viernes, 24 de enero de 2020

HISTORIA Y ARQUITECTURA PRERROMÁNICA ASTURIANA


Es importante tener en cuenta que, durante la monarquía visigoda, por primera vez los habitantes de la península ibérica habían dejado de depender de una potencia exterior, que además se había conseguido la unificación de todo el territorio peninsular y que, desde la conversión de Recaredo al cristianismo, existía un buen nivel de integración social y religiosa aunque en el plano político hubiera muchos problemas. Todo lo que conocemos sobre los nuevos reinos cristianos nos indica que su objetivo, sobre todo en el caso del originado en los Picos de Europa a partir de la batalla - o más bien escaramuza - de Covadonga, era la reconstrucción de esa monarquía visigoda, lo que significaba liberarse de la nueva dependencia de un pueblo extranjero, y la recuperación de todos sus territorios. El éxito a la larga fue evidente, hasta el punto de que si comparamos el mapa de la España Visigoda a fines del siglo VII y el de la España de Felipe II, en el momento de mayor apogeo del Imperio Español después de nueve siglos de reconstrucción, nos encontramos que son prácticamente idénticos. En ambos casos el territorio estaba formado por toda la península ibérica y una parte muy semejante del sur de Francia.

Al producirse la invasión árabe, los hispano-romanos, acostumbrados a vivir bajo dominación extranjera durante casi un milenio, se adaptaron sin demasiados problemas a la nueva situación ya que los árabes les trataron con una gran tolerancia, pero una parte importante de los godos pudo escapar y refugiarse en las montañas del norte formando, con la colaboración de los pueblos autóctonos que siempre habían demostrado su espíritu de independencia ante los sucesivos conquistadores de la península, dos núcleos de resistencia, uno en Asturias y otro en Cantabria y en ambos casos dirigidos por la nobleza visigoda, que se fusionaron casi inmediatamente mediante alianzas matrimoniales y crearon la monarquía asturiana. Esta monarquía se definió desde el principio como continuación de la visigoda y en los primeros tiempos fue también electiva, entronizando siempre como reyes a personas a las que se podía atribuir una genealogía, no siempre demostrada, como descendientes de las familias reales visigodas. De acuerdo con el mismo objetivo, también hizo todo lo posible como se dice en el Cronicón por restablecer las estructuras sociales, religiosas y administrativas existentes en el desaparecido reino visigodo; por ejemplo se mantuvo la misma forma de reparto de las tierras sin dueño reconquistadas, algo que influyó de forma muy significativa en toda la organización social y política española en los siglos posteriores. Será fundamental tener en cuenta esta vocación de continuidad, que fue la base de la monarquía asturiana, a la hora de analizar las características del arte que se desarrolló en los dos primero siglos de la Reconquista.
Estatua de Pelayo, en Cangas de Onís, Asturias © Zaratema

Dentro de este proceso continuado de "Reconquista", es decir de recuperación de todos los territorios perdidos ante la invasión árabe, se considera Arte Prerrománico Asturiano al conjunto de manifestaciones artísticas que se produjeron entre el año 722, fecha no confirmada de la batalla de Covadonga, y el 910, año en que, a la muerte de Alfonso III el Magno, su hijo Ordoño II traslada la corte a León. En esta fecha ya ha aparecido una nueva corriente artística, el llamado "Arte Mozárabe", generada por los cristianos que, viviendo hasta entonces en territorio árabe, comienzan a emigrar a las zonas reconquistadas trayendo con ellos, además de un renovado espíritu visigodo que habían mantenido durante los doscientos años de dominación, un importante bagaje de nuevos conocimientos artísticos y técnicos aprendidos en Al-Andalus.

A lo largo de estos dos siglos, el pequeño reino que sólo ocupaba la parte más escabrosa de los picos de Europa fue extendiéndose, primero por toda Asturias y Cantabria, luego por Galicia, que adquirió gran importancia a partir de la "invención" del sepulcro del Apóstol Santiago y el comienzo de la leyenda de "Santiago Matamoros" y de las peregrinaciones a Compostela, y finalmente por Portugal, León, las provincias vascongadas y Castilla hasta ocupar prácticamente todos los territorios al norte del Duero. Al mismo tiempo su capital, y por lo tanto sus nuevas edificaciones religiosas y civiles, fueron trasladándose desde la inicial en Cangas de Onís, primero a Pravia luego a Oviedo, diseñada y construida a imagen y semejanza de la Toledo áulica, y finalmente a León cuando Oviedo resultó demasiado lejana y poco accesible para el control y la defensa de los nuevos territorios. 
Es en el antiguo Regnum Asturorum, en el año 722, y bajo el famoso caudillo Pelayo, donde se inicia la Conquista Cristiana, más conocida como Reconquista.Conquista sí pues los musulmanes dominaban toda la península ibérica desde 711. La historiografía nos cuenta que se inicia venciendo en la Batalla de Covadonga, lugar cercano a Cangas de Onís, actual Asturias. Y es ahí mismo donde se forma un reino, un pequeño dominio que anhela el pasado feudo visigodo de Toledo. Sí, es el mundo visigodo  el espejo donde estos astures deciden mirarse. Hay que recordar que los Carolingios no dominan toda Europa. Las Islas Británicas y este Reino Astur son independientes, aunque mantienen buenas relaciones.

Dentro de las dificultades que, existen para el estudio y catalogación de casi todos los monumentos prerrománicos españoles, en el caso del Prerrománico asturiano se han aceptado generalmente tres premisas que permiten, quizá de una forma excesivamente simplista, definir a una edificación como incluida dentro de esta fase.
Una vez formada dicha monarquía, ésta se divide en tres etapas:
1- Una de inicio y arraigo (722-842), con la batalla mencionada al principio y con el final del reinado de Alfonso II como consolidación.
2- Le sigue la llamada de esplendor bajo los reyes Ramiro I y Ordoño I (842-866).
3- La última es conocida como periodo del reino astur (866-910), durante el reinado de Alfonso III el Magno, último monarca del Reino de Asturias (formándose así el Reino de León).

Detalle de uno de los miradores de la iglesia Santa María del Naranco, con sus columnas con fustes estriados
Introducción a la arquitectura prerrománica asturiana, características generales
Durante estos periodos se forma, gracias a los contactos con los francos e itálicos en lo político y comercial, un arte astur con elementos del arte visigodo, del bizantino y del arte romano tardío. No hay que olvidar elementos locales, como las columnas soguedas y los contrafuertes estriados. Por último, sobre esta primera etapa, decir que lo común en su arquitectura es el ábside rectangular coronado por una ventana, además de mostrar templos con dimensiones reducidas y de emplear el alfiz, típico de la arquitectura hispanoárabe.


Ábside de la Iglesia de San Julián de los Prados 
La Iglesia de San Julián de los Prados o Santullano es el ejemplo más destacado de la conocida como primera fase. Situada a las afueras de Oviedo, se estudia como una abadía. De hecho, el templo se dedica a una comunidad monástica, y es que Alfonso II que fue quien la mandó levantar, la utilizó como lugar de retiro, usando una tribuna para la oración..

Interior, nave central, San Julián de los Prados 

Amplia y luminosa, a pesar de pertenecer a una época histórica conocida como oscura, nos encontramos ante una iglesia de planta basilical con tres naves, la central más alta y ancha, con cabecera tripartita y amplia nave-transepto (igual de ancha y alta que la central) con dos sacristías a los lados. La separación de naves se da a base de arcos de medio punto construidos en ladrillo (poco a poco sustituido dicho material por la piedra) que se levantan sobre pilares cuadrados. Un muro que muestra el arco del triunfo más dos ventanas separan la nave-transepto de la central. Esta planta, basilical con transepto, ya se ve en el arte visigodo, y se considera como referente la Iglesia de San Juan de Baños.

Detalle de las pinturas murales de San Julián de los Prados
Interesantes son las pinturas murales de su interior, descubiertas a principios del siglo XX, pues suponen uno de los pocos vestigios pictóricos de la época. También son interesantes por el aniconismo, es decir, que no vemos figuras de animales ni humanas (la divinidad, por ejemplo, es representada con una cruz). Su técnica, al estuco, y su iconografía, vegetal-geométrica, recuerda la pintura romana. Destacan, sobre todo, las figuras geométricas: círculos, cuadrados y hexágonos. Las gamas cromáticas también son un referente romano, así tenemos los azules-grises, los ocres-amarilos y el rojo carmesí.

Detalle de las pinturas murales de San Julián de los Prados 
También vemos las vegetales, con flores y ramajes, formando guirnaldas. En las bóvedas, como si fuesen planetas, vemos los casetones. Todo desprende una tradición clásica no olvidada, y aunque fragmentada, sigue mostrando un enorme conocimiento de lo antiguo, pues antes de ser coloreadas se grabaron con punzón. Por eso se menciona como influencia la pintura romana, porque en ellas se imitan mármoles, jaspes y porfirios, además de representarse las famosas arquitecturas fingidas. Son pinturas que recorren el interior del templo, de manera horizontal y separadas por líneas, que sugieren impostas. Tres son las zonas: zócalos, muro central con las arcadas y bóvedas.

Santa María del Naranco, Interior de la planta superior 
La segunda fase del arte asturiano, la de mayor esplendor, es cuando reinan, primero uno y después el otro, Ramiro I y Ordoño I, padre e hijo. Sus dominios se extienden por todo el cantábrico, e incluso llegan hasta el Duero. En lo arquitectónico comienza a construirse en piedra (desaparece el ladrillo), en gruesos sillares, y los templos se cubren con bóvedas. También se emplean arcos fajones y contrafuertes, además de arcos de medio punto peraltados. Son edificios que ganan en altura, decorados con multitud de relieves en su interior. De esta segunda fase destaca muy por encima la Iglesia Santa María del Naranco.

Santa María del Naranco 
Iglesia de Santa María del Naranco, siglo IX
En pleno monte Naranco, a tres kilómetros de Oviedo y sobre unas antiquísimas termas romanas nos encontramos con uno de los templos más famosos del prerrománico español. En este emplazamiento natural se construyen el pabellón real, la iglesia palatina y diversas estancias cortesanas. Lo que analizamos seguidamente es la actual iglesia, recinto construido en el año 848, que corresponde con el antiguo pabellón real

Comenzamos observando que alberga dos pisos. Éstos no se comunican entre sí, para acceder al superior se debe subir por unas escalones situados en la fachada norte. El piso inferior presenta baja altura y se cubre por una bóveda de cañón reforzada por arcos fajones. Si su parte central estaba dedicada al monarca, las laterales ocupaban un oratorio privado y unos baños. Ya en la parte superior, también de tres partes, doble de alta que la inferior, alberga otra estancia central, rectangular, más dos miradores, uno por lado. El núcleo central se cubre con otra bóveda de cañón con arcos fajones que tienen su contrarresto en los contrafuertes del exterior.

Santa Daría del Naranco, sala principal de la planta superior © turismoprerrománico.com
Detalle de la cripta , Santa María del Naranco


Detalle de la cripta Santa María del Naranco, 

La decoración que presenta consigue restar sobriedad al conjunto, así lo hace entender la arquería ciega acompañada por arcos de medio punto peraltados. El tamaño de estos decrece, por lo que se habla de una organización rítmica del espacio. Estos arcos además descansan sobre capiteles con forma troncopiramidal. De ellos parten columnas geminadas (dobles) con fustes sogueados, y se encuentran facetados y decorados con figuración humana y animal. Aquí se muestra de una forma muy clara la mezcla de estilos, la simbiosis entre oriente y occidente.
              

Detalle de Medallón, Santa María del Naranco, 
Y es que no se puede dejar de mencionar, aunque muy por encima, la decoración de las enjutas de los arcos. Son medallones con cenefa tanto con motivos geométricos como vegetales. En estos medallones se ha querido ver influencia normanda, vikinga, de gentes del norte parecer ser (no encuentro manuales, no dispongo de datos que confirmen un origen directo) y oriental (por los animales enfrentados). Sí, sus animales enfrentados son orientales, pero ¿y los círculos concéntricos? Estos nos transportan al frío norte escandinavo pues las semejanzas son bastante claras.

Detalle de uno de los miradores de la iglesia Santa María del Naranco, con sus columnas con fustes estriados, arcos peraltados y medallones 
Y es que no hay duda de que nos encontramos ante un arte escultórico diferente del hispano-visigodo. Como en los primeros apuntes sobre el arte de las invasiones nórdicas, el primero conocido como prerrománico, y que más que invasión podemos definir como movimientos humanos, religiosos y artísticos, hemos de decir que estamos ante una mezcla de pensamiento entre lo mediterráneo y lo báltico. Y es que la decoración en Santa María del Naranco no es biselada, no es tan brusca, de hecho es lisa, suave, es un arte más realista.

Detalle de Capitel, Santa María del Naranco 
Los capiteles, por ejemplo,  son troncopiramidales, al estilo bizantino, pero también los encontramos corintios, que aunque degenerados, presentan una decoración particular. Se trata de motivos orientales, pues vemos animales enfrentados, pero también muestran figuras de monjes, como si estuviésemos en algún templo monástico irlandés. De Irlanda parece también que vienen las pilastras. Para finalizar, su decoración es más de estructura que de ornato, es decir, que su propio interior es lo que muestra su exterior. En el templo todo es uno. Sobre la decoración pictórica parece ser que no tenemos legado.
En el exterior siguen las proporciones, así tenemos dos fachadas, sobre un zócalo, divididas en tres pisos: la del este con tres vanos de medio punto, mirador con tres arcos también de medio punto (peraltados y de grandes dimensiones) y ya en el piso superior, falso piso, una ventana trífora. La del oeste, salvo por el primer cuerpo que presenta una puerta en arco de medio punto, el resto es exactamente igual.
La fachada nordeste presenta la doble escalera que comunica con el piso superior, y ésta, junto con la sudoeste, presenta ocho contrafuertes, cuatro a cada lado, que son los que se corresponden con las columnas del interior, sobre las que descansan a su vez los arcos fajones. El templo además presenta tejado a dos aguas.
Verticalidad, simetría y proporción, parece que hablemos de una obra renacentista, pero de lo que se trata es de una obra arquitectónica precedente del románico europeo. Una joya de la arquitectura prerrománica que amalgama gran variedad de estilos y que hace suponer que su maestro y canteros tenían o seguían conocimientos muy particulares.


LA GIRALDA DE SEVILLA


La Giralda es una de las atalayas más privilegiadas que tiene Sevilla,uno de sus símbolos por antonomasia. Reconocible en el mundo entero, su silueta ha inspirado multitud de obras de arte e, incluso, monumentos muy similares, casi gemelos, haciendo que cualquier persona, aunque nunca haya estado en Sevilla, rápidamente lo reconozca. Es además uno de los monumentos árabes más conocidos del mundo.Emblema por derecho propio de la capital hispalense.
Corría el año 1182 cuando se dio por inaugurada la torre almohade, que se inspiró en sus gemelas precedentes de Rabat y Marrakech, hoy todavía en pie.
El toque árabe del monumento es indudable,el magnífico decorado exterior de la torre con la característica labor en rombos o de sebka, que es un motivo ornamental musulmán de lacería, formando figuras romboidales e inspirado, al parecer, en motivos textiles o en la silueta de las montañas.
Con la reconquista cristiana llegaría el nuevo cuerpo arquitectónico del edificio, incorporado en el siglo XVI: el campanario de la que se convirtió en catedral de la ciudad, rematado por la escultura que representa el triunfo de la fé, que hoy se conoce popularmente como el Giraldillo.
Esta enorme escultura de 4 metro actúa como veleta, y en su época fue la mayor de Europa.
El interior de la Giralda es muy sencillo, sin grandes ornamentos. La subida al campanario se realiza mediante rampas, diseñadas con el espacio suficiente como para permitir el paso de un caballo. Esta medida se tomó para facilitar la llegada a la cúspide del imán de la mezquita.
La Giralda es un monumento único en el mundo y representa como pocos el devenir histórico de la ciudad que le alberga. En esta torre hay elementos romanos, árabes y cristianos. En su origen se concibió como torre almenara de la mezquita mayor de la Sevilla almohade. Se utilizaron para su construcción elementos arquitectónicos romanos, de las cercanas ruinas de Itálica.
La giralda esta intimamente unida al destino del segundo pueblo bereber que invadio al-andalus, los almohades.

Ibn Tumart un arabe bereber del norte del actual Marruecos que tras una peregrinacion por el mundo arabe almoravide refleja la dejadez de los preceptos de la fe islamica en el imperio almoravide. En el 1125 comienza una revolución que acaba con el anterior imperio y comienza con otro llamado almohade con preceptos mucho mas intransigentes con los infieles.



En 1145 entran en al-andalus y rapidamente unifican los reinos que habian surgido del colapso almoravide.
Sevilla como  una de las mas importantes ciudades del al andalus y capital de la taifa  , tiene una gran importancia y para establecer una mayor fe en el islam que era la bandera de los almohades, se inicia en el año 1172, la construccion de la grán mezquita de Sevilla que reemplazaba a la anterior de dimensiones mas reducidas en la Plaza del Salvador, 10 años despues se innagura.


Durante el periodo de dominación almohade, la ciudad de Sevilla se convirtió en su capital en la Península Ibérica, lo que trajo a la ciudad una actualización de sus infraestructuras y procediendo a la construcción de varias grandes edificaciones. En el exterior la decoración es parecida a la mezquita de cordoba, pero en la estructura como ya comenté anteriormente es igual a las mezquita imperial de Marrakech, la mezquita Kutubia pero cuya torre solo mide 69m.
Esta mezquita estaba orientada al norte y su puerta principal es la puerta que une con el patio de los naranjos donde se encontraban las fuentes para hacer las abluciones.
En 1184, Dos años despues comienza la construccion del alminar que acabara siendo la giralda. Y en 1195 cuando los ejercitos almohades liderados por el califa Abu Yaqub Yusuf derrotan totalmente las tropas castellanas en en la batalla de Alarcos, la torre se completa para honrar esta victoria.
Es de destacar que para la construccion se usan todos los materiales que dispone la ciudad saqueando para ello templos y ruinas de mas de un siglo , que en la actualidad se pueden ver en algunos trozos en latin como podemos ver en la siguiente fotografia
El alminar acabo con 82 m altura siendo la más alta edificación toda europa durante varios siglos. Para finalizar la obra se establecieron 4 bolas decorativas en lo alto de la torre.


La conquista cristiana en 1248, se centro en modificar la mezquita para convertirlo en una catedral, por lo que no modifico el alminar, por lo cual la torre estuvo 100 años mas con su forma árabe, hasta que el grave terremoto de 1365, destruyo la decoración superior de la torre y las 4 bolas de bronce y se sustituyo por un acabado simple.
En pleno renacimiento del siglo XVI se constata la necesidad de dar un acabado mas estetico a la torre, añadiendose un campanario de estilo renacentista que va a ser un modelo para los campanarios españoles, esta tarea se encarga al arquitecto de la remodelacion de la catedral, Hernán Ruiz.
En esta época, también se añade una estatua en la parte superior para que la torre tenga un remate en forma de estatua que represente la Fe. Este remate va a ser una estatua con forma de veleta y se va a llamar la Giralda.


Curiosamente a lo largo de los siglos, la gracia popular de Sevilla les cambia el nombre y se empieza a llamar giralda a la torre y a la torre el giraldillo, que son los nombres que han llegado hasta nosotros.
Como ya comenté anteriormente,se trata, junto al patio, de los únicos restos que perviven de la antigua mezquita pues ésta fue demolida en el siglo XV para la construcción de la catedral gótica, decidiéndose no obstante respetar estos elementos. Realizada en ladrillo, la torre tiene planta cuadrangular existiendo un segundo cuerpo, hoy día desaparecido, más reducido que se remataba con una cúpula y tres manzanas doradas de tamaño decreciente. La torre se ve recorrida en cada uno de sus caras por ventanas y cuatro balcones con arcos geminados, alternando los arcos de herradura de tradición califal con arcos mixtilíneos, todos ellos a su vez enmarcados por arcos mixtilíneos. La decoración es muy austera, algo propio del estilo almohade en comparación con otras épocas del arte hispanomusulmán, como el califal cordobés anterior o el nazarí posterior. Esta decoración queda reducida a dos parejas de paños de sebka o red de rombos, creados con ladrillos, que recorren la torre en su sentido ascendente. En el remate del cuerpo superior, se repite este elemento decorativo que descansa sobre arcos ciegos mixtilíneos. El segundo cuerpo, hoy día desaparecido, se repetía el motivo decorativo del paño de sebka.


El alminar de la mezquita sevillana, la torre desde la que el almuédano llamaba a la oración a los fieles, es el mejor ejemplo del período almohade en Al Andalus. Los almohades, pueblo procedente del norte de África de origen bereber, destacaron por su integrismo religioso que se tradujo en un arte sobrio de decoración aunque no por ello exento de gran belleza. Sevilla se convirtió en la capital del reino almohade y por ello en 1172 se procedió a construir una nueva mezquita mayor que sustituía a la antigua. En 1184 se inició la construcción del alminar bajo la dirección del arquitecto Ahmad Ben Baso rematándose la obra con las bolas doradas en 1195. La giralda repite el modelo decorativo y constructivo de los alminares de Marraquech ,de la mezquita de Kutubia y la torre Hasan de Rabat, Debiendo ser consideradas todas obras construidas dentro de un mismo entorno religioso cultural y artístico.
Tras la conquista de Sevilla por Fernando III en 1248 la mezquita se convirtió en templo cristiano. En 1356 un terremoto provocó la caída de las manzanas doradas que remataban la torre, por lo que se procedió a la construcción de un pequeño campanario. La construcción de la nueva catedral en el siglo XV supuso la destrucción de gran parte de la mezquita si bien el cabildo decidió conservar la torre para que sirviera de campanario así como el patio. En el siglo XVI el arquitecto Hernán Ruiz  III recibió el encargo de crear un cuerpo de campanas rematado por una estatua-veleta que representara la Fe logrando el aspecto con el que nos ha llegado a la actualidad.


La obra que comento no sólo se trata del antiguo alminar de la mezquita de Sevilla sino una de las construcciones más hermosas del arte hispanomusulmán y el edificio más representativo de la capital andaluza así como uno de los edificios más famosos de España. Cabe destacar la armonía de los dos elementos, torre y campanario, pertenecientes a estilos tan distantes en el tiempo, el almohade y el renacentista, dándole al conjunto un aspecto unitario e inconfundible.

miércoles, 22 de enero de 2020

REAL MONASTERIO DE SANTA MARIA DE SIGENA

Escondido en la provincia de Huesca, entre el río Alcanadre y la población de Villanueva de Sigena, encontramos el Monasterio de Santa María de Sigena.Es un monasterio español de estilo cisterciense.
Poco queda del antiguo esplendor del conjunto fundado a finales del XII, aunque la iglesia, el panteón real y su bella portada románica, bien merecen ser visitados. Sigena es el paradigma del arte en Aragón: destrucción, abandono y expolio. Para admirar una de sus obras más valiosas, las pinturas de la sala capitular, lamentablemente, tendremos que acudir a Barcelona, donde permanecen en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.



Santa María  de Sigena (o Sijena) fue fundado por la reina doña Sancha de Castilla, esposa del monarca aragonés Alfonso II, hacia 1188. La Corona necesitaba establecer un centro de poder en la zona de Monegros, y el lugar era un punto de paso obligado en los caminos que llevaban desde Huesca o Barbastro al Ebro, Fraga y Lérida.
Al parecer también sumó en la elección del lugar, la aparición de la virgen, optándose así por un lugar pantanoso y poco recomendable, a priori, para un cenobio. El monasterio se convirtió pronto en un lugar importante en la economía y administración aragonesas. Sigena, como otros monasterios aragoneses fundados en la misma época, cumplió una importante función repobladora, siendo la administración del monasterio y de todos sus dominios encomendada a la Orden de San Juan de Jerusalén, posteriormente conocida como la Orden de Malta. En este contexto, el monasterio de Sigena no fue solamente un lugar de recogimiento y oración, sino también un foco de poder administrativo desde el que las monjas, con su priora a la cabeza, ejercían su poder feudal sobre los habitantes de la zona. Los dominios del señorío de Sigena llegaron a extenderse a lo largo de más de 700 km2.
Pero la relación entre el reino y el monasterio no se limitó a la economía o la repoblación, sino que acogió tras sus muros a un buen número de reinas y princesas, así como a hijas de familias nobles. Sirvió de depósito de una parte del tesoro real y como archivo monástico durante los siglos XIII y XIV. 

Fue también panteón real y su claustro sirvió de lugar de enterramiento de reyes, reinas e infantas de Aragón, destacando la sepultura de la reina doña Sancha o la de Pedro II. Gracias a los importantes donativos que recibió, se convirtió en uno de los monasterios más ricos y bellos del reino.

El monasterio de Sigena. Grabado de Parcerisa publicado en: Recuerdos y bellezas de España. Aragón (1844).
Con el Compromiso de Caspe (1412) y la llegada de la casa de Trastámara a la Corona de Aragón, se rompió el nexo de unión entre el monasterio y las clases altas del reino. Aun así, hasta principios del siglo XIX, el señorío de Sigena continuó existiendo con relativa normalidad. En esa centuria se produjeron dos hechos clave en la historia del monasterio: El asalto por parte de las tropas francesas de algunas de las estancias de Sigena durante la guerra de la Independencia (1808-1814) y la desamortización de Mendizábal de 1836. Al final, la venta se declaró nula y la vida comunal y religiosa prosiguió gracias a limosnas y donaciones.

Pinturas de la Sala Capitular, hoy en Barcelona.
Y ya en el siglo XX, durante la Guerra Civil, el monasterio de Sigena fue incendiado y saqueado por una columna de anarquistas que se dirigían al frente de Huesca. Prácticamente todas sus estancias, a excepción de la iglesia románica y el panteón real, fueron arrasados por el incendio. Muchas de las obras de arte del cenobio fueron destruidas, mientras que otras desaparecieron o fueron seriamente dañadas y las tumbas reales fueron profanadas.
PINTURAS A BARCELONA. Trabajo de retirado y traslado a Barcelona de las pinturas de la Sala Capitular tras el incendio en 1936.
La dispersión del arte del monasterio continuó y 96 piezas fueron vendidas por las religiosas de la Orden de Jerusalén a la Generalitat de Cataluña entre 1983 y 1994. La venta se hizo en dos fases y su importe ascendió a más de cien millones de pesetas. Entre las piezas enajenadas hay arcas funerarias, alhajas, tallas de madera y otros objetos de ajuares litúrgicos y domésticos. Hoy pueden verse en el Museo Diocesano de Lérida y en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (Barcelona).

Del antiguo monasterio hoy sólo se conserva el templo y una pequeña parte del claustro, en torno al cual se distribuían originalmente el resto de las dependencias monacales, además del palacio prioral, situado en el suroeste. Entre estas dependencias destacaba la sala capitular, cubierta por una techumbre mudéjar y decorada con un interesantísimo conjunto de pintura mural del siglo XIII con escenas del Nuevo y del Antiguo Testamento, que la convirtieron en una auténtica Biblia pictórica que explicaba la historia de la humanidad desde el Pecado Original hasta la Salvación. Actualmente se conserva en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (Barcelona) en calidad de depósito, a donde fueron llevadas tras la Guerra Civil por el equipo de Josep Gudiol,  y donde se produjo un intenso trabajo de restauración y conservación. El Gobierno de Aragón reclamó el verano pasado la devolución del conjunto.



Exposición de las pinturas románicas de la Sala Capitular de Sigena en Barcelona. 
El templo está realizado totalmente en sillar y consta de nave única con crucero y cabecera triple. El crucero presenta adosado al brazo septentrional el citado panteón real y al meridional una maciza torre de planta cuadrada. En su fachada sur se conserva su imponente portada de estilo románico, abocinada por catorce arquivoltas acabadas en 26 columnas cilíndricas. La portada fue ordenada construir por Jaime I por parecerle pequeña la primitiva puerta de entrada a la iglesia, aunque la obra no se ejecutaría hasta el reinado de Pedro III (1282).
 En 1985 una orden de origen francés, las Hermanas de Belén y de la Asunción de la Virgen y de San Bruno se establecieron en el monasterio y, en la actualidad, todavía viven unas cincuenta religiosas.


  Retablo de los Gozos de María de Jaume Serra, hoy en el Museo Nacional de Arte de Cataluña 




Fragmento de los murales de la sala capitular del monasterio de Sigena, que se exponen en la sala 16 del MNAC. (MNAC Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC))


Fragmentos de los murales de la sala capitular del monasterio de Sigena, que se exponen en la sala 16 del MNAC. (MNAC Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC))


Museo Nacional de Arte de Cataluña. Los frescos fueron trasladados por el Gobierno de la República en 1936 después de los actos vandálicos cometidos por columnas anarquistas 


Antiguo refectorio, hoy Oratorio de la Orden de las Hermanas de Belén y de la Asunción de la Virgen.




martes, 21 de enero de 2020

PÓRTICO DE LA MAJESTAD DE SANTA MARIA LA MAYOR DE TORO




El “Pórtico de la Majestad” es un elemento arquitectónico religioso, un "Maiestas Domini", que constituye la antigua puerta principal de la Colegiata de Santa María la Mayor. Es la puerta del mediodía del edificio, siendo uno de los testimonios decorativos más importantes de la zona.

Fue construida en el reinado de Sancho IV de León y Castilla (1284-1295). Narra la vida de la Virgen, de Cristo y el Juicio Final. En la sexta arquivolta aparecen 18 músicos colocados en la línea imaginaria que separa el espacio entre la representación de la vida de la Virgen y la del Juicio Final, por lo que podría asociarse a uno u otro tema.

La importancia del Pórtico de la Majestad no radica en la belleza de los elementos con los que cuenta, sino en que es uno de los pocos que conserva la policromía original.





El planteamiento inicial de la portada es aún románico, realizado hacia 1230, cuando ya se contaba con soluciones góticas importadas por maestros provenientes de Francia. La superposición de dos órdenes de columnas en los flancos denotan que se concibió con pretensiones de magnificencia; se restó esbeltez a las columnatas reduciendo la altura de los fustes y se remataron en capiteles con motivos vegetales, mitológicos y con escenas de la Infancia de Cristo. Los cimacios marcan una línea final de la primera fase del proceso en el que se labró la portada; el proyecto se suspendió y tuvieron que transcurrir varias décadas hasta la reanudación de los trabajos.
El acoplamiento del nuevo proyecto de continuación y remate de la portada fue algo forzado, pero su resultado conjugó grandiosidad, belleza y diafanidad, cualidades importantes para exponer y transmitir en imágenes comprensibles un mensaje didáctico en dos programas iconográficos, cuyos motivos fueron inspirados por fray Juan Gil de Zamora y policromados por el pintor Domingo Pérez.





En el tímpano se escenifica «La Coronación de la Virgen», cuya composición es cerrada en torno a un eje central de simetría. La verticalidad de los candelabros con cirios portados por dos ángeles y las nubes de la región celeste extendidas por encima enmarcan a los grandes altorrelieves centrales, diferenciándolos de los personajes secundarios.





Sobre el parteluz, donde se sitúa la escultura de la Virgen María con el Niño Jesús en brazos, está el dintel en el que se representa «La Muerte de María» con un ángel tuniferario a los pies de la cama y los doce apóstoles simétricamente ordenados a ambos lados.






En cuanto a las arquivoltas, que atenúan su agudeza a medida que ascienden, aparecen representados: en la primera, ocho ángeles portando alternativamente candelabros e incensarios; se sitúan en la segunda apóstoles y reyes luciendo sus atributos; los mártires están representados en la tercera arquivolta sosteniendo los elementos de su martirio; en la cuarta los Confesores, unos bendicen y otros portan filacteria o libro, todos ellos vistiendo indumentaria litúrgica. El espacio para las santas y los mártires corresponde a la quinta arquivolta, y en la sexta aparecen dieciocho músicos.



















La última arquivolta, la séptima, cierra el conjunto, es más ancha y se reservó para exponer el segundo gran tema iconográfico, «El Juicio Final». En el centro aparece Cristo Juez flanqueado por dos ángeles; Cristo aparece sedente con expresión de sosiego y rasgos humanizados, ataviado con un manto que deja entrever la llaga de su costado y mostrando las otras dos dejadas por los clavos en sus manos. A ambos lados la Virgen María y San Juan en actitud intercesora, seguidos de ángeles con elementos de la Pasión. A partir de aquí el relato prosigue en dos hileras divergentes y sin continuidad iconográfica hasta el cielo y el infierno situado en los extremos. A la derecha de Cristo aparecen los bienaventurados integrados por eclesiásticos, obispos, frailes, y monjas; casi en el extremo se muestra a un ángel tocando el vestido terrenal de una doncella, simbolizando de éste modo la sustitución del mismo por las túnicas blancas que detalla «El Apocalipsis». A la izquierda de Cristo se escenifica, entre otras, a los condenados marchando en hilera hacia el infierno conducidos por dos diablos, una escena que remite a las prácticas de los aquelarres, y varias representaciones de pecadores sometidos a castigos horribles.

La ejecución de la portada posee un amplio repertorio escultórico, labrado en piedra arenisca de Aldeanuela por dos maestros posiblemente del reino de León. Los huecos que aparecen en los capiteles de la segunda columnata y entorno al tímpano corresponden a huellas del mobiliario litúrgico que se adosó a la portada cuando se adaptó como retablo mayor de la parroquia de Santo Tomás Apóstol, acogida en la capilla de la Majestad a partir del año 1671.