viernes, 28 de julio de 2017

UN PASEO POR LA INDIA CON PABLO MORALES DE LOS RIOS

El ser humano es nómada por naturaleza y sedentario por costumbre. Todos tenemos a un viajero dentro, pese a que muchos han reprimido ese instinto para evitar gastos y desgastes. La curiosidad por las tierras lejanas, que en algunos individuos está menos pronunciada, busca siempre la manera de hacerse un hueco en nuestro conocimiento, aunque sea estimulándonos a través de un libro o un documental. Permanecer inerte no ayuda a entender el mundo y sus circunstancias, aunque hay que admitir que a veces es más agradable estar quieto que moverse.Pero hay que pensar que no andar... es cerrar los ojos y morir.
                    El-fumador-de-opio-(Jodhpur-2014)
Este país, que lamenta su trágica historia y bendice su terrible papel con gritos de color y lloros en sánscrito, es tierra de contrastes eternos, repetidos una y otra vez a lo largo de muchos miles de años de espiritualidad concentrada. Todos los sentidos bailan al son del bansuri, la tampura, la tabla y el sitar, en una orgía de sonidos, olores, tonalidades y mucho sudor.
INDIA 2014 - Pág 034. JAISALMER. Gandhi y la Independencia de India
Viajar a la India en determinados meses supone todo un acto de heroísmo: ser occidental es algo que se paga caro en un país en el que vivir de lujo es barato, pero en el que el calor húmedo, la superpoblación y la superpolución matan cada día un poco. Valientes se vuelven cobardes, y cobardes se hacen valientes, siempre, constantemente, bajo el cielo indio. Los románticos solo pueden ver el arcoiris de los saris y la armonía de las ragas; el sufridor solo puede ver infancia desnutrida, costumbres extrañas y mucha, muchísima gente. 

Sobre el clima es como estar ebrio sin beber alcohol, colorado como la cabeza “elefantástica” de Ganesha, frito como el arroz basmati,se desea estar continuamente en la ducha, a la vez que irónicamente sucio, llegando a caminar empapado bajo un sol abrasador que todo lo seca. 
         

Sobre las las personas su hospitalidad es eterna con  sonrisas que duran casi un mes .Su variedad étnica,va desde el ébano antirreflectante de muchos hasta el blanco marfil de unos pocos (sobre todo de las impresionantes actrices de los carteles de cine),todo ello confirma la idea de que India no es un país grande, sino un continente pequeño. En la India cosmopolita nunca se está solo, ni siquiera en soledad: siempre hay una puerta de hotel que suena, o un tuk-tuk que pasa, o una vaca que te mira fijamente. Las carreteras tienen más personas que asfalto (¡el tráfico de Bombay es tan denso, que los coches se coagulan!) y si uno se entretiene en contar los turbantes fosforescentes… se queda sin vacaciones. Los hombres, sobre todo los más altivos rajastaníes, usan sus mostachos serpenteantes para hipnotizarte los bolsillos; las mujeres, hermosas hasta la desesperación u horribles, desdentadas y pellejudas,vestidas como flores, son la inspiración de todo pintor y su paleta; los ancianos son sencillamente la mejor vejez que uno puede admirar; y los niños… Los niños forman jaurías de hambre, y alzan las palmas de las manos con una sincronización que hace crujir los pechos. Pero llega un momento en que es mejor avanzar: jamás se tendran tantas monedas como para hacerlos felices a todos. Ni el alzheimer borra esta ironía.
                        
 

Sobre las religiones...aquí hasta el ateo cree en algo. La cuna de las tres grandes “fes” de Asia se meció hace mucho, mucho tiempo en la India, y de la misma forma que Jerusalem dio a luz al Judaísmo, al Cristianismo y al Islam, Sarnath tuvo un triple parto inolvidable: el Hinduismo, el Budismo y el Jainismo. El oro más noble y la piedra más mohosa, las cúpulas más brillantes y los santuarios más oscuros, el Iluminado más único y el panteón más plagado, todo construye un país de raíces espirituales, donde la violencia está condenada por lo más divino, pero tanto han abusado de ella los humanos. Las estampitas de criaturas superiores de demasiados brazos y tonos pitufiles, que a mí me recuerdan a las de los santos cristianos, cuelgan y bailan en el interior de los coches; el nombre de Alá es serigrafía habitual, y hay quienes hasta se pintan barbas y cabellos de naranja con la heena que sobra de los tatuajes, siempre en su honor; Mahavira y Budha, cruzando las piernas, se sientan y miran con los ojos cerrados, confundiendo al ingenuo que cree ver doble. En Madurai hasta los elefantes bendicen. El sistema de castas, que pone en lo alto de su pirámide al brahmán, al sacerdote, escupe sobre los parias e intocables que abajo recogen los despojos de un destino cruel. Pero la frontera entre religión y superstición hace mucho que se veló, y ahora el Río Ganges, columna vertebral de los hindúes y alma de Varanasi, saca a flote un agua incontrolable que lava al creyente más vivo y esconde a todos los muertos que generó. Ceniza cadavérica con aspecto oscuro para algunos, detergente fiel para otros, a nadie deja indiferente. Ni los mosquitos se atreven a poner sus huevos en su piel. Lo mejor es bajar los párpados y guardar silencio.
INDIA 2014 - Pág. 073. VARANASI. Mi visión del Ganges (Todo cuanto aparece aquí, yo lo vi...)
Sobre la naturaleza...el Libro de la Selva no podía ser más cierto. Cuanto más se aleja uno del ser humano, más rica es la flora y la fauna. Bosques, desiertos, montañas, ríos, todo se congrega aquí, adornado con flores exóticas y cobras danzantes. Pero el Sur del país, que muchos olvidan visitar, es en este sentido la joya de la corona india: los cocoteros de Kerala, altos como rascacielos; los canales naturales de Alleppey, la Venecia del Este; los tigres de Periyar (tan tímidos y tan extintos que no se dejan ver–) las plantaciones de té de Munnar, que hacen en los ojos un paisaje fantástico, y en las mujeres servidumbre de 25 horas al día; y el océano tricolor de Kanyakumari, al que le brotan dos islas artificiales (una con el templo de Vivekananda, y otra con el coloso Thiruvalluvar) y en cuyo horizonte sale y se pone el astro rey, abarcando la misma mirada.
Sobre la Historia...¡qué decir de esto! India es Historia, lo lleva tan en su sangre que hasta está siendo histórica ahora mismo. Los monumentos titánicos como el mencionado Taj Mahal de Agra, o el Qutab Minar de Delhi, o el Fuerte de Jaisalmer, o el de Mehrangar de Jodhpur, o el Palacio-Isla Jagmandir de Udaipur, o el Templo de Adinatha en Ranakpur, esas megaconstrucciones son solo la parte pequeña de este gran cuento de las Mil y una noches que es India. ¡Hasta las havelis de Mandawa se erosionan con glamour! Desde los primeros indoeuropeos y la primigenia raza aria hasta el progresismo desmesurado del siglo XXI, pasando por los Vedas, el Mahabharata y el Ramayana, el budismo, los edictos humanistas de Ashoka y los mauryas, Alejandro Magno, los romanos, ¡el Kamasutra!, la Ruta de la Seda y Marco Polo, los mogoles, todos esos excéntricos Maharajás, Vasco da Gama y los portugueses, el Imperio Británico, ¡Gandhi!, la Independencia de 1947 y el nacimiento de Pakistán, el “asunto” Cachemira… India ha proporcionado mucha tinta a los libros de historia, y nada hace más rico a un país que eso, por pobre que parezca.
                     INDIA 2014 - Pág 051. UDAIPUR. Palacio de la Ciudad (Instrumentos musicales clásicos indios)
Y que no se me olvide la gastronomía...un paraíso para el que aprecia el picante, la comida vegetariana no asesinada, sudar mucho después de ingerir, y estar sentado con rostro arrugado … Pero un infierno para aquel que prefiera las salsas suaves y necesite comerse un filete al menos cada dos semanas. ¡Obligatorio comprar canela! A veces, con solo respirar, uno come.
                     Armonía-(Jaisalmer-2014)
Conclusión...ir a la India no es para todos… No es para todas las mentes, ni todas los olfatos, ni todos los ojos, ni todos los oídos. Sobre todo porque no todo el mundo quiere cambiar...y la India te cambiará para siempre...
http://www.moralesdelosrios.com/dibujando-el-mundo-india-2014/

lunes, 24 de julio de 2017

EL PÓRTICO DE LA CATEDRAL DE ORENSE


Hay obras de arte que, a pesar de su belleza, de su calidad o del valor que atesoran, aparecen eclipsadas por la poderosa sombra que proyectan sobre ellas, aquellas otras con las que de manera inexorable se las compara,  postergándolas en ocasiones, o incluso haciéndolas caer directamente en el olvido en otras. Algo de esto ocurre con la obra que nos ocupa, el Pórtico del Paraíso de la Catedral de Ourense, formidable muestra de la mejor escultura del románico en la Península, al que, sin embargo, la comparación con su hermano mayor, el compostelano Pórtico de la Gloria que labrara el Maestro Mateo, le hace ocupar, no pocas veces, e injustamente en mi opinión, un papel secundario, o cuanto menos menor, en el panorama de esa misma escultura. Es cierto que son muchas las deudas contraídas por el pórtico orensano con el compostelano: fue realizado por miembros activos del taller del maestro Mateo, presenta la misma estructura, aunque simplificada, y similares proporciones; y no menos cierto también que algunos de sus tímpanos y arcos han desaparecido. Pero ninguna de esas razones son suficientes para ignorar su gran calidad artística, realzada por la policromía de sus tallas, que en Ourense, a diferencia de Compostela, sí se ha conservado.



 Profeta Desconocido, Ezequiel y Habacuc

La catedral  es un edificio  consagrado a San Martín, de estilo románico, aunque tardío, edificado entre la segunda mitad del siglo XII y el siglo XIII. Conserva sus tres fachadas originales. Las dos que están situadas en los brazos del crucero son muy parecidas, con una llamativa arquivolta interior polilobulada y una discreta, aunque esmerada, decoración escultórica. La fachada principal, en cambio, oculta tras ella, igual que ocurre en Santiago, el Pórtico del Paraíso. Se accede a ella a través de una empinada escalera que salva el desnivel del terreno, pero que no se construyó hasta 1980, por lo que, difícilmente podía cumplir con la tradicional función didáctica que se asignaba a los pórticos medievales.

Jonás, Daniel y Jeremías


El Pórtico del Paraíso parece que se concluyó entre los años 1218 y 1248, en tiempos del obispo D. Lorenzo, así que es algo posterior al de Compostela y, probablemente, fue realizado por cuatro escultores distintos del taller del maestro Mateo, que reprodujeron en él la misma disposición de apóstoles y profetas sobre las jambas que su maestro había ejecutado con tanto acierto en Santiago, aunque con un estilo más hierático y románico que el de su maestro.  Por desgracia, la reforma llevada a cabo en Ourense en el siglo XVI afectó a numerosos elementos arquitectónicos del templo y algunas de la figuras están ubicadas hoy en espacios distintos a los que debieron ocupar originalmente. Además de la influencia compostelana, en la serenidad de las figuras, su ensimismamiento y homogeneidad, descubren los historiadores también la de los maestros de Amiens y París, que llegaron hasta la ciudad gallega, probablemente, a través de Burgos.


El Pórtico está formado por tres arcos, en el central se representa la iconografía tradicional de los veinticuatro ancianos mencionados en la descripción de la segunda venida de Cristo a la tierra del Apocalipsis de San Juan. El tratamiento de las figuras, dispuestas radialmente al arco, es de un gran naturalismo, y llama la atención, frente a otros pórticos románicos, la variedad de instrumentos musicales que portan. Sus cabezas, en un rasgo de modernidad que nos conduce hacia el gótico, giran unas hacia otras, como si entablaran un diálogo entre ellos.
En otro de los arcos aparece la representación del Juicio Final, con el ascenso de los justos al cielo y los tormentos del infierno para los condenados, donde los escultores no ahorraron ninguno de los dolorosos tormentos ni sufrimientos que acompañan en el arte románico a este tipo de representaciones, y cuya finalidadya comentamos recientemente: hombres torturados, serpientes que hunden sus afilados colmillos sobre los desnudos pechos de una mujer, hombres ahorcados ante la mirada satisfecha de los demonios, .... En el tercer arco, sin embargo, no hay representaciones escultóricas, sino que las arquivoltas únicamente se decoran con formas vegetales simplificadas, y los investigadores sugieren la posibilidad de un intento de representar, a través de ellas, el Paraíso.
Sin embargo, donde la escultura alcanza sus mejores logros es en la representación de las dieciocho estatuas-columnas de apóstoles y profetas que aparecen representados en las jambas de la portada. Los profetas, con una excelente policromía, se representan con manto y túnica larga bajo la que asoman unos pies donde se descubren, en un alarde de realismo, tendones y uñas. Idéntico realismo se aprecia en las manos, con las que sostienen las cartelas en las que se indica su nombre o se escribe algún versículo que les hace identificables: Oseas y Malaquías, en el muro septentrional; el profeta desconocido, Ezequiel y Habacuc, en el lado norte del Evangelio; Jonás, Daniel, Jeremías e Isaías, en el lado sur del Evangelio. Todos, excepto el profeta desconocido, tienen barba, muy larga en algunos casos, como la de Jeremías, ojos almendrados, labios llenos y gestos serenos, y Daniel incluso luce una hermosa sonrisa.
Sin embargo, uno de ellos aparece representado de modo distinto al resto. De rostro más joven, imberbe, labios escasamente definidos y cabello ensortijado, porta un rollo muy largo sin ninguna inscripción; es también la única figura que apoya sus pies en un suppedaneum (pedestal) con figuración antropomorfa, viste de forma diferente, con una especie de toga romana y, por último, es el único que no lleva nimbo tras su cabeza y no parece que lo haya perdido con el paso del tiempo. Es el enigmático profeta desconocido para el que se barajan hasta tres identidades diferentes: Amós, por su juventud y por la ausencia de nimbo, ya que no se consideraba a sí mismo como un profeta; el Patriarca José, por su gran parecido con la representación de este mismo personaje en la catedral de Chartres, aunque no es un habitual de las portadas románicas; y el profeta Zacarías, que en su sexta visión hace referencia tanto a un rollo de gran longitud que vuela, sinónimo de la maldición, como a una mujer a la que identifica con la maldad.
En cuanto a los apóstoles, de los nueve que hay representados en el pórtico, salvo dos de ellos, en lugar de cartelas, como los profetas, llevan en sus manos un libro, símbolo de la palabra de Dios que transmitieron. Aunque los artistas intentan individualizarlos a través de diferentes recursos, presentan todos aspectos similares en cuanto a los rasgos y a las vestimentas. Se han identificado correctamente a seis de ellos como Andrés, Mateo, Juan, Santiago el Mayor, Pablo y Pedro. A dos de los tres no identificados, teniendo en cuenta la similitud del pórtico orensano con el compostelano, cabe pensar que se correspondan con la identidad de los que ocupan esos mismos lugares en este último, es decir, Bartolomé y Tomás.

La decoración escultórica se completa con las imaginativas representaciones de los capiteles, en los que, además de las figuras humanas, predominan las representaciones zoomórficas de animales fantásticos como harpías, centauros, sirenas, dragones, etc., que poblaron los bestiarios medievales que les sirvieron de inspiración. Por último, en el parteluz se representa un tema poco habitual en los santuarios ligados al Camino de Santiago, y que también aparece en Compostela, como es el tema de las tentaciones de Cristo.


El programa escultórico de este pórtico, con los apóstoles enviados por Cristo a evangelizar las naciones y los profetas de Israel que tradujeron en palabras y gestos la voluntad de Dios,  no es ajeno en absoluto al convulso ambiente que vivía la iglesia en aquellos años, en los que se hubo de hacer frente a herejías como la de los cátaros y a otros planteamientos, como los de Joaquín de la Fiore, que chocaban con las nuevas ideas de la iglesia del siglo XIII. A ellos viene a sumarse, por otra parte, el enfrentamiento con las otras dos grandes religiones, el islamismo y el judaísmo. Así se ha puesto de manifiesto la relación directa que guarda con algunas de las disposiciones del IV Concilio de Letrán, celebrado entre 1215 y 1216, es decir, tan sólo dos años antes de que diese comienzo la obra.













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COLEGIATA ALQUÉZAR


En lo más alto de la villa de Alquezar, en el Somontano de Barbastro, sobre los restos de un antiguo castillo musulmán, se alza majestuosa la Colegiata de Santa María la Mayor, coronando una de las moles rocosas que franquean el río Vero a su paso por la localidad. La estampa es realmente preciosa. Únicamente su contemplación merece una visita a este pueblo oscense. Pero la Colegiata de Alquezar merece una atención muy especial pues, en su interior, alberga una más que interesante colección de tesoros artísticos. Vamos a conocerlos.
Vista de la Colegiata de Alquezar.
Su origen se remonta a finales del siglo XI, cuando las tropas aragonesas ganaron la ciudad de Barbastro así como el antiguo castillo de Ibn Rasid, que había sido construido en la frontera para vigilar la conocida como Marca Hispánica. El castillo se mantuvo como un importante enclave de frontera, defendido por una comunidad mixta de eclesiásticos y soldados que debieron formar algo parecido a una orden militar bajo la regla de San Agustín. Fue entonces cuando comenzó a reformarse y ampliarse para edificar las dependencias canonicales y la iglesia de Santa María que fue consagrada en 1099.

Colegiata de Alquezar.
Una vez que la frontera se alejó hacia el sur, la fortaleza perdió importancia estratégica y, ya convertida en colegiata, se erigió como cabeza de la próspera villa que creció a sus pies y a la que Alfonso I de Aragón concedió Fuero de Jaca y mercado. Sus calles de aspecto medieval y su preciosa plaza porticada son testigos de este importante periodo.


Plaza del mercado de Alquezar. 
La subida a la Colegiata se realiza a través de una empinada cuesta en zigzag con sucesivos recodos que es heredera del conjunto defensivo ideado por los musulmanes. En época cristiana se completó con una torre albarrana, es decir, exenta a la muralla del recinto.

Torre albarrana de Alquezar. 
En esta subida sorprende un arco apuntado con un relieve gótico donde aparecen representadas las famosas mártires oscenses Nunilo y Alodia. Según la leyenda, las dos muchachas pertenecían a una familia musulmana pero fueron educadas en el cristianismo por su madre. Al quedar huérfanas, su tío, interesado en hacerse con la fortuna familiar, las denunció y fueron encarceladas en el castillo de Alquezar. Ambas se negaron a renegar de su fe así que fueron enviadas a Huesca y decapitadas ante la iglesia de San Pedro el Viejo.

Relicario de Nunilo y Alodia. 
Una vez superada la muralla, el acceso a la Colegiata se realiza a través de un precioso claustro de planta trapezoidal, que se adapta  las necesidades del espacio, con un pequeño jardín en el centro. Una de las joyas más sorprendentes de todo el conjunto.

Claustro. 
Este claustro es del siglo XIV pero se levantó aprovechando el muro y el atrio de la antigua iglesia románica. Por esta razón cuenta en uno de sus lados con un conjunto de seis capiteles románicos verdaderamente espectaculares. Representan la propia consagración de esta misma iglesia y varias escenas bíblicas: Cuatro pasajes del Génesis y el Banquete de Herodes.

Banquete de Herodes y Salomé bailando a los pies de la mesa. 
Vale la pena detenerse a comentar el capitel que cuenta la Creación de Adán por la originalidad de su composición. Adán aparece tumbado horizontalmente  en el regazo de Dios y ambas figuras forman una cruz. Dios cuenta con tres cabezas que simbolizan el misterio de la Trinidad, algo verdaderamente insólito, y concede la vida a Adán tocando con el dedo su oído izquierdo. Alrededor, cuatro ángeles sujetan el marco que rodea la escena. Una escena verdaderamente ingeniosa.

Creación de Adán. 
De forma tan sorprendente como los capiteles, alrededor del claustro también destacan las pinturas murales de finales de la Edad Media. Representan  algunas escenas de la vida de Jesucristo en dos hileras diferenciadas: La infancia de Jesús en la inferior y la Pasión de Cristo en la superior.
Pinturas murales del claustro. 
Ya en época moderna, el claustro fue recrecido con un piso superior de arcos de medio punto levantados en ladrillo y abiertos al jardín y al exterior del recinto. Las vistas son verdaderamente espectaculares.
Desde el claustro se accede a una bella iglesia de estilo renacentista que sustituyó en el siglo XVI a la primitiva obra románica. Bajo la espectacular bóveda de crucería que se prolonga a lo largo de toda la nave central, resalta de forma especial el presbiterio que se decora con un precioso retablo escultórico dedicado a la Asunción de la Virgen María. En él se repasan diferentes escenas de la vida de la Virgen y, como es propio de los retablos de la época, incluye un óculo que hacía las funciones de sagrario.

Retablo mayor. 
Las escenas principales repasan diferentes momentos de la vida de la Virgen y probablemente son obra del taller zaragozano de Juan de Moreto. Desde luego, guardan muchas similitudes con las obras de Damian Forment y sus discípulos; los mejores escultores de ese momento en el Reino de Aragón. Lo mismo ocurre con la preciosa sillería del coro.

Aparición a María Magdalena. Jesucristo porta un casco propio el siglo XVI. 
Junto al coro se ubica la capilla que alberga el famoso Santo Cristo; una bellísima y delicada talla de Cristo crucificado que data del siglo XIII y que cuenta con una gran devoción entre los vecinos. Antiguamente, se le rendía culto en el claustro y es famoso desde tiempo inmemorial por su efectividad a la hora de obrar milagros.

Santo Cristo. 
El resto de la iglesia cuenta con decoración de época barroca. Destaca el gran órgano barroco, que se conserva en perfecto estado, y diferentes retablos; algunos de los cuales albergan auténticos tesoros de la Colegiata. Por ejemplo, la reliquia de San Nicóstrato, el patrón de Alquezar, mártir del siglo IV del que se venera su cráneo. Fue adquirido en el siglo XVI por Bartolomé Lecina, racionero de Alquézar y capellán del duque de Terranova, embajador de Felipe II.

Órgano de la Colegiata de Alquezar
En la visita a la colegiata, así como al pequeño museo que se ubica en las dependencias de la sacristía y el piso superior del claustro, también se pueden admirar otras muchas joyas como el retablo gótico de Santa Ana, atribuido al denominado Maestro de Arguís. Y el de Santa Quiteria, santa de gran devoción en Huesca, patrona de los locos y sanadora de los males de rabia. Es una magnífica tabla de finales del siglo XV obra del pintor Juan de la Abadía, el Viejo. Como es propio de su iconografía aparece representada con la palma del martirio junto a un hombre rabioso.

Retablo de Santa Quiteria. 
Por supuesto, también numerosas y extraordinarias piezas de arte sacro: reliquias procedentes del obispado alemán de Colonia, el remate de un báculo episcopal tallado en marfil del siglo XII, y parte del ajuar litúrgico de la Colegiata (cálices, copones, custodias, patenas, cruces, vestiduras litúrgicas etc…)

Báculo de marfil. 
Verdaderamente, la colegiata de Alquezar bien merece una escapada para ir a descubrirla.
https://identidadaragonesa.wordpress.com/2016/05/24/los-tesoros-de-la-colegiata-de-alquezar/
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miércoles, 19 de julio de 2017

FRANCISCO DE GOYA....LA NEVADA


En La Nevada, Goya ha querido transmitir los rigores del invierno a través del fuerte viento y de la nieve, dando una perfecta sensación ambiental, provocando que el espectador sienta frío al contemplar la escena. Serviría como modelo para la decoración en tapiz del comedor del Príncipe en el Palacio de El Pardo, formando parte, junto a las Floreras, la Vendimia y La Era, de una serie dedicada a las cuatro estaciones del año. Goya ha escogido a personajes más desfavorecidos socialmente para representar los sufrimientos del invierno. Tras ellos aparece un burro que transporta un cerdo abierto en canal, mostrando la matanza típica en España en esas fechas. La tradición habla del intento de entrar el cerdo en Madrid sin pagar el impuesto de consumos, lo que provoca la detención de los tres hombres por parte de los guardias. Los fríos del invierno no eximen a nadie, ni al perro que esconde el rabo entre las piernas. El colorido blanco se adueña de la estampa, intensificando los tonos más oscuros de su alrededor. El viento es el otro gran protagonista, habiendo captado perfectamente la sensación del gélido viento que mueve los árboles sin hojas y lanza la nieve al rostro de las figuras. Sin duda, es una obra maestra y novedosa entre sus contemporáneos.

sábado, 8 de julio de 2017

IGLESIA DE SAN SALVADOR DE CARABIAS


La iglesia del Salvador o de la Transfiguración del Señor está situada en la pedanía seguntina de Carabias (GuadalajaraEspaña). 


Su planta es rectangular de estilo románico rural del siglo XIII y una sola nave, rematada por ábside de cabecera plana y torre-campanario de planta rectangular de 2 campanas situada en el lado meridional del ábside. Presenta la orientación litúrgica habitual (87º E).
El templo dispone de portadas en las fachadas sur y oeste. La de poniente, más sencilla, de arco de medio punto, está formada por una arquivolta de dovelas lisas, apoyadas en columnas dobles de fuste liso, capiteles con decoración vegetal e imposta.
El acceso al templo se puede efectuar desde las fachadas este, oeste y norte, que dan paso al pórtico sur de arco de medio punto formado por tres arquivoltas, la intermedia lisa y la interior y exterior con baquetón sogueado. Esta última se apoya en columnas de fuste liso mediante capiteles sencillos con decoración muy deteriorada.
Especialmente destacable es la galería porticada que se extiende parcialmente por el lado norte y cubre completamente los lados sur y oeste del templo.
El ala sur está dividida en dos por una ancha pilastra; cada lado dispone de siete arcos de medio punto sobre columnas pareadas de fuste recto y capiteles con decoración vegetal (acanto).
El ala oeste actualmente presenta cinco arcos iguales a los del ala sur, en dos grupos de uno y cuatro arcos separados por uno más amplio enfrentado al pórtico oeste.
Finalmente el ala norte también muestra un vano de acceso con escalones que salvan el desnivel de la zona respecto a la galería.



















Carabias es una pedanía perteneciente al municipio de Sigüenza, en la provincia de Guadalajara. Situado en la falda norte de una alcarria que la separa de Sigüenza. Carabias tiene una población fija de ocho habitantes, número que aumenta considerablemente durante las vacaciones y fines de semana. Entre sus atractivos la ya reseeñada Iglesia del Salvador, una pequeña joya del románico rural alcarreño, que data del siglo XIII y tiene un hermoso atrio abierto a los cuatro puntos cardinales. También hay que destacar la fuente neoclásica situada frente a la iglesia y el típico horno comunal que los vecinos y algunos forasteros se han encargado de reconstruir.
Está situada en un entorno de alto valor ecológico formado por bosques de encinarebollo y sabinas, poblado por una fauna abundante, en especial jabalícorzo, zorro, gato montés, garduña... Este valioso entorno corre peligro por el abance de la civilizacion...

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