiva.
A partir de aquí, saquen su conclusión a tan impresionante creación humana. La mía es la que toca la "divinidad"...
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domingo, 28 de abril de 2019

LAOCOONTE Y SUS HIJOS,LA REPRESENTACIÓN GRIEGA DEL DOLOR


Pocas estatuas griegas han ejercido tanta influencia como el Laocoonte, en parte por las trágicas circunstancias de su descubrimiento casual en 1506 en Roma, y por la heroica nobleza de sus expresivas y torturadas figuras.
Se cree que el Laocoonte fue creado durante la segunda mitad del siglo I a. C., por lo tanto, pertenece al  final del periodo helenístico. Estilísticamente proviene de unos 150 años antes, del altar de Zeus en Pérgamo. Es una obra asombrosamente conseguida y muy bien concluida. Se ha determinado que su impacto resulta de una realzada y trágica emoción provocada por las figuras retorcidas y  contorsionadas.Este tratamiento trágico a gran escala tuvo  una significativa influencia en Miguel Ángel y más tarde en los artistas del barroco romano
El Laocoonte es uno de los conjuntos escultóricos más impresionantes de toda la Historia del Arte universal. A pesar de las diferentes hipótesis que se han barajado, lo más probable es que fuera realizado para un mecenas romano, por los artistas Agesandro, Polidoro y Atanadoro, de la Escuela de Rodas.Se sabía de su existencia gracias a una antigua descripción de Plinio el Viejo, pero estuvo oculta bajo tierra hasta que fue descubierto en el año 1506, en la ciudad de Roma. El Papa Julio II envió a Giuliano da Sangallo y a Miguel Ángel para que identificaran la estatua, y desde entonces se conserva en los Museos Vaticanos.
El grupo representa a Laocoonte, sacerdote troyano de Apolo, en el momento de ser devorado por dos grandes serpientes marinas. Laocoonte había prevenido en vano a sus compatriotas contra el caballo de madera que los griegos les habían regalado, haciéndolo pasar como una ofrenda votiva a la diosa Atenea, cuando en realidad era un ardid para ocultar a los soldados que luego abrirían las puertas de la ciudad. Mientras los troyanos decidían si debían arriesgarse a introducir el caballo en la ciudad, Poseidón, enemigo de Troya, envió a las serpientes para que castigasen a los hijos de Laocoonte. Las serpientes se enroscaron en el cuerpo de los niños y Laocoonte luchó por soltarlas, pero ellas le estrangularon a él y a los niños. Los troyanos se convencieron de que aquello era una señal de los dioses para ignorar las advertencias del sacerdote y finalmente llevaron el caballo dentro de las murallas de la ciudad. De esta forma provocaron inconscientemente su propia destrucción.



El mito está recogido en la Eneida de Virgilio y ha sido un tema de inspiración muy repetido para artistas y escritores de todas las épocas. En la segunda mitad del siglo XVIII, en plena efervescencia neoclásica, se generó en Alemania un interesante debate sobre las cualidades estéticas de este grupo escultórico. Los principales protagonistas de este debate fueron Johann Winckelmann y Gotthold E. Lessing. Otros intelectuales de Alemania como Goethe, Herder, Novalis y Schopenhauer también escribieron sobre el Laocoonte, apreciando cada uno de ellos matices ligeramente diferentes en la expresividad de las figuras. Por su interés para la crítica de arte, reproduzco aquí los comentarios de Winckelmann, publicados en 1764 en su renombrada Historia del Arte de la Antigüedad. 
"Laocoonte nos ofrece el espectáculo de una naturaleza sumergida en el más vivo dolor bajo la imagen de un hombre que reúne contra sus ataques toda la fuerza de su alma. Mientras sus sufrimientos hinchan sus músculos y contraen sus nervios, veis su espíritu armado de fuerza resplandecer sobre su frente surcada y su pecho, oprimido por la violenta respiración y la contracción cruel, elevarse con esfuerzo para contener y concentrar el dolor que lo agita. Los gemidos ahogados y el aliento retenido extenúan la parte inferior de su cuerpo, hunden sus flancos, lo cual nos deja ver, por así decir, sus vísceras. Sin embargo, sus propios sufrimientos parecen afectarle menos que los de sus hijos, que elevan los ojos hacia él implorando su ayuda. La ternura paternal de Laocoonte se manifiesta en sus miradas lánguidas: la compasión parece flotar sobre sus pupilas como un sombrío vapor".


Se define a partir de una pirámide y de una diagonal que atraviesa toda la escultura. Por un lado, la pirámide que forman las tres figuras, con la cabeza de de Laocoonte al vértice, y por la otra, la diagonal que generan el brazo derecho y la pierna izquierda de Laocoonte. Las tres figuras quedan unidas por las serpientes.
Por eso, estas tres figuras son representadas en una lucha brutal por su vida en que cada músculos está en tensión para escaparse del abrazo mortal. El dramatismo se acentúa con detalles como por ejemplo a la boca abierta de Laocoonte y las arrugas de dolor de su cara etc
El páthos se expresa en el rostro agónico de Laocoonte. Tiene los ojos dilatados, asimétricos, las cejas con arrugas centrífugas, el frente arrugado y la boca entreabierta. Los cabellos despeinados en formas centrífugas refuerzan el patetismo de la figura a través de un lenguaje de gran expresividad realista. El uso del taladro para los rizos, las fosas nasales y los conductos auditivos llega al grado máximo de perfección técnica.
A pesar de la sofisticación técnica y las complejas figuras entrelazadas, la obra no pretendía ser vista de frente. Básicamente fue concebida de un plano, casi como un relieve. Se ha sugerido que la figura del hijo mayor (a la derecha) pudo haberse añadido más tarde, ya que está separada de las otras figuras y realizada a partir de un bloque distinto. Al igual que en todas las estatuas de la antigüedad, originariamente estaba pintada.


Su fisonomía expresa las quejas y no los gritos, sus ojos dirigidos hacia el cielo imploran la ayuda suprema. Su boca respira la postración y el labio inferior que desciende está agobiado por ella; pero en el labio superior levantado su postración está unida a una sensación dolorosa. El sufrimiento, mezclado de indignación por el injusto castigo, sube hasta la nariz, la hincha y estalla en las aletas dilatadas y levantadas. Bajo la frente se representa con la mayor sagacidad el combate entre el dolor y la resistencia que están como reunidos en un punto pues, mientras que aquél le hace levantar las cejas, ésta comprime la carne sobre el ojo y la hace descender sobre el párpado superior, casi, enteramente cubierto por ella. El artista, al no poder embellecer la naturaleza, se ha aplicado a darle más contención, más vigor: allí mismo donde ha puesto el mayor dolor se encuentra también la belleza más alta. 
El costado izquierdo, en el cual la furiosa serpiente arroja por la mordedura su veneno mortal, es la parte que parece sufrir más debido a la proximidad del corazón, y esta parte del cuerpo puede decirse que es un prodigio del arte. Quiere levantar las piernas para sustraerse a sus mandíbulas. No hay parte alguna en reposo. El mismo toque del maestro contribuye a la expresión de una piel entumecida.


El carácter general en que reside la superioridad de las obras de arte griegas es el de una noble sencillez y una serena grandeza, tanto en la actitud como en la expresión. Así como las profundidades del mar permanecen siempre en calma por muy furiosa que la superficie pueda estar, también la expresión en las figuras de los griegos revela, en el seno de todas las pasiones, un alma grande y equilibrada.
Tal es el alma que se revela en el rostro de Laocoonte (y no sólo en el rostro) dentro de los más violentos sufrimientos. El dolor, que se manifiesta en cada uno de los músculos y los tendones del cuerpo y que, aún sin considerar el rostro y las restantes partes, se cree casi sentir en uno mismo a la sola vista del bajo vientre dolorosamente replegado; este dolor, decía, no se exterioriza, sin embargo, en el menor rasgo de violencia en el rostro ni en el conjunto de su actitud. Laocoonte no profiere los horrísonos gritos de aquel sacerdote al que cantó Virgilio: la abertura de la boca no lo permite; se trata más bien de un gemido angustioso y acongojado como el que describe Sadoleto en De Laocoontis Statua. El dolor del cuerpo y la grandeza del alma están repartidos, y en cierto modo compensados, con el mismo vigor por la entera estructura de la figura. Laocoonte sufre, pero sufre como el Filoctetes de Sófocles: su miseria nos alcanza hasta el alma, pero desearíamos poder soportar la miseria como este gran hombre.
Laocoonte y sus hijos es la adaptación en mármol de un original de bronce del comienzo del siglo II aC. El original sólo lo habrían formado dos figuras, porque en el relato mitológico griego Laocoonte aparecía únicamente con uno de sus hijos; probablemente el segundo hijo estuvo añadido para hacer coincidir la escena con la narración que Virgilio hace en la Eneida.



En cuanto al  contexto histórico pertenece al periodo helenístico. Conquistada Grecia por Felipe de Macedonia y ampliadas sus fronteras gracias a las conquistas de Alejandro el Grande, los ideales griegos se transformaron, con las nuevas aportaciones provenientes de Oriente, a la vez que su centro de referencia se amplió y se transformó debido al peso que imprimían los nuevos centros helenísticos como Alejandría, Rodas, Pérgamo y otros muchos. Si el helenismo significaba nuevos valores culturales y estéticos también significaría la difusión del legado griego a lugares muy lejanos en la geografía y en el tiempo, a través de los romanos que, al asimilar estos valores, los difundieron también a Occidente a través de sus conquistas.
Laocoonte y sus hijos es la escultura más importante de la escuela de Rodas, que destacó durante el periodo helenístico y que produjo obras emblemáticas, como la victoria de Samotracia.
El arte helenístico, caracterizado por su teatralidad a la hora de expresar las acciones y su preferencia por el movimiento y por la grandiosidad. Su descubrimiento contribuyó a modificar la idea de serenidad y mide que se tenía al Renacimiento sobre la antigüedad griega.


Laocoonte y sus hijos, por Giovanni Antonio da Brescia, 1506-1508, Grabado, Londres, British Museum

El tema es un episodio muy conocido de la guerra de Troya explicado por Virgilio: Atena envió dos serpientes al sacerdote Laocoonte como castigo por haber desafiado el destino, al advertir a los troyanos de la trampa que los griegos les habían introducido en la ciudad dentro del caballo. Este grupo escultórico representa el desenlace y la culminación de la historia de Laocoonte, en el momento que las serpientes caen sobre el sacerdote y sus hijos. Aquí se manifiesta la predilección del helenísmo por el movimiento aplicado a un instante, a un episodio fugaz donde se concentra y se llega al máximo esfuerzo o dolor. Este momento de agonía se refleja en la tensión con que se dibujan todos los músculos de Laocoonte.
Estas obras servían para ser colocadas en lugares estratégicos,se podrian considerar como piezas de colección ya en el periodo helenístico.



sábado, 27 de abril de 2019

VENUS DE WILLENDORF


Tiene mas de 25.000 años de existencia y hace tán solo cien,  cuando fué encontrada a orillas del Danubio;levantó todo tipo de conjeturas debido a sus marcados atributos sexuales que los expertos no tardaron en relacionar con el concepto de fertilidad.
Pero durante todo este tiempo esta figurilla (conocida la Venus de Willendorf) ha planteado numerosos enigmas a todo aquel que haya  profundizado en su estudio.
La Venus de Willendorf, una pequeña estatuilla de piedra caliza encontrada hace más de cien años a orillas del Danubio en Baja Austria, cerca de Krems, el arqueólogo Josef Szombathy pero sigue siendo una enigma para los expertos y alimentando la investigación arqueológica en el lugar del hallazgo.
La figura, a la que se dió el nombre de Venus por sus formas muy femeninas, elaborada con instrumentos de piedra de fuego, y que hoy constituye el objeto de exposición más destacado del Museo de Historia Natural de Viena, tiene más de 25.000 años.la estatua correspondiente a la Venus de Willendorf, un reconocido modelo de la belleza paleolítica del período Aurignaciense realizado en piedra caliza, que se encuentra en el Museo de Historia Natural de Viena, la misma presenta un cuerpo con un exceso de grasa corporal en su parte superior, representada con un gran desarrollo mamario y un vientre prominente interpretados como una situación típica de embarazo, y por eso estas y otras esculturas pertenecientes a esa época se les ha relacionado con el culto a la fertilidad.
Durante 90 años, la mujercita desnuda, regordeta, con pechos y la barriga prominentes y pintada originalmente en rojo, descansó en una caja fuerte, hasta que en 1998 se mostró por primera vez al público en una exposición sobre arqueología en el palacio de Schonbrunn de Viena.
Su importancia, según los arqueólogos austríacos, se deduce de que su descubrimiento fue anterior al de otras figuras parecidas, halladas en los años 20 y 30 del siglo pasado en el Pirineo francés, Moravia y Rusia, por haber quedado completa y porque se podía atribuir inequívocamente a un época determinada.
Según reveló Bence Viola del Instituto de Antropología de la Universidad de Viena, coordinador de las excavaciones actuales, el hallazgo de la figurita de 11 centímetros de alto con ocasión de unas obras para una línea de ferrocarril fue ‘el más espectacular pero no el más relevante desde el punto de vista científico’.
Desde que fue descubierta, en 1908, sólo se ha trabajado esporádicamente en la investigación arqueológica del lugar del hallazgo, a pesar de que ofrece perspectivas sumamente interesantes como ‘archivo del clima prehistórico’ y porque permite indagar la evolución durante un periodo de 35.000 años.
En 2006 se reanudaron las investigaciones multidisciplinarias en el lugar con la ayuda de biólogos, geólogos e investigadores de otras especialidades; se centran ahora en capas más antiguas del terreno.
Según el investigador, los estratos de un perfil de cinco metros de largo con sedimentos de loess que en sus capas más antiguas tienen una antigüedad de hasta 60.000 años y, las más recientes, de 24.000 años, constituyen un fenómeno único en Europa Central.
A raíz de ellas se descubrió que en la Europa de hace 40.000 años se produjeron unos cambios gigantescos, de tipo biológico, porque el hombre moderno relevó al de Neandertal, y de tipo cultural, porque surgió una tecnología nueva de elaborar herramientas que inauguró el paleolítico superior.
Por los objetos encontrados de esa época hubo que revisar las ideas sobre el hombre de Neandertal, porque se descubrieron joyas, instrumentos hechos de hueso así como vestigios de técnicas para obtener material de piedra atribuibles a esa especie que anteriormente se consideraban exclusivamente del hombre moderno.
Para responder a las preguntas suscitadas con ello, los investigadores están en busca de herramienta y, según Viola, ‘sería magnífico si se encontrasen restos humanos’, porque entonces se podría esclarecer con toda facilidad quién usó cuándo qué tecnología.
En el lugar de las excavaciones de Willendorf se encontraron un total de nueve capas de culturas diferentes con herramienta de piedra y restos de varios campamentos de cazadores de la Edad de Hielo que vagaban por la zona.
Según Walpurga Antl-Weiser del Museo de Historia Natural de Viena, los hombres prehistóricos cazaban el mamut, el rinoceronte lanudo, el caballo silvestre, el reno, el capricornio, el zorro y el lobo en un paisaje de estepa.
Los científicos creen que unos grupos de entre 15 y 25 hombres solían quedarse en esos campamentos durante varios meses al año, ante todo en invierno, emprendiendo desde allí unas ‘expediciones’ para buscar materiales, coleccionar frutos y dedicarse a la caza.
El análisis de los sedimentos ha dado indicios sobre el clima frío en el Paleolítico; además se encontraron fósiles de más de 50 caracoles diferentes, lo que indica que hubo intervalos menos fríos y muchas oscilaciones.
La ciencia no tiene tan clara la importancia de la Venus de Willendorf para la cultura de entonces y se distancia más bien de las interpretaciones frecuentes que la presentan como símbolo erótico, de fertilidad o como una diosa.
Los expertos no saben todavía dónde fué elaborada la Venus , ni de dónde procede la piedra de la que se hizo, pero los descubrimientos de estatuas parecidas en numerosos lugares de Europa hacen pensar que representaban una idea generalizada por todo el continente.