viernes, 6 de marzo de 2020

EL CODEX VALLARDI Y PISANELLO


El Codex Vallardi es una colección de dibujos de Pisanello y su círculo adquirido por el Louvre en marzo de 1856 al anticuario milanés Giuseppe Vallardi.


En marzo de 1 856 un editor Milanes, Giuseppe Vallardi, vende 378 placas de dibujos considerados en el momento como hechos por la mano de Leonardo da Vinci. Esto se desprende de sus hojas, a veces dibujadas por la parte delantera y trasera, que eran probablemente parte de uno o más libros de los modelos utilizados por los estudios de los artistas. 


Después de una revisión exhaustiva del álbum, el especialista de dibujos y calcografía, Frédéric Reiset reasigna más de 250 de estos dibujos a Pisanello.


Pisanello (1395 a 1456) fue medallista y un codiciado pintor italiano durante el comienzo del Quattrocento.Fue uno de los primeros renacentistas en el Quattrocento italiano, reconocido, aclamado por poetas como Guarino de Verona y alabado por los humanistas que lo compararon con nombres tan importantes como Cimabue , Fidias y Praxíteles.


De 1415 a 1420, Pisanello fue ayudante del gran Gentile da Fabriano de quien es muy probable que adquiriera su refinado delicado y detallado estilo. Los frescos en el Palacio Ducal de Venecia, en el que trabajaron juntos, desaparecieron, al igual que los frescos de la Basílica de San Juan de Letrán y los palacios de Mantua y Pavía.


Es reconocido por sus magníficos y resplandecientes frescos sobre enormes murales, pero también por sus pequeñas pinturas de caballete y por dibujos, de los que se conserva una considerable colección.


Estos dibujos, son considerados joyas del quatroccento, proporcionando datos de los atuendo de la época, incluyendo sombreros espectaculares.


Hoy en día es famoso por sus hermosas representaciones de animales. La gran mayoría de las restantes obras de este artista son un efecto poblado de animales: la Madonna con la codorniz (Verona, Castelvecchio museo) con sus pájaros.


La Visión de san Eustaquio (National Gallery, Londres) con el caballo de St. Eustaquio , venados, perros y aves diversas.


San Jorge y la princesa (Verona, iglesia Santa Anastasia), con sus caballos y perros ... pero esta reputación se debe en gran medida a los dibujos del códice de Vallardi. Una gran mayoría de estos dibujos están en representaciones animales informativas y preparativas.

El caballo parece ser el animal favorito de pintor. Representa todos los ángulos con un estilo que se distingue por su sencillez y economía de medios. El resultado es de un impresionante realismo como se muestra en todas las imagenes que fuí exponiendo. La mayoría de los dibujos de Vallardi Codex son estudios preparatorios para obras de gran formato. 


En 1422, se le situa en Mantua al servicio del joven Ludovico Gonzaga, y consta que continuó trabajando para la familia Gonzaga hasta la década de 1440.
Giorgio Vasari, afirma que Pisanello también trabajó en el taller de Andrea del Castagno en 1456.
A diferencia de sus contemporáneos, sus dibujos no son borradores para futuros cuadros, son obras de arte autónomas. Él compiló varios libros de dibujos, estudios detallados y exactos de la fauna y flora dibujadas con un naturalismo poético.Fue así mismo un brillante medallista en la primera mitad del siglo XV.
Trabajo  para el Duce de Venecia, para el Papa, en el Vaticano, para los tribunales de Verona, Ferrara, Mantua, Milán, Rimini, y para el Rey de Nápoles.
Durante años, muchas de sus obras fueron atribuidas de forme errónea a otros pintores, como Piero della Francesca, Alberto Durero y Leonardo da Vinci. La mayoría de sus cuadros han desaparecido, sin embargo una buena parte de sus dibujos y medallas han sobrevivido.


Viajó a varias ciudades de Italia. Pasó una temporada en Florencia; período en el que pintó dos retratos importantes: el del “Emperador Segismundo”, actualmente en el Museo Kunsthistorisches de Viena, y “Retrato de un hombre”, en el Palazzo Rosso, de Génova.
Tras una estancia en Milán de 1440 a 1441, regresó a Ferrara en 1441; pintando en esa época su retrato más aclamado, el de Lionello d’Este, actualmente en la Accademia Carrara, de Bergamo. Su Virgen y los santos Antonio y Jorge, actualmente en National Gallery, de Londres. El fresco impresionante ciclo de escenas de guerra y caballería en el Palazzo Ducale di Mantova, en Mantua es probablemente de 1447.

Portrait de Lionello d'Este

Del trabajo Pisanello se conservan actualmente obras en Roma, Venecia, Verona, Pistoia y dos en la National Gallery de Londres: “La Visión de San Eustaquio” y “La Virgen y el Niño con San Jorge y San Antonio Abad”. Muchos de sus dibujos se pueden encontrar en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, Italia, y en el Museo del Louvre de París.

jueves, 5 de marzo de 2020

JOAQUÍN SOROLLA Y BASTIDA



Nació en Valencia, en 1863. Inició su aprendizaje artístico en 1877 con el escultor Cayetano Capuz para después formarse en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos. Desde su juventud se interesó también por la pintura al aire libre, con la que trataba de captar la luminosidad mediterránea, tanto en la huerta valenciana como en la playa, al igual que hicieron los impresionistas franceses. Completó su educación en París y Roma y, tras volver a España, en 1890, se afincó en Madrid, donde empezó una trayectoria jalonada de éxitos, premios e importantes encargos. Entre sus temas preferidos destaca su dedicación al paisaje levantino, de ambiente costero, siempre con presencia humana, que plasma con un protagonismo absoluto de la luz. Murió en Cercedilla (Madrid), en 1923.


 EL BOYERO CASTELLANO
Obra realizada por Sorolla con motivo del proyecto titulado “Las regiones de España”, encargado por Archer Milton Huntington, para decorar la Biblioteca de The Hispanic Society of América de Nueva York. Sorolla da a la región de Castilla un gran protagonismo por considerar que vertebraba la geografía e historia de España. Antes de realizar el gran panel “Castilla. La fiesta del pan”, realiza una serie de estudios al óleo, con figuras de tamaño natural, representando a los distintos tipos regionales, que son un verdadero testimonio de la labor antropológica llevada a cabo por el pintor.
El boyero castellano es uno de los bocetos más imponentes por su intensidad pictórica. Su autor lo colocaría en el panel definitivo tras el grupo de los niños que centran la escena, aunque suprimiendo la figura del boyero. En su ejecución mantiene los principios lumínicos y naturalistas que definían hasta entonces su pintura
.


CHICOS EN LA PLAYA
Es una de las escenas cargadas de luz propias de Sorolla que marcaron definitivamente la estética que hizo tan popular a este artista.
Sorolla conjuga en esta pintura dos temas que fueron objeto de su atención en numerosas ocasiones: los niños y la playa. El color abordado con un exquisito análisis es otra de las características de sus pinturas de exteriores, y en este ejemplo sobresalen los matices del sol, del mar o el pelo rubio del chico en el centro de la composición, cuyo color se confunde con el de la cálida arena. La pincelada larga da a la pintura una gran expresividad propia también del conocido como “pintor de la luz”.

 PASEO A LA ORILLA DEL MAR

Obra culmen en la etapa de madurez de Sorolla en la que representa a su mujer y a su hija mayor creando un espectáculo de elegancia en la pose, la actitud y la indumentaria.
El gran formato, la osadía compositiva y la libertad expresiva de las que hace gala Sorolla son un reflejo del éxito alcanzado por este artista.
Con un ligero picado en el punto de vista, elimina la línea del horizonte y crea el agua y la arena a través de largas pinceladas azules, malvas y verdes turquesa. La brisa que se percibe en el ondular de los vestidos y de sus adornos de gasas intensifica la impresión de fugacidad momentánea en la toma. A esto contribuye (como es frecuente en la obra de Sorolla) el “encuadre fotográfico”, con el marco cortando la pamela de una de las figuras.
Esta obra responde al género conocido como el “paseo elegante”, protagonizado por personas acomodadas que se acercan a la orilla del mar. 
 GRUPA VALENCIANA

Por la representación de identidad de lo valenciano, este cuadro de Joaquín Sorolla es especialmente significativo entre las más de 40 obras del autor que se exponen en el museo.
En esta obra Sorolla retrata a sus hijos, Joaquín y María, ataviados con el vistoso traje típico de fiesta de los labradores valencianos. El atuendo, junto al caballo ricamente enjaezado y la frondosidad de la vegetación, dan el tono barroco y de luminosidad que tanto éxito tuvo en la sociedad de su época.
La temática, el colorido y el valor evocador de su tierra natal fueron utilizados por Sorolla para otros encargos como, por ejemplo, el panel de Valencia para la decoración de la Hispanic Society of America en Nueva York.
CLOTILDE SENTADA EN EL SOFA

Retrato burgués propio de la época realizado a la mujer del propio artista.
Clotilde del Castillo fue un motivo frecuente de inspiración para Sorolla. La representó de diversos modos, aunque siempre emanando afecto y admiración. En algunos casos aparece como una mujer hacendosa; otras veces lo hace como madre que acompaña a sus hijos.
Éste es el retrato más elegante de Clotilde del Castillo. Aparece como una mujer refinada, fiel reflejo del estatus social alcanzado y, por extensión, espejo del éxito artístico de su marido.
Sorolla tiene presente en su realización los retratos de alta sociedad de John Singer Sargent. El punto de vista elevado que emplea en la composición parece pensado para su ubicación en el salón de la Casa Sorolla, para ser contemplado desde la meseta superior de la escalera principal.
 EL BAÑO DEL CABALLO

Es uno de los cuadros más populares del artista y en él se ve al Sorolla más conocido, el de la sinfonía de blancos y azules.
Pertenece a la serie de escenas de la playa de El Cabañal de Valencia, realizadas por el pintor en 1909.
Compositivamente, muestra un recurso muy frecuente en la producción de Sorolla. El punto de vista se sitúa a la altura del joven que protagoniza la escena, pero el objetivo parece inclinarse. Con ello, la atención del espectador se centra, la mirada queda atrapada en la superficie del lienzo y se mueve impulsada por los reflejos de luz y la línea ondulante que crea el agua en la orilla.
Sin duda, a Sorolla le interesa mucho más lo que ocurre en el suelo que en el cielo. La orilla está llena de efectos con interés visual: los cuerpos brillantes por la piel mojada, la lámina de agua que hace de la arena un espejo, los reflejos de la luz en el agua inquieta y las sombras. 
 LA BATA ROSA


Obra de madurez de Sorolla que tambien justifica su sobrenombre: “el pintor de la luz”

Óleo trabajado a grandes brochazos certeros, toques de pincel cuya velocidad parece perseguir la fugacidad del instante lumínico. 
La potencia física y la naturalidad de las figuras transmiten el optimismo del pintor y su confianza en el pueblo llano como motor regenerador y evolutivo del país. A esta realidad nos guía Sorolla con un acercamiento en el que prima el mismo naturalismo instantáneo, sincero y directo con el que trata de apresar en los pinceles los efectos lumínicos que ofrece a nuestra mirada.

 LA HORA DEL BAÑO

Obras como ésta con escenas de playa son las que dieron al artista mayor fama por su capacidad para trabajar la luz y el movimiento.
Este tipo de escenas constituye la aportación más personal de Sorolla y en ellas exhibe su virtuosismo para representar el más móvil de los escenarios posibles: el agua, siempre en movimiento, con transparencias, reflejos, reverberaciones…
La elección de un punto de vista alto que suprime el cielo y el horizonte es sin duda un recurso para evitar el deslumbramiento y analizar mejor los matices del color en que se descompone la luz cegadora de la playa: blanco, rosa, malva, azul. 



  LA SIESTA


Refleja uno de los momentos de ocio familiares que son frecuentes en la pintura de Sorolla. En él se permite una gran libertad expresiva y da muestras de avanzada modernidad.
Este tipo de pinturas fueron concebidas por Sorolla casi expresamente como obras propias, lienzos no destinados al mercado sino pensados para el ámbito de su intimidad. 
“La siesta” es una muestra de la calidad del pintor en un momento de plena madurez. Con un punto de vista en pronunciado picado, esta obra fue pintada durante la estancia veraniega de la familia en San Sebastián. Las cuatro figuras pertenecen a la mujer del pintor, sus dos hijas y una prima de éstas. La distribución de las mismas y el ritmo ondulante de las pinceladas componen una escena dinámica.
La escena se compone a base de largos brochazos en la zona del césped, mientras que en las figuras recurre a una pincelada cargada para acentuar el volumen de los rostros y los pliegues de sus vestidos
.
 AUTORRETRATO

 Composición depurada, sin apenas referencias espaciales concretas y que toma como referencia el retrato velazqueño.
El pintor se autorretrata de busto prolongado y mira al espectador con gesto inquisitivo y penetrante. Los lienzos en las paredes configuran y llenan el espacio y, con ellos, el artista se reivindica como pintor.
La presencia de un lienzo vacío a la derecha de la composición constituye, probablemente, un homenaje a “Las Meninas” de Velázquez y al oficio de pintor. Siguiendo esta línea, Sorolla recupera la tradición del Siglo de Oro de la paleta cromática oscura, sobria pero brillante en determinados puntos, como la cabeza o el cuello de la camisa.
El formato apaisado es innovador. Sorolla recurre a él en muchos de los retratos dedicados a personajes por los que siente especial admiración intelectual o que forman parte de su intimidad.

https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/sorolla-y-bastida-joaquin/cd8aad63-b518-4278-914c-2aa033df0f24
https://www.arteespana.com/joaquinsorollaybastida.htm
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/sorolla.htm
https://es.wikipedia.org/wiki/Joaqu%C3%ADn_Sorolla
https://www.todocuadros.es/pintores-famosos/sorolla/

miércoles, 4 de marzo de 2020

GEORGES DE LA TOUR



 “Entréme donde no supe,
y quedéme no sabiendo.”
(Juan de la Cruz)

La historia del pintor francés George de La Tour (Vic-sur-Seille, 1593 - Luneville, 1652) supone una paradoja en el mundo del arte: gozó de reconocimiento en vida pero durante décadas cayó en un olvido absoluto y fue “redescubierto” al mundo por un grupo de investigadores a principios del siglo XX, aunque siguen existiendo muchas lagunas sobre su vida y obra.
De La Tour está valorado como uno de los artistas más importantes del siglo XVII en Francia, por su personalísimo estilo y su dominio de la luz que situaba en un punto concreto creando atmósferas únicas que irradian emoción.

Campesinos comiendo guisantes

Su caída en el ostracismo se debe, en parte, a que muy pocas de sus obras estaban firmadas y datadas, e incluso se atribuyeron por su características a autores españoles como Zurbarán o un joven Velázquez o a la escuela flamenca.

Tañedor de zanfona con perro

Su mirada inconfundible se aprecia en todas sus creaciones. En una primera etapa, De La Tour cae fascinado por los personajes humildes de los bajos fondos como mendigos harapientos, prostitutas y músicos callejeros, a los que retrata con un realismo muy preciso en los detalles.

Job y su mujer

Reviste sus vidas de dignidad en unas impactantes escenas que a su vez muestran violencia, y la desolación de la pobreza más extrema. Estas obras están encuadradas en las calificadas como “pinturas diurnas”.
                                                'El tramposo del as de tréboles'

En este viaje de experimentación, la técnica del pintor evoluciona y se centrará en cuadros de matiz más canallesco como Los tramposos, de los que realiza diferentes réplicas y versiones, a veces de forma obsesiva, en los que incorpora diferencias sutiles sobre un mismo tema.

St. Thomas 

Los tipos físicos retratados se van dulcificando en sus pinceladas. La crudeza de sus mendigos de los primeros tiempos contrasta con la delicadeza que exhibe en sus austeras pinturas de temática religiosa.


Saint Philippe
Destacan por su sobriedad y apenas ofrecen motivos sagrados que den pistas sobre su contenido. Los ángeles de De La Tour no tienen alas, y sus santos carecen de halo. La crítica francesa lo denomina “religiosidad laica”: obras en las que el autor humaniza a los personajes divinos, en palabras de Andrés Úbeda, (jefe de pintura italiana y francesa del Museo del Prado).
Ciego tocando la zanfona

La obra del artista francés alcanza la cumbre con sus “pinturas nocturnas”. Su captura de la luminosidad, herencia de Caravaggio, le sitúa a la altura de los maestros tenebristas del Barroco.


Riña de musicos (detalle)

Sus célebres “noches” son monocromas y tienden al geometrismo. Componen conjuntos conmovedores, en los que la luz parte de un punto concreto como una vela, casi siempre, o un brasero. Un ambiente mágico en el que personajes aparecen inmersos en la reflexión, la soledad y el silencio. Es la impronta personal de un autor enigmático que nació al universo del arte hace apenas cien años.
San Jose y Jesus


Se le relaciona más con los tenebristas holandeses de la escuela de Utrecht, sobre todo con Gerard van Honthorst. En sus cuadros, el origen de la luz es concreto: una vela, una bujía, una antorcha u otra forma de luz artificial, mientras que en las obras de Caravaggio, la luz emanaba de un origen impreciso.


El recien nacido

Practicó un estilo muy personal, con composiciones equilibradas y rigurosas, casi geométricas. Realizó sobre todo temas religiosos y escenas de género, todos ellos con un mismo estilo, tanto así que en algunos cuadros no es fácil distinguir si se trata de uno u otro, sirva como ejemplo “El recién nacido”, que no se sabe si representa en realidad La Natividad.

Magdalena penitente
Entre los temas religiosos, pintó con preferencia santos asociados a la peste, especialistas en prevenir el contagio, de ahí sus varias representaciones de San Sebastián. No se le conocen retratos, prefirió representar a la gente humilde, sobre todo figuras femeninas serias, contenidas, piadosas, mujeres que curan heridos, jóvenes madres con niños, y varias versiones de la Magdalena. 

El pago de los tributos

Entre 1625 y 1630 pasó un periodo de prosperidad, con abundante demanda de su trabajo, y numerosos aprendices. Sin embargo al iniciarse la década de 1630, las guerras que se sucedían entre la región de Lorena con Francia y Austria, hasta el punto que el ejército imperial francés devastó su tierra en varias ocasiones.

Saint Jacques le mineur

Entre 1631 y 1635 padecieron los efectos de la Guerra de los Treinta Años, que dieron lugar a una época convulsa y dramática, con revueltas, rapiñas de los milicianos, rebeliones, un pavoroso incendio en Lunéville, en 1638 y varias epidemias, entre ellas, la peste.

Sueño de San Jose

Sobre 1639 es probable que viajara a París, ya que en un documento de la época es mencionado como “pintor oficial del rey” Luis XIII. En 1643, regresó a Lunéville; desde ese año y hasta su muerte pintó un cuadro cada año en nombre de la ciudad de Lunéville para el gobernador de la Lorena, el mariscal de La Ferté. 
La miseria (detalle)

Otros coleccionistas célebres, como el cardenal Richelieu, el superintendente de finanzas Claude de Bullion, el arquitecto Le Nôtre e incluso Luis XIII, compraron obras suyas. 



martes, 3 de marzo de 2020

BEATRICE ROMAINE BROOKS


Nació en Roma, Italia, el 1 de mayo de 1874. Nacida Beatrice Romaine Goddard, tuvo una infancia muy difícil que marcó posiblemente el resto de su vida.

Se supone que su juventud no lo fue menos al ser la primera y única mujer en estudiar en la Academia de Arte en Roma, donde fue humillada, acosada y ridiculizada, además de pasar por duros momentos económicos. Contrajo matrimonio con el pianista John Ellington Brooks. Este matrimonio no duró más de un año. Después de su divorcio se cortó el pelo y comenzó a vestir ropa de hombre.



Al morir su madre heredó una fortuna y se fue a París, en donde desarrolló su actividad artística y en la que convivió durante 50 años con la escritora Natalie Clifford Barney a quien apodaban “la amazona”. Se dedicó fundamentalmente al retrato y centró su obra en la búsqueda de la belleza del cuerpo andrógino. Su obra está muy influenciada por el simbolismo. Su paleta es simple y austera, blancos, negros y grises que dan un tono dramático y frío a sus, ya bastante hieráticos, modelos. Fue también muy buena dibujanta.


En la época parisina tuvo bastante éxito y en 1920 recibió la medalla de la Legión de Honor del Gobierno de Francia. Le llegó el éxito artístico en 1925, año en el que expuso en numerosas ocasiones.Pero poco después cayó en el olvido.


Después de recibir la medalla de la Legión dejó París junto a Natalie Barney. Juntas construyeron dos casas unidas por una pieza en común, algo que ella consideraba su sueño y juntas trabajaron en un libro en el que se incluían ilustraciones de Brooks.
Más tarde y tras varias infidelidades de la escritora, terminaron la relación. Brooks murió sola en 1970 en el Sur de Francia cuando contaba 96 años.


Su especialidad fue el retrato, utilizando colores tenues en su paleta, en la que dominaban los grises.
Ignoró las tendencias de la época, como el fauvismo y el cubismo, sin embargo se dejó influir por el simbolismo y los movimientos estéticos del siglo XIX, especialmente por las obras de James McNeill.



En sus retratos plasmó tanto a personajes de la nobleza y aristócratas como anónimos, en los que se dejan entrever la personalidad de sus respectivos modelos.



Retratos que en con frecuencia eran  inquietantes, y sus mujeres de aspecto andrógino o masculino, como ejemplo, su autorretrato de 1923, su cuadro más difundido.




Su obra más conocida, además del autorretrato anteriormente citado, es posiblemente “Miss Natalie, Barney -L’Amazone”, retrato que hizo en 1920, a la entonces su amante Natalie Clifford Barney. 



Aunque vivió hasta 1970, su obra es escasa después de 1925.En la década de 1930 realizó una serie de más de 100 dibujos de seres humanos, ángeles, demonios, animales y monstruos, todos formados de las líneas curvas continuas. 
Tras estos dibujos, prácticamente abandonó el arte, realizando un único retrato después de la Segunda Guerra Mundial.


Fueron varias las circunstancias que posiblemente se conjugaron para esta “desaparición” de Brooke. Por un lado, la factura de su pintura marcadamente simbolista le dejaba un poco fuera de la “moda” impresionista del momento. Otro factor importante fue su posición económica que le permitía vivir fuera de la profesión de pintora y por lo tanto del mercado del arte y por supuesto su condición de mujer y además mujer que fue encasillada como feminista. Sus modelos travestidos eran como un anuncio de su relación lésbica o bien de su ambigüedad. Todo ello hizo que su obra fuera más fácilmente olvidada y relegada a pesar de haber tenido su momento de éxito.


Después de una corta popularidad a principios del siglo XX, “desapareció”. Fue a partir de una donación de su obra en los años 60 al Museo Nacional de Washington, cuando se volvió a hacer “visible” la obra de esta pintora totalmente singular. Sobre todo, como es habitual, fue con la antológica que se le dedicó un año después de su muerte, en 1971.


Aquí, en nuestro país pienso que aún era menos conocida. Fue en el año 2008, en la exposición que llevaba por título “Amazonas del Arte nuevo”  que reunía la obra de muchas y muy buenas artistas, cuando tuvimos ocasión de admirar su obra. Era precisamente su lienzo de gran formato
“Femme avec des fleurs” el que nos recibía a la entrada de la Fundación...