lunes, 19 de septiembre de 2016

COFRE OCHAVADO CON ENTALLES Y CAMAFEOS



Segundo tercio del siglo XVII. Ágata, Carneola, Crisoprasa, Esmalte, Granate, Heliotropo, Jaspe bandeado, Lapislázuli, Olivino, Ónice, Ópalo de fuego, Oro, Plata dorada, Prasio, 12,5 x 19,8 cm.
Cofre octogonal prolongado, con la base formada por una plancha de plata, sobre la que se elevan cuatro paredes de acero con cantoneras y molduras de oro. La tapa es plana, a ocho aguas, se apoya sobre diez bolitas de materiales diversos: ágata, lapislázuli, carneola. Toda su superficie está ricamente decorada por una trama de oro esmaltado, con diseño de hojas picudas y granos, entrelazadas y huecas, de donde surgen otras menores. La paleta de los esmaltes es sumamente variada: blanco, negro, verde claro y azul celeste opacos; verde tierno, verde oscuro, lila y ocre trasflor, que transparentan el picado del fondo. Entre los roleos vegetales se hayan distribuidos ciento cincuenta y dos camafeos y entalles engastados en óvalos con festones esmaltados, blancos y negros. El cofre es una obra importante para el estudio de la platería francesa y el coleccionismo europeo. La pieza formaba parte de la colección del cardenal Mazarino, fue vendido en la subasta de los bienes del cardenal y adquirido por el gran Delfín. Típico exponente del manierismo tardío parisino, inspirado en los diseños de orfebrería derivados del estilo de las vainas, picudas y largas, que dejan escapar una hilera de guisantes. Por el estilo de su labor de oro, se vinculó al grupo de obras relacionadas con el llamado Maestro de los dragones, Pierre Delabarre, platero parisino que recibió su maestría en 1625.
El cofre consta de ciento cincuenta y dos camafeos y entalles que han sido individualizados por Angulo, a cuyo estudio remitimos. Quizás su colocación sea aleatoria y se deba a exigencias de la estética, el colorido y los diferentes tamaños, pero la temática sugiere un cierto programa decorativo, pues, aparte de los motivos sin significado especial, como las series con escenas de amores, faunos y personajes menudos, y las consabidas cabezas masculinas y femeninas procedentes de series dispersas, se encuentran figurados los principales dioses de la Antigüedad clásica, como Júpiter en el Olimpo, dos veces representado. Minerva, también representada varias veces; Apolo, con la lira y como Helios. Además, un entalle contiene los símbolos de su oráculo. Apolo y Marsias es un episodio de representación frecuente que también aparece en la arqueta. Diana cazadora y las referencias a Baco recuerdan al mundo de los bosques y la alusión al vino: Baco cabalgando sobre una cabra, bacantes, un fauno con la pantera, símbolo del dios, y un racimo. El amor y la belleza también están simbolizados: el entalle con un delfín, símbolo de la amistad fiel hasta la muerte, y la divisa: Amoris Habes Pignus; Amor y Psique, Cupido; Venus escuchando las quejas contra Cupido; las tres Gracias. Marte, presente dos veces. Menos agradables, las escenas del mundo subterráneo: Vulcano con su pilos y trabajando en su fragua. Plutón con Cibeles y Proserpina. Asimismo se encuentran héroes, como Hércules, representado en dos ejemplares, quizás en alusión al Hércules galo, y un tercero, con el león de Nemea. Alejandro, divinizado, y David, como héroe de la tradición judeocristiana, como vencedor de un enemigo más poderoso. Escipión el Africano, y Carlos V en la jornada de Túnez, nos hablan también de dos victorias militares. Lucrecia, los Dióscuros, Esculapio son otros tantos temas asociados con el comportamiento humano. Genios del teatro, genios alados en actitudes diversas, alguna representación fluvial, como el Tíber, y animales simbólicos, como la alusión a la fábula del águila y la tortuga, la cigüeña y la lagartija, una vaca con el ternero, el toro con inscripciones griegas, leones, un lobo, aves, etc. A los costados, dos camafeos apaisados, de cornalina, representan una mujer y un hombre recostados, éste con un cuerno de la Abundancia. Pudieran pertenecer a la tradición cristiana las tres mujeres veladas. Quizás las tres Marías, así como el grupo de tres rostros barbados, posible representación de la Trinidad, frecuente a finales del siglo XV, tenida posteriormente por herética. Los camafeos son del siglo XVI casi todos, italianos en su mayoría, mientras que casi todos los entalles son antiguos.
El Tesoro del Delfín es un conjunto de vasos preciosos que, procedentes de la riquísima colección de Luis, gran Delfín de Francia, vinieron a España como herencia de su hijo Felipe V, primer rey de la rama borbónica española.
Luis de Francia , hijo de Luis XIV y María Teresa de Austria, comenzó su colección tempranamente influenciado por su padre; la adquisición de obras se producía por diversas vías, desde regalos hasta su compra en subastas y almonedas. Al morir el Delfín, Felipe V  recibe en herencia un conjunto de vasos con sus respectivos estuches, que fueron enviados a España. En 1716 estaban en el Alcázar de Madrid, guardados en sus cajas, desde donde se trasladaron, en fecha posterior, a La Granja de San Ildefonso, lugar donde se citan a la muerte de Felipe V, conservados en la llamada Casa de las Alhajas. En 1778 se depositaron, por real orden de Carlos III, en el Real Gabinete de Historia Natural y continuaron en la institución hasta el saqueo de las tropas francesas en 1813. La devolución de las piezas se produjo dos años más tarde y con algunas pérdidas. Fue en 1839 cuando la colección llega al Real Museo, donde sufrieron en 1918 un robo. Con ocasión de la Guerra Civil española fueron enviadas a Suiza regresando en 1939, con la pérdida de un vaso, desde entonces se encuentran expuestas en el edificio Villanueva 
(Texto extractado de Arbeteta, L.: El Tesoro del Delfín. Catálogo Razonado, 2001, pp. 27-33; 346-347).

 https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/cofre-ochavado-con-entalles-y-camafeos/59dfb8b1-0ca6-42d0-91aa-b307a0991a3c

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