domingo, 27 de agosto de 2017

LOS CANTORALES DE LA EDAD MEDIA


Arrumbados, polvorientos, descoloridos, desvencijados sobre sus enormes facistoles, los cantorales presiden el coro de monasterios, catedrales y conventos, testigos de tiempos de gloria cuando el canto llano (con las campanas) marcaba el discurrir de los días.
No había otra forma de alabar a Dios que a través del canto, que resonaba en las bóvedas sin parar.
Podía medirse la importancia de un templo por la riqueza y ornamentación de sus libros corales
Un Cantoral o libro de coro es un manuscrito musical de gran formato utilizado en iglesias y catedrales durante la Edad Media y el Renacimiento.
El tamaño del pergamino es lo suficientemente grande como para que el coro completo pueda leer las notas musicales a distancia.
Durante los tiempos agitados de la Edad Media, el scriptorium de los monasterios se convirtió en un centro neurálgico de difusión de la cultura.
Entre la humedad de sus paredes, concienzudos monjes confeccionaron artesanalmente auténticos tesoros en forma de libros. Entre ellos, destacaban los destinados al canto colectivo de los propios frailes.
En el siglo VI, el papa san Gregorio Magno trató de unificar el ritual romano, y el canto gregoriano se extendió en sustitución de otros repertorios.
Aunque en España comenzó a implantarse a partir del siglo XI, los grandes libros dedicados al canto colectivo surgieron en el siglo XV, y su técnica de elaboración se mantuvo hasta el XIX.

La nueva liturgia que surge del Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI, provocó una gran demanda de cantorales.
Todavía impresiona asomarse a esos enormes volúmenes, testigos de tantos momentos únicos de nuestra historia, cuando el canto gregoriano marcaba el curso de los días en los monasterios y en las catedrales.
Como comentamos anteriormente, podía medirse la importancia de un templo por la riqueza y ornamentación de sus libros corales, aunque, como en aquella época se necesitaba mucho dinero para conseguirlos, la mayoría eran de uso cotidiano y apenas tenían adornos.
Sólo en los principales monasterios y catedrales se podían contemplar decorados con bellas miniaturas e iluminaciones.

De proporciones descomunales, sus hojas debían ser de pergamino, de tal forma que, para cada página de un cantoral, se empleaba la piel de un animal, y para un libro entero había que sacrificar un rebaño.
Alguno de los cantorales alcanzan los 90 cm de altura y su peso supera los 30 kilos, por lo que no sorprende que, en determinados casos, necesitaran llevar ruedas y casi siempre debían ser transportados por dos frailes, a los que se les exigía tener las manos limpias, hasta colocarlos en su lugar para la liturgia, sobre los fascistoles, en medio del coro, para poder ser vistos desde la distancia.
La invención de la imprenta apenas afectó a la confección de los grandes cantorales, ya que, por sus especiales características, siguieron siendo manuscritos.

El problema es que, cuando perdieron su utilidad, muchos fueron mutilados y transformados en tulipas de lámparas, o acabaron arrancados de sus soportes y metidos en carpetas.
La BNE atesora una de las colecciones de Cantorales más importantes de España, cerca de un centenar de volúmenes, procedentes, la mayor parte, de monasterios y conventos desamortizados por Álvarez de Mendizábal en 1836, o por Ruiz Zorrilla, en enero de 1869.
Otras piezas vienen de donaciones particulares, o de conventos e iglesias desaparecidos durante la Guerra Civil española.
Muchos han sufrido un complicado trabajo de restauración, porque estaban muy deteriorados.
De todos ellos, destacan los dos más antiguos: fueron encargados por los Reyes Católicos para celebrar el nacimiento del malogrado Príncipe Juan, y su destino no fue otro que el monasterio de San Juan de los Reyes, de Toledo, un convento franciscano fundado en 1477 por los mismos Reyes Católicos.
Su fecha puede datarse, casi con total seguridad, antes de la toma de Granada en 1492, ya que en los escudos no aparecen las características granadas posteriores.

La Biblioteca Nacional ha reunido y expuesto sus cantorales con objeto despertar conciencias sobre el valor de esos grandes libros de música litúrgica, cuyas hojas, con melodías gregorianas únicas, han acabado expoliadas con frecuencia o destinadas a cualquier uso como si fueran papeles inservibles.
Asi  ha logrado restaurar y digitalizar toda su colección de cantorales, más de un centenar y con más de 9.000 melodías gregorianas, procedentes en su mayor parte de monasterios y conventos desamortizados en el siglo XIX.
Libros de música litúrgica  que se trata de “una maravillosa y única colección”, que incluye dos ejemplares realizados durante el reinado de los Reyes Católicos y un manuscrito del siglo XVI recién descubierto del Canto de la Sibila, una representación dramática de carácter litúrgico muy antigua.
Se trata de dos ejemplares exquisitos en su confección y desde el punto de vista iconográfico. A pesar de que uno de ellos fue expoliado en el siglo XIX, la Biblioteca Nacional ha podido reunir, a través de su localización en distintas colecciones, algunas de las hojas que le fueron arrancadas.
Hasta 90 centímetros de altura y 30 kilos de peso pueden tener estos cantorales, muchos de ellos con adornos en pan de oro y una rica iconografía.
El manuscrito del Canto de la Sibila apareció como un cuaderno suelto dentro de un cantoral e incluye textos desconocidos en castellano.
Esta pieza, con mucha difusión en Francia, Italia, Portugal y España, aúna tradiciones paganas y cristianas, por lo que fue prohibida por el Concilio de Trento en la segunda mitad del siglo XVI.
Aunque se conservan algunas versiones en latín y catalán, hay muy pocas en castellano por lo que, según el comisario, el manuscrito de la BNE, probablemente de origen toledano, tiene un enorme valor al ser una fuente única, desconocida hasta ahora, tanto del texto castellano como de la música.


http://www.musicaantigua.com/cantorales-en-la-biblioteca-nacional-luz-nueva-sobre-musica-antigua/
http://www.musicaantigua.com/asi-de-sorprendentes-eran-los-cantorales-en-la-edad-media/

COLEGIATA DE SAN PEDRO DE TEVERGA Y SUS MOMIAS MALDITAS



La Iglesia de San Pedro de Teverga es una iglesia de un estilo románico primitivo, del siglo XI, que muestra el cambio del estilo del prerrománico al románico. Se desconoce la fecha de fundación, pero ya en el año 860 existía el monasterio de San Pedro de Teverga, y que la iglesia de San Miguel de La Plaza fue fundada en 1036 (su lápida fundacional está en la Catedral de Oviedo). En 1093 se construye la segunda iglesia de San Miguel al haberse derrumbado la primera; se da la fecha de 1069 en el libro del Codo de la iglesia, pero ya existía en 1076 según una inscripción sepulcral de la basílica. Uniendo a esto el estilo arquitectónico, la influencia ramirense, el parecido con otras iglesias, se puede datar de finales del siglo X o principios del XI. Sin embargo, debido a varias causas, como incendios, edificación de anejos, modificaciones, ha sufrido varias transformaciones a lo largo del tiempo. 




La torre, de 20 m, está apoyada sobre 4 arcos que fueron construidos en el siglo XVIII. El ábside y la pared norte fueron modificados en el XVII a causa de las obras para construir el palacio abacial, el coro, el claustro y sus corredores, la sala capitular y la sacristía; en esta pared se abrieron dos puertas al claustro, una desde el nártex y otra próxima al altar. El ábside tenía forma semicircular, pero tras la restauración sufrida tras un incendio no se le dió la forma original. Los machones que enlazan el porche con el cuerpo principal fueron restaurados en el siglo XVI por orden de Diego de Miranda, que mandó esculpir en ellos el escudo de la Casa de Miranda. El nártex es original, al igual que el muro sur, construido en sillería y que presenta la distribución tripartita de pórtico, cuero de naves y cabecera.




La iglesia es de planta basilical, formada por 3 naves separadas por arcos; las navetas laterales no se prolongan con las del cuerpo, sólo la central comunica directamente con la nave mayor. Las tres naves del pórtico tienen la cubierta de bóveda de medio cañón. Sobre el nártex se levanta la tribuna, que no es la original. Las columnas del porche son de fuste monolítico y los capiteles de perfil acampanado y de decoración muy variada, presentando hojas alargadas, lanceoladas, y en algunas motivos con hombres y animales.



El cuerpo aparece dividido en tres naves, la central más ancha y alta; está cubierto con bóvedas muy altas, apoyando los arcos en capiteles de imposta en la lado de los muros y en elaborados capiteles cúbicos en las columnas centrales, que aparecen decorados con toscas figuras de hombres y animales, como águilas, caballos, osos, seres híbridos, escenas varias,... En las naves laterales se refuerza la bóveda con un arco fajón recogido en los capiteles imposta también decorados.










El cuerpo de la iglesia está dividido en tres naves, siendo la central más ancha y más alta que las laterales. Hay dos arcos por cada lado. Se cubre con bóvedas muy elevadas. Los arcos apoyan en capiteles-imposta en el lado de los muros, y en elaborados capiteles cúbicos en las columnas centrales. Las caras de estos capiteles se decoran con toscas figuras de hombres y animales: águila, caballo, oso, seres híbridos, escenas de lucha. Las naves laterales refuerzan su bóveda con un arco fajón recogido en capiteles-imposta también decorados.El presbiterio ha sido remodelado en el S. XVII. Los muros laterales están reforzados por contrafuertes y bajo la cornisa son muy llamativas varias líneas de taqueado y una larga hilera de canecillos con las figuras de animales típicos de la fauna local.


En el museo de la Colegiata de Teverga residen dos inusuales inquilinos: dos cuerpos momificados. La leyenda cuenta que estos restos pertenecen a dos nobles muy poderosos y crueles que fueron supuestamente maldecidos. La condena de sus almas prosigue en la actualidad, al igual que su misteriosa historia.
Hay lugares en nuestro mundo que ocultan secretos herméticos que rara vez son mostrados a la población. En el concejo de Teverga (Principado de Asturias) existe un claro ejemplo que muestra el rostro más duro, real y trascendental de la muerte. Allí se guardan, junto a otros tesoros de gran valor histórico, dos cuerpos casi incorruptos conocidos como “las momias de Teverga”. Pero, pese al misterio que les rodea, poco o casi nada se habla de su historia.


D. Pedro Analso de Miranda, abad de la colegiata, obispo de Teruel, inquisidor, consejero de felipe V. Falleción en 1731 en Teruel y quiso ser enterrado en la colegiata 1733
  

 Momia del marqués de Valdecarzana, padre de Pedro Analso de Miranda.


Las momias se trata de los cuerpos de un padre y de su hijo que se mantienen en dos ataúdes con tapa de vidrio, uno sobre el otro, cuyas vidas fueron ejemplo de perversión, intolerancia, abuso de poder y crueldad. Por eso, a diferencia de lo que ocurre con otros restos incorruptos, no descansan en el lugar sagrado para ser venerados. Y es que, para muchos de los habitantes de la zona, el motivo real y secreto por el que se encuentran allí es para ser repudiados, ya que se considera que están malditos. Los cuerpos incorruptos pertenecen al Marqués de Valdecarzana y a su hijo.
Existe mucha controversia y alguna que otra inexactitud sobre su historia, el traslado de los cuerpos tras su muerte, los supuestos enterramientos y los embalsamamientos que nunca se llegaron a realizar.El marqués ejercía su poder sin contemplación sobre las gentes de estos pueblos. Cuando una mujer iba a contraer matrimonio, el noble la buscaba y ejercia el "derecho de pernada". Si pertenecía a alguna familia pudiente, esta podía librarse de pagar determinados impuestos”.
 En los siglos XVII y XVIII a la iglesia se le incorporó el claustro y la sacristía, se guardan tres lienzos de pintores asturianos del XVIII, uno de ellos, el más destacado, es El Niño Jesús Dormido, de Francisco Mart


Este“derecho de pernada”. Era considerado un privilegio feudal sobre todas las doncellas siervas, e interpretado como un ritual simbólico, lo que denota la baja estima con la que eran tratadas las mujeres en aquellos tiempos. Pero estas no eran las únicas vejaciones a las que estaba sometida la población del concejo de Teverga. Según el etnógrafo y escritor Alberto Álvarez Peña, experto en mitología, costumbres y leyendas asturianas, este derecho era uno más de los que disfrutaban los llamados “señores de horca y cuchillo”. “Era un acto común entre nobles en la Edad Media (explica), y se daban muchos casos en la parte suroccidental de Asturias. Precisamente la familia Miranda-Valdecarzana logró extender su domino territorial considerablemente por Grado, Salas, Pravia, Muros, La Mata, etc.”. Desde el siglo XVI al XVIII la expansión de la estirpe Valdecarzana fue creciendo portentosamente. A mediados del siglo XVIII, según estudios de la Universidad de Oviedo y del catastro de Ensenada, eran considerados los mayores poseedores de vasallos y cotos jurisdiccionales de Asturias. Se les conocía bajo el nombre de “señores de horca y cuchillo” y podían exigir diezmos y primicias sin tener que dar explicaciones al rey, por lo que aplicaban su código de conducta castigando acorde a sus criterios. Todos esos privilegios y tierras los lograban a través de matrimonios concertados estratégicamente entre familiares o amistades poderosas. En el caso que nos ocupa llevaban realizando esta práctica desde que el primer Lope de Miranda se desposó con la poderosa doña Urraca de Ron a principios del siglo XVI. Curiosamente, su manto bordado en oro se exhibe junto a los sepulcros en la misma Colegiata de San Pedro.

Momia de Pedro Analso de Miranda, abad de la colegiata de San Pedro de Teverga desde 1690 a 1720 y más tarde

obispo, inquisidor y consejero de Felipe V
El féretro superior alberga, luciendo su antiguo atavío de abad, la momia de don Pedro Analso de Miranda, hijo del anterior. Su cuerpo está más afectado que el de su predecesor, a pesar de haber fallecido muchos años después (en 1731), ya que le falta piel en la zona bucal y bastantes piezas dentales. Muestra una considerable deformación en la mandíbula y asimetría en los pómulos, por lo que podría ser un taranto (un hijo ilegítimo, en este caso reconocido paternalmente). No regulaba la ley como su progenitor, pero fue miembro de la Inquisición asentada en Santiago de Compostela, cargo que posiblemente mantuvo en Teverga. Según el testamento de don Lope de Miranda Ponce de León, sus propiedades fueron divididas entre sus tres hijos. El abad fue el responsable de repartir los bienes conforme a la voluntad de su padre, y de ordenar a los familiares y al resto de los habitantes que rezasen un gran número de plegarias por su espíritu. No en vano ordenó al religioso que se encargase de oficiar dos mil misas por su alma, a las que debía asistir todo el pueblo. ¿Acaso temía a algún castigo divino? Don Analso ejerció en la Colegiata de San Pedro durante muchos años, pero no existe ningún caso documentado de que ejecutase sentencias por brujería o actos en contra de la cristiandad. Pero esto no quiere decir que no los ordenase. El hecho de que no exista ningún registro de estas prácticas puede estar motivado por varias posibilidades: que la mayoría de los documentos fuesen destruidos en la toma francesa o durante la Guerra Civil española, que se ocultasen con recelo a los investigadores o que la mayoría de esos actos se celebrasen sin cumplir los procedimientos legales que se practicaban en otras zonas de España. Y es que Asturias era una región dificultosa y casi inaccesible, por eso la Inquisición delegó su poder en los nobles y en los monjes. Los cuerpos siguen siendo mostrados a aquellos visitantes que se sientan atraídos por la curiosidad de contemplar dos momias supuestamente “malditas”. Mientras, el motivo por el cual no fueron enterrados continúa siendo un misterio.
Momia del marqués de Valdecarzana.

En el ataúd inferior se encuentra el cuerpo sin vida de don Lope de Miranda Ponce de León (1626-1688), segundo marqués de Valdecarzana, vestido con el atuendo usado en vida. Posee un estado inusual de conservación. Su piel acartonada refleja casi con perfección sus rasgos faciales y los signos de su obesidad: la cara redonda y el abultamiento de las cuencas de los ojos con los párpados cerrados. En el cuello se aprecia un corte de notable importancia que nada tiene que ver con su muerte. Pasó sus últimos años de vida en Madrid, en el monasterio de los Jerónimos. Tiempo después de su defunción, su cadáver se vio inmerso en un singular acontecimiento que se calificó de fenómeno sobrenatural.
Su cuerpo sin vida había sido sepultado en la iglesia de Santa Ana, pero en su testamento el marqués había señalado su deseo de ser enterrado en la Colegiata de San Pedro de Teverga, como sus antepasados. Por este motivo, su hijo Sancho de Miranda exhumó los restos, encontrándose con un hecho extraordinario. Según un documento del archivo de la Casa Valdecarzana, se halló el cadáver íntegro, con las ropas interiores y exteriores de la mortaja en perfecto estado y con el mismo semblante con el que era conocido en vida. Esto hizo que Sancho iniciara una investigación sobre la vida y las costumbres de su padre para encontrar algún suceso acontecido que pudiera relacionarse con este supuesto hecho paranormal. Lo único que halló fue un relato sobre un misterioso accidente sufrido por el noble: aunque las techumbres de unas caballerizas se habían desplomado sobre don Lope ante la vista de una centena de vasallos, el marqués (dado por muerto) reapareció triunfante y glorioso. El hecho de asignar sucesos extraordinarios a los señores de noble casta era muy común en aquella sociedad, con el fin de causar asombro y respeto entre sus plebeyos. Sin embargo, en este caso de nada le sirvió a don Lope porque el suceso quedó completamente sepultado en el olvido.

El actual párroco de Teverga,explica que  “Las momias no fueron especialmente queridas, y más que expuestas están puestas, como si sufrieran una maldición por haber hecho aquellas atrocidades en vida. Hace veinte años fueron trasladas a los féretros, pero antes estuvieron desnudas y colgadas a los pies del Cristo románico, una gran reliquia considerada milagrosa,encerrarlas en vitrinas porque aún en los tiempos actuales sufren burlas”.“Sufren una especie de condena eterna siendo sometidas a todo aquel castigo que no sufrieron en vida, como si sus almas estuvieran atrapadas dentro de sus restos conservados (de forma sobrenatural) para seguir padeciendo.


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LOS SIGLOS OSCUROS Y LA POBLACIÓN DE LA RIOJA


Los siglos que van desde la caída del poder central romano hasta la época de la reconquista, pasando por las invasiones bárbaras, la época visigoda y la dominación árabe, se califican de "obscuros" en razón de nuestra falta de información sobre los mismos. La cultura sufre un colapso, no por más conocido, menos digno de ponderación. Y con él, las fuentes literarias, la historia propiamente dicha, palidece. Nuestro conocimiento de todo este período o conjunto de períodos es inevitablemente "oscuro".
La oscuridad se acrecienta porque tampoco la arqueología, hasta ahora, había conseguido identificar vías de acercamiento al problema del enunciado. Los restos visigóticos son escasos; casi todos ellos de carácter sagrado y, en una primera consideración superficial, bastante inconexos, por lo menos en la medida de nuestros conocimientos actuales.
Y, sin embargo, no hay duda de que esos pocos y dispersos restos, sobre todo si los consideramos sobre el fondo de una documentada población de los siglos del dominio de Roma , están clamando por una explicación, venga ésta de donde venga. Y como suele ocurrir en los más graves problemas, la solución es algo elemental y bien visible, no identificada antes precisamente en razón de su visibilidad y de ciertos prejuicios que habían condicionado la recta inteligencia de la realidad . La solución está en Las Cuevas.
Hay en la provincia de Logroño, lo mismo que en otras provincias españolas y en otras partes del mundo, un fenómeno de apariencia geológica, pero en realidad "manu jacto", elaborado por la mano del hombre, que tradicionalmente, en la concepción popular ha venido siendo relacionado con la dominación árabe, Son las "Cuevas de los Moros" o las "Boticas de los Moros". Y es a este fenómeno al que vamos  a prestar la atención.
Para cualquiera que haya recorrido la provincia siguiendo el curso de sus ríos, necesariamente habrán sido objeto de asombro y de interrogación los agujeros que salpican, al parecer arbitrariamente, cualquiera de los farallones que caen sobre las vegas o el cauce mismo de los ríos. Si se comienza la excursión viniendo desde el occidente, todavía en la provincia de Burgos, ya en el límite mismo con Logroño, se ven los agujeros sobre un farallón no lejos de la carretera nacional 120. Ya en la provincia de Logroño, el río Tirón nos los ofrece en el farallón de su margen izquierda a la altura de Leiva, y luego salpicadamente hasta Cerezo del Río Tirón. El Najerilla ve sus cortes geológicos de la Era Terciaria horadados de manera muy abundante en Nájera, y luego, río arriba, a la altura de Camprovín, Baños de Río Tobía, Bobadilla, etc. En el Iregua son famosas las cuevas de Albelda, pero hay muchas más: las hay entre Alberite y Albelda, las hay en Los Palomares de Nalda, las hay en Islallana y en Castañares de las Cuevas. Menos visibles son las de la margen izquierda del Leza, a la altura del pueblo del mismo nombre si no se entra en el casco urbano, pero desde éste las cuevas son y constituyen la interrogante de siempre dibujada en el horizonte.
Sin duda alguna, el río que lleva la palma es el Cidacos. En cuanto se abandona Quel, río arriba, las oquedades no dejan de vigilarnos hasta Arnedillo, en las rocas de la margen izquierda del valle. Muy numerosas e importantes son las de Arnedo, bien visibles sobre todo desde la carretera de Cervera o, incluso, si se sigue la ruta de circunvalación de la ciudad; abundan entre Arnedo y Herce y son impresionantes en las rocas que dominan este último pueblo; revisten particular interés las de Santa Eulalia Bajera y, sobre todo, las de Santa Eulalia Somera, como veremos.
Y, por no ser menos, la cuenca del Alhama también está adornada con las cavidades del terreno, hasta el punto de ofrecer en Inestrillas el poblado rupestre más alucinante de la provincia.

En esta figura vemos un mapa con la distribución de las cuevas, que hasta el presente se han podido identificar . Su distribución no es caprichosa. Se puede afirmar de manera general que se da una serie de características que son comunes a todas ellas. Así, por ejemplo: todas ellas se hallan excavadas a una cota de altura más o menos idéntica: ni en el valle ni en la sierra. Están construidas en función del agua cercana de los ríos. Son verdaderas fortalezas, que dan la impresión de haber sido elegidas como morada en previsión de eventuales ataques o agresiones de cualquier índole . Las cuevas que aquí nos interesa considerar, y sobre las que se apoya este estudio, son cuevas talladas de acuerdo con una tradición arquitectónica clásica, de paredes verticales y techos planos y aristas cortándose en ángulos rectos, incluso manifestando, dentro de lo posible, un plano racional de habitabilidad y sanidad . Finalmente, todas están orientadas sobre los valles, lo que hace pensar en una tradición económica fundamentada en la producción de las tierras bajas.

Si con algunas características similares a las indicadas o parcialmente las mismas se dan también otras cuevas que se incluyen en el mapa, éstas nos ayudan a trazar el cuadro completo de esta tesis, pero no es sobre éstas sobre las que se apoya el razonamiento, sino sobre las construidas por la mano humana. En qué medida unas y otras suministren datos para la reconstrucción de la historia regional habrá de ser determinado por ulteriores estudios arqueológicos .
Alusiones al hecho de las cuevas habitadas se encuentran ya en los autores antiguos,pero estas no van a ser objeto de estudio aqui. Son únicamente las teorías que se han ocupado de las cuevas como problema histórico o arqueológico las que nos interesa recoger. De manera general se pueden reducir a dos capítulos:
A) Los autores que consideraron las cuevas como un mero fenómeno geológico. Así parece haberlas visto  C. Sánchez Albornoz cuando dice: "Albelda... edificada en suelo poco firme, agujereado por multitud de cuevas y pronto a desprenderse" . En este mismo grupo podemos citar a I. del Pan  y, más o menos, J. García Prado, que, sin embargo, parece haber vislumbrado la existencia de un problema histórico bajo la geología de las cuevas, cuando al concluir su trabajo dice: "Existe una notoria semejanza entre las cuevas habitadas en la Ribera Navarra, la provincia de Granada, algunos pueblos de la Rioja y de un modo especial en Arnedo. ¿Cómo explicarla?... He aquí un problema a dilucidar: ¿las cuevas habitadas de Arnedo son simplemente el resultado de la reacción humana ante el medio biofísico que le rodea o existen causas culturales, políticas o históricas exteriores que expliquen su existencia y su fisonomía?" .
B) Los autores que parten del hecho de la excavación artificial de las cuevas y tratan de darle un contexto que las haga comprensibles. Así R. Puertas Tricas estudió en concreto algunas cuevas de Nájera y en sus conclusiones se inclina por situarlas en el tiempo de la repoblación monacal tras la reconquista, intentando explicar así las afirmaciones de las fuentes documentales de la fundación de monasterios, a la vez que la carencia de restos de construcciones que comprueben tales fundaciones .
Más recientemente, Latxaga, en un libro de mas ambición documentalística que estudio profundo, pero lleno de intuicióníha tratado del mismo fenómeno que aqui se  considera, limitado a la provincia de Álava, concluyendo que las cuevas forman parte del mismo fenómeno que se dio en San Millán de la Cogolla y que, por tanto, han de situarse en época visigótica .
Hay además un sinnúmero de trabajos referentes a cuevas de las características que aquí se consideran. Sus contenidos no modifican ni añaden nuevos horizontes a los que se acaba de indicar.


Frente a las teorías que ven en el monacato la razón determinante de la construcción de las cuevas, bien se puede afirmar que éstas constituyen un fenómeno sociológico urbanístico de tipo civil que precede al monacato, si bien no mucho en el tiempo. Concedemos, por lo demás, que es el monacato el que da pervivencia al hecho.
Las cuevas constituyen el tipo de vivienda que se comienza a establecer cuando, a partir de las invasiones de fines del siglo III, la vida en el valle se hace terriblemente insegura. Tal dispersión de poblamiento alcanzaría su mayor auge en el siglo V, reduciéndose más tarde a las agrupaciones rupestres monacales y seguramente a otros grupos de cuevas que por su peculiar situación y agrupamiento habían llegado a ser sede de poblados, cuya existencia puede detectarse todavía hoy con carácter meramente cívico.

La relación entre cuevas y monasterios es algo constatado por las fuentes literarias prácticamente hasta la desamortización . Nada tiene de extraño, por ello, que ésta haya sido la primera explicación de las cuevas, en el primer momento en que se planteó el problema.
La cuestión, sin embargo, merece una atención más pormenorizada, ya que es precisamente esa relación de cuevas-monasterios la que nos va a obligar a remontarnos en el tiempo varios siglos atrás en la datación de las cuevas y de los monasterios.


En este mapa estan  recogidos  los monasterios que, en el estado actual,se conocen en la provincia de Logroño,
Si observamos atentamente el mapa veremos que la coincidencia entre monasterios y cuevas es limitada: San Asensio posiblemente, Nájera, San Millán de la Cogolla, quizás Anguiano, Monasterio de Valvanera, Albelda, quizá Nalda, Viguera, puede que Torrecilla en Cameros, quizá Nieva, San Prudencio de Monte Laturce, posiblemente Hornillos y Herce.
La segunda y más interesante constatación es que los monasterios aparecen fundados de manera prevalente y casi exclusiva en la mitad occidental de la provincia, mientras que las cuevas abundan probablemente más en la mitad oriental.
Es cierto que aún no está exhumada toda la documentación referente a monasterios en la provincia y que probablemente irá apareciendo más información sobre fundaciones a medida que avance la investigación, pero no creo que cambie fundamentalmente la proporción de monasterios conocidos en cada una de las dos mitades de la provincia para los tiempos posteriores a la reconquista . La razón que nos mueve a afirmar esto se apoya en la documentación existente y en la marcha de la reconquista: mientras que la Rioja Alta quedó encuadrada en el mundo cristiano de una manera definitiva ya en la primera mitad del siglo X, la Rioja Baja se mantuvo abierta a las batidas de los reyes moros de Zaragoza durante mucho más tiempo. Y cuando los moros fueron expulsados definitivamente de Zaragoza, ya no tenía tanto interés estratégico el afianzar los terrenos conquistados con fundaciones religiosas y estructuras monacales, ya que eran tiempos de mayor fuerza de la cultura urbana. Es por esto por lo que creemos que no es casualidad la dispersión de los monasterios tal como se nos presenta hoy, ni tampoco fruto de los azares de la investigación.
Así, pues, si cuevas y monasterios se identificaron en algún momento, hay que situar tal momento ya en época visigoda y no solamente en tiempos posteriores a la reconquista por la razón fundamental de la no coincidencia de los mapas de monasterios de la post-reconquista y de las cuevas. Y podemos añadir una razón subsidiaria: son demasiadas las fundaciones que se sitúan después de la expulsión de los moros para que puedan explicarse por la repoblación. La única forma que explicar tantas fundaciones es suponer que ya había monjes viviendo en los lugares en los que se fundan los monasterios, o por lo menos en muchos de ellos. Los lugares como Albelda o San Millán, en los que se da coincidencia entre cuevas y monasterios, serían los más indicados para ver en ellos tal desarrollo del repoblamiento monarcal después de la reconquista.

Por todo lo dicho parece evidente que las cuevas jugaron un importante papel en la vida del monacato y del mundo cristiano de tiempos visigóticos. El problema ahora es determinar si fueron una creación de los monjes o más bien el empleo monacal fue una reliquia o supervivencia de situaciones previas que la explicarían. Dicho de otra manera: ¿fue la huida del mundo por razones espirituales la que determinó la excavación de las cuevas que consideramos? ¿O más bien fueron las viviendas creadas por una sociedad dispersa y angustiada por el problema elemental de la posibilidad de sobrevivir, lo que los monjes aprendieron, emplearon y convirtieron en algo "monacal", haciéndolo sobrevivir? Nos inclinamos por esta segunda solución por las razones ya apuntadas del poblamiento cívico y por las que pasamos a exponer.


Una recta valoración del tema nos obliga a comenzar por ponderar su amplitud y reales dimensiones. Y en este caso hemos de comenzar por constatar que no es en España donde las cuevas tienen ni mayor interés ni mayor volumen de abundancia.
Lo más interesante del caso es que podemos situar la floración del monacato capadocio en los últimos siglos de la antigüedad tardía; también tenemos fuentes literarias que nos hablan de las cuevas como refugio de la población civil en situaciones de grave peligro proveniente de invasiones o situaciones de total inseguridad. Por citar un solo ejemplo recordemos el texto de San Juan Crisóstomo:
"Las ciudades ahora (comienzos del siglo V, exactamente el año 406) sólo son paredes y techos; en cambio, los desfiladeros y selvas se han convertido en ciudades. Lo mismo que las fieras terribles, como leones y leopardos, juzgan que para ellas es más segura la soledad que las ciudades, así los hombres que habitamos en Armenia cada día nos vemos obligados a emigrar de unos lugares a otros haciendo vida de hamaxobios y de nómadas, y no descansando nunca con ánimo confiado. ¡Hasta tal punto está todo lleno de tumulto y perturbación! Aquéllos (los isaurios), en efecto, a su llegada, a unos los degüellan, a otros los queman y de los libres hacen siervos. A otros con sólo el rumor, los hacen huir y abandonar las ciudades, o mejor dicho, los matan. ¡Cuántos adolescentes, por lo común a media noche, y llenándolo todo el fragor, de repente se vieron obligados a huir de casa, empujándolos el miedo del rumor como si fuera humo; y para ir a la muerte no les hizo falta la espada isaúrica, sino que congelándose en la nieve entregaron su espíritu; y lo que había sido para ellos causa de huir de la muerte, eso mismo fue causa de la muerte. Esta es la situación en la que nos encontramos"



En cuanto a la situación social de la Rioja en la antigüedad tardia,es ya tradicional hablar de la revuelta de Materno el año 186 como la prehistoria del movimiento bagauda, pero no es la prehistoria de las revueltas lo que aquí nos interesa, sino las turbaciones y conmociones violentas que desarraigan a poblaciones enteras. De tales revueltas, creemos que la primera de que podemos hablar en relación con nuestras tierras bajas es la invasión o invasiones de los francos en los años del comienzo de la segunda mitad del siglo III.
Las consecuencias de esta nueva situación producida por las invasiones son: seguridad para los que viven protegidos por las murallas que rodean, a partir de tal situación, a ciudades y villas importantes; e inseguridad para los que tenían que vivir en villas no fortificadas o en la inmensidad de la tierra llana. Y estos últimos, sin remedio, se ven sometidos a una fuerza centrífuga que los impulsa hacia la supervivencia, y, al no caber en los recintos amurallados, hacia otros lugares en los que se consigan los mismos beneficios: en la espesura o en refugios más o menos naturales o artificiales. Las bandas de fugitivos se configurarían diversamente, y entre ellas debió surgir, como fenómeno concomitante, el movimiento bagáudico.Es hacia el 283-284 cuando los bagaudas hacen su primera aparición bajo este nombre .
Durante el siglo IV no hay especial referencia a invasiones. Pero no faltan las turbaciones.En cualquier caso, la situación no se estabiliza del todo. Calahorra no vuelve a recuperarse. Y sobre todo hemos de destacar que la vida del espíritu ya se ha contagiado del movimiento centrífugo. En toda España, pero muy especialmente en la mitad noroccidental, el priscilianismo parece gozar de especial favor entre el pueblo. No vamos a tratar aquí del priscilianismo en concreto; sólo queremos destacar su tendencia hacia la soledad y que parece que su ámbito geográfico más importante es el triángulo que forma Astorga-Zaragoza-Burdeos y, por tanto, esta región está incluida . Y no es solamente el movimiento priscilianista el que actúa. Más bien... es sólo uno más. Recordemos que Prudencio, senador y hombre de mundo, gusta de retirarse a su Calahorra, y que Ausonio y Paulino de Nola pasan también por la campiña y mantienen correspondencia con nuestro poeta, al que sitúan en Calahorra, la pedregosa . Ni podemos olvidar que los himnos prudencianos respiran espiritualidad monacal . En este sentido si los priscilianistas se retiraban durante temporadas a los descampados, es probable que en tiempos de Prudencio también hubiera monjes viviendo en los descampados de esta provincia  y que sean ellos los destinatarios de no pocas de las composiciones del poeta. Pero insisto en que es la vida de todos los indefensos la que se ha puesto "a la defensiva" y muy probablemente el movimiento espiritual no es otra cosa que la sublimación de una realidad dura de vida de refugiados.
La gran invasión comienza el 406. Suevos, vándalos v alanos entran en España y comienza la depredación. En el 418 los visigodos se asocian al Imperio Romano como federados y comienzan a combatir a los otros pueblos que les habían precedido en el cruzar la frontera pirenaica. Teniendo como sede Tolosa, cruzan una y otra vez hacia la Tarraconense y el Valle del Ebro para luchar por toda la geografía peninsular. Los trastornos de tales idas y venidas ya se dejan suponer.



Concluyendo,de momento, y mientras no se lleve a cabo una exploración y un estudio sistemático de cada una de las cuevas, sólo se pueden hacer sugerencias generales en torno al papel, origen y funcionalidad de las cuevas y a su influencia en la configuración de la geografía humana de la Rioja, pero así y todo bien vale la pena hacerlas, ya que, en el peor de los casos, constituirán excelentes hipótesis de trabajo, que con frecuencia alcanzan el valor de afirmaciones ciertas. Así, pues:
a) La población que en la época de la "pax romana" vivía dispersa por los valles o asentada en torno a los núcleos urbanos regidos por el derecho romano, ante la presión que ejercen las invasiones del siglo III entra en situación de búsqueda de un nuevo equilibrio demográfico: parte se encierra dentro de las murallas de las ciudades o de las villas y parte huye de la llanura, pero sin alejarse mucho, pues sigue trabajando la tierra y viviendo según la tradición de la economía agrícola arraigada durante siglos de intensa romanización.
b) Es en esta búsqueda de equilibrio demográfico cuando comienzan a adquirir importancia los poblamientos rupestres, que en alguna medida ya se habían dado anteriormente . Es ahora cuantío se tallan las cuevas al modo de las viviendas construidas según tradición arquitectónica clásica, con líneas verticales y techos planos y sobre todo cuando se tallan las cuevas que, a la vez que de viviendas, sirven de fortaleza y refugio.
c) Cuando venga la invasión árabe la línea de replegamiento será otra. Los visigodos huirán a las cumbres de los montes, y asi el obispo de Calahorra San Félix organizará en el actual Prado de San Félix, entre Hornillos y La Monjía, su cenobio en compañía de su clero, o los nobles se refugiarán en tierras de Valdeosera y similares, desde donde comenzará poco después la reconquista. Las razones de esta diferencia de solución al mismo problema hay que buscarla:, tanto en la diferencia tipológica entre una invasión y otra como también, muy especialmente, en el cambio de economía. Los siglos transcurridos de inestabilidad social y de ruina del comercio han ido haciendo que una economía fundamentalmente agrícola haya ido siendo suplida por una economía de carácter más ganadero, en la que interesa menos la tierra llana y admite más fácil trasplante a plena montaña.
d) Con la segunda invasión, la árabe, las cuevas no dejan de utilizarse, y podríamos decir que incluso quizá continúe la excavación, pero no en todas partes. Son sólo los poblamientos que han adquirido consistencia, ya sea por haberse formado un poblado natural agrupado, ya por haberse erigido un monasterio. Entre los primeros pudiéramos tal vez situar casos como el ya citado de Inestrillas. Entre, los segundos, además del caso de Santa Eulalia, que habrá de ser confirmado, podemos citar Albelda.
e) En el estudio, ya intentado alguna vez , de precisar el origen de los pueblos riojanos, el material que se maneja aquí ha de ser tenido muy en cuenta. No podemos olvidar que la Rioja está orientada demográficamente sobre el curso de sus siete ríos y que las cuevas están talladas sobre el curso de los mismos ríos y son un puente que sirve de unión entre la vieja cultura romana y la cultura medieval. En concreto, nos atrevemos a sugerir la importancia de las cuevas, desde el punto de vista que las venimos considerando, para la explicación del origen o de la historia de pueblos como Ines-trillas, Cervera, Turruncún, Arnedo, Herce, las dos Santa Eulalia, Leza, Albelda, Islallana, Castañares de las Cuevas, Nájera y algunos otros de la cuenca del Najerilla, así como de varios de la del Tirón. De un modo general puede decirse que allí donde hay cuevas del tipo de las estudiadas en el presente trabajo, tales cuevas constituyen un capítulo importante de la historia del lugar.
f) Por lo mismo la historia de la antigüedad tardía y la de la época visigoda habrá de orientarse en adelante mucho más a la consideración del fenómeno rupestre, que podrá aportar datos muy valiosos sobre poblamiento, economía, intereses y hasta espiritualidad de estos siglos. Es claro que problemas como el de los comienzos del monacato, así como el de los movimientos bagáudicos encuentran en este tipo de geografía un excelente punto de referencia e iluminación.
g)Finalmente, y como conclusión negativa, pero científicamente alentadora, no parece posible que se pueda ya sostener la afirmación de que "pasados los siglos imperiales las ciudades de la llanura continuaron pobladas, pero de la parte montañosa sólo tenemos testimonio literarios y arqueológicos de población en la zona de San Millán de la Cogolla" .Testimonios arqueológicos hay en muchísimos más puntos de la geografía riojana. Los que son  dignos de atención y estudio han quedado designados en el mapa primero del presente estudio.

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http://www.vallenajerilla.com/berceo/gonzalezblanco/siglososcurosenlarioja.htm

sábado, 26 de agosto de 2017

LAS FURIAS

  


Conocemos como “Las Furias a los lienzos con temática de condenados del Tártaro que pintó el veneciano Tiziano Vecellio y que se conservan actualmente en el Museo del Prado, provenientes de la colección real. Tal nomenclatura no ha hecho sino confundir en ocasiones el tema de los representados: Las Furias o Erinias son unos personajes mitológicos asociados a la venganza y al concepto de castigo, nacidas de las gotas de sangre y esperma cuando Crono castró a Urano. Son deidades que habitan el Hades y como tal serían testigos de los castigados por los dioses, siendo estos condenados el motivo fundamental del conjunto de cuadros y no las diosas o “Furias”.

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A.W. Bouguerau: Orestes perseguido por las Erinias. 1862. Chrysler Norfolk Museum.
Para entender el significado alegórico y dinástico de este conjunto de cuadros hay que tener en cuenta el contexto de su realización y la persona que los encargó: la hermana del Emperador Carlos V, María de Hungría, siendo gobernadora de los Países Bajos. María quería preparar una de sus residencias favoritas, el palacio de Binche, para la llegada de su hermano y de su sobrino, el príncipe Felipe. En sus salones quería dejar constancia del triunfo del Emperador frente a la liga de Esmalcalda en la batalla de Mühlberg en 1547. 
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El 3 de noviembre de 1548 iniciaba el entonces príncipe Felipe un viaje hacia los dominios de su padre en el norte de Europa, conocido como "Felicísimo viaje". Éste serviría para conocer los dominios que iba a heredar y reafirmaría su autoridad. No hemos de olvidar los problemas que había tenido su padre en Castilla cuando llegó en 1517 si apenas conocer el idioma. En ese contexto de reafirmación dinástica, el momento cumbre estaría en la recepción que María de Hungría, había preparado en el Palacio de Binche. Junto con los cuadros encargados al pintor preferido de su hermano: Tiziano Vecellio (Pieve di Cadore, Véneto, hacia 1477/1490 – Venecia, 1576), María también se había hecho con una importante colección de tapices, entre las que podemos destacar los pertenecientes a la Historia de Escipión, tejidos en Bruselas sobre cartones de Giulio Romano.
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Tapiz de la Historia de Scipión. Patrimonio Nacional.
Así, sabemos que María de Hungría encargó la realización de las Furias o los Condenados (pues así se les menciona también en la correspondencia) directamente a Tiziano en 1548, cuando éste se encontraba en Augsburgo pintando para el Emperador su famosísimo retrato ecuestre, realizado para conmemorar su victoria contra los protestantes en Alemania. Lo que Carlos se estaba jugando en ese conflicto en las tierras del Imperio, era una cuestión de control del territorio, la religión era un factor más para debilitar al contrario. En este contexto se explica bien la elección de la mitología como representación del castigo ante la rebeldía al orden establecido. Lo curioso del encargo es que para representar este concepto en el Renacimiento, se había optado mayoritariamente por representar la Gigantomaquia: el enfrentamiento entre los dioses olímpicos y los gigantes, que equivalían al enfrentamiento entre el orden y el caos. Podríamos recordar a modo de ejemplo las fascinantes pinturas de este tema de la mano de Giulio Romano en Mantua o Perino del Vaga en Génova.
 Perino del Vaga (Gigantomaquia)-Fresco,Pacio Passolo (Génova)

En este caso fue un elemento de índole práctica, la conformación del espacio arquitectónico de la “Gran Sala” del palacio de Binche, la que provocó un encargo tan especial. Esta sala tenía cuatro grandes ventanales en uno de sus lados, y se quiso que los cuadros fueran destinados justo a aquél espacio, a los muros entre las ventanas. Es por ello que había que buscar un tema de castigo mitológico, similar al tema de la gigantomaquia, pero compatible con la realización de cuatro obras. Así se eligió el tema de los cuatro condenados del infierno mitológico:
“La  Saturnia Juno resuelve ir allí tras dejar su morada/celestial (tanto concedía a sus odios y a su ira). / Tan pronto como entró y rechinó el umbral con la presión / del sagrado cuerpo, Cérbero levantó sus tres bocas lanzando / tres ladridos al mismo tiempo. Juno llamó a las hermanas / nacidas de la Noche, deidades duras e implacables./ Estaban sentadas ante las puertas de la cárcel cerradas con acero / y en lugar de sus cabellos peinaban negras serpientes./ tan pronto como la reconocieron entre las sombras oscuras, / se levantaron las diosas. Se llama la Morada Criminal. / Titio ofrecía sus entrañas para que se las despedazasen tendido / como estaba a lo largo de nueve yugadas; para ti, Tántalo,/ ningún agua se coge y huye el árbol que asoma a tu cabeza;/ o buscas o empujas, Sísifo, la roca que ha de volver;/ Ixión da vueltas persiguiéndose y huyendo de sí mismo;/ y por atreverse a maquinar la muerte de sus primos /  las Bélidas buscan continuamente el agua que han perdido.”
Ovidio, Metamorfosis, libro IV, vs. 447-463.





En el conjunto de la decoración de la “Gran Sala” se incluyeron asimismo valiosas antigüedades: tapices con el tema de los pecados capitales y otros con temas mitológicos como Apolo y Marsias. Todo ello con la intención de crear un claro mensaje político: la victoria del Emperador en Mühlberg traía consigo el castigo a los que habían osado alzarse contra el orden establecido y además llevaba parejo el establecimiento de una nueva Edad de Oro. En este sentido la decoración de Binche crea un precedente iconográfico cuya derivación final será el fresco de Luca Giordano en el Salón de Embajadores del Palacio del Buen Retiro. En 1549 Tiziano había entregado ya dos cuadros a María de Hungría (Tizio y Sísifo), y los dos restantes (Ixíón y Tántalo) los entregaría entorno a 1553.

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Gran Sala de Binche. Dibujo. Biblioteca Real Alberto I. Bruselas.
La decoración del palacio apenas duró unos años, pues las obras tuvieron que ser apresuradamente retiradas ante la llegada de las tropas francesas que en 1554 destruyeron el palacio. A la muerte de María de Hungría en 1558, los cuadros de Tiziano, así como toda la colección de arte de la hermana de Carlos, pasarán a su sobrino Felipe II que destinará estas obras a decorar sus palacios. Las furias fueron depositadas en el Alcázar de Madrid, en una sala que pasó a denominarse así: Pieça de las Furias. Una sala adjunta al gran salón dorado o de comedias, dentro de la crujía más emblemática del mismo, la situada al mediodía y que Felipe II dio función de dormitorio del rey, que se mantuvo hasta Felipe IV. Cuando se realizaron las reformas del Alcázar, con la nueva fachada del mediodía, creándose el ochavo y el salón nuevo o salón de los Espejos, las furias pasarán a este salón por ser el más importante dentro de la ceremonia y recorridos del Alcázar. Para conocer la historia del edificio ver aquí.
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Plano de la planta del Alcázar de Madrid en el siglo XVI, antes de la construcción de la Torre Dorada. En la crujía sur se puede distinguir la gran sala dorada y la contigua de las furias.
Para entender la importancia simbólica dada a estas pinturas, sólo falta asomarse al espacio dentro del Alcázar de Madrid donde se colocaron en época del Felipe IV, cuando se terminaron las obras de la fachada sur: el Salón de los Espejos.
“Fuimos a ver algunos cuadros a la sala, entre los cuales uno a la entrada, sobre la puerta, con figuras grandes a tamaño natural, cinco o seis del Rubens. A continuación seguía un cuadro en el que se representaba a la Religión o Fe, que habiendo casi naufragado en forma de bellísima mujer, en una playa, con gran parte del cuerpo desnudo, y expresión triste, era socorrida y ayudada por España. Este es de Tiziano. Sobre ellos hay un Ticio que también se dice que es de Tiziano, más grande del natural de medio cuerpo. Le sigue un gran retrato al natural de Carlos V armado a caballo en actitud de comenzar a cabalgar con un bellísimo país, y sigue otro de Ticio, que se corresponde con el referido, obra del Mudo español. De frente al retrato de Carlos V, al otro lado de la sala, hay un retrato del rey de hoy armado a caballo más grande del natural, un bello país, del mismo modo obra de pintor español, está colocado en medio a otros dos Ticios. Sigue un Adán y Eva bastante más grandes del tamaño natural de Tiziano, y después un cuadro magnífico, grande y extraordinario en el que se representaba el rey sosteniendo entre sus brazos en alto a un niño que parece recién nacido desnudo, al que cómodamente coge de la mano de un ángel, que viniendo del cielo le da una palma…”
Cassiano dal Pozzo. El diario del viaje a España del cardenal Francesco Barberini. 1626.
Es curioso como el secretario del cardenal Barberini, Cassiano dal Pozzo, autor del diario del que hemos extraído la descripción del salón en 1626, denominase a las cuatro furias como Ticios, sin distinguir las más que evidentes diferencias iconográficas entre los cuatro, o utilizando el nombre de uno para representar al conjunto.
De los cuatro cuadros pintados para María de Hungría por Tiziano se conserva sólo el Sísifo (Museo del Prado) y una réplica autógrafa de Ticio (Museo del Prado) realizada en torno a 1560 para el V duque del Infantado. En 1626 Felipe IV intercambió su Ticio con el del Duque, ya que el suyo estaba en peor estado de conservación, para poder colocarlo en el Salón Nuevo o Salón del Mediodía. Los otros dos cuadros, Ixión y Tántalo se perdieron en el incendio del Alcázar de 1734. Conocemos el aspecto del segundo gracias a una estampa, pero del primero no nos ha llegado ninguna. Al Ticio original de María de Hungría, en posesión de los duques del Infantado, se le pierde la pista en el siglo XVIII.

Giulio Sanuto, según Tiziano: Tántalo. Grabado, 1565. Budapest, Szépművészeti Múzeum
Para la composición de los lienzos, Tiziano, se va a valer del uso de referentes clásicos, de tal manera que podemos rastrear en ellos los modelos de prestigio de importantes esculturas de la tradición clásica greco-latina. Así en el Sísifo el referente es el busto Belvedere de los Museos Vaticanos. En la postura del Ticio podemos reconocer la figura del Laocoonte pero en la versión antigua, -cuando reconstruyeron el brazo derecho alargándolo, antes de que la aparición del brazo original le devolviera el aspecto primero-. Para el Tántalo el modelo fue un Gálata herido.

Sisisfo,Tiziano,Museo del Prado

Torso de Beldevere,Museos Vaticanos

Tizio,Tiziano Museo del Prado

Laocoonte,copia en yeso,Museo de Escultura de Valladolid

 

 

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