viernes, 13 de diciembre de 2019

COLEGIATA DE SAN PEDRO DE TEVERGA Y SUS MOMIAS MALDITAS



La Iglesia de San Pedro de Teverga es una iglesia de un estilo románico primitivo, del siglo XI, que muestra el cambio del estilo del prerrománico al románico. Se desconoce la fecha de fundación, pero ya en el año 860 existía el monasterio de San Pedro de Teverga, y que la iglesia de San Miguel de La Plaza fue fundada en 1036 (su lápida fundacional está en la Catedral de Oviedo). En 1093 se construye la segunda iglesia de San Miguel al haberse derrumbado la primera; se da la fecha de 1069 en el libro del Codo de la iglesia, pero ya existía en 1076 según una inscripción sepulcral de la basílica. Uniendo a esto el estilo arquitectónico, la influencia ramirense, el parecido con otras iglesias, se puede datar de finales del siglo X o principios del XI. Sin embargo, debido a varias causas, como incendios, edificación de anejos, modificaciones, ha sufrido varias transformaciones a lo largo del tiempo. 





La torre, de 20 m, está apoyada sobre 4 arcos que fueron construidos en el siglo XVIII. El ábside y la pared norte fueron modificados en el XVII a causa de las obras para construir el palacio abacial, el coro, el claustro y sus corredores, la sala capitular y la sacristía; en esta pared se abrieron dos puertas al claustro, una desde el nártex y otra próxima al altar. El ábside tenía forma semicircular, pero tras la restauración sufrida tras un incendio no se le dió la forma original. Los machones que enlazan el porche con el cuerpo principal fueron restaurados en el siglo XVI por orden de Diego de Miranda, que mandó esculpir en ellos el escudo de la Casa de Miranda. El nártex es original, al igual que el muro sur, construido en sillería y que presenta la distribución tripartita de pórtico, cuero de naves y cabecera.






La iglesia es de planta basilical, formada por 3 naves separadas por arcos; las navetas laterales no se prolongan con las del cuerpo, sólo la central comunica directamente con la nave mayor. Las tres naves del pórtico tienen la cubierta de bóveda de medio cañón. Sobre el nártex se levanta la tribuna, que no es la original. Las columnas del porche son de fuste monolítico y los capiteles de perfil acampanado y de decoración muy variada, presentando hojas alargadas, lanceoladas, y en algunas motivos con hombres y animales.



El cuerpo aparece dividido en tres naves, la central más ancha y alta; está cubierto con bóvedas muy altas, apoyando los arcos en capiteles de imposta en la lado de los muros y en elaborados capiteles cúbicos en las columnas centrales, que aparecen decorados con toscas figuras de hombres y animales, como águilas, caballos, osos, seres híbridos, escenas varias,... En las naves laterales se refuerza la bóveda con un arco fajón recogido en los capiteles imposta también decorados.














El cuerpo de la iglesia está dividido en tres naves, siendo la central más ancha y más alta que las laterales. Hay dos arcos por cada lado. Se cubre con bóvedas muy elevadas. Los arcos apoyan en capiteles-imposta en el lado de los muros, y en elaborados capiteles cúbicos en las columnas centrales. Las caras de estos capiteles se decoran con toscas figuras de hombres y animales: águila, caballo, oso, seres híbridos, escenas de lucha. Las naves laterales refuerzan su bóveda con un arco fajón recogido en capiteles-imposta también decorados.El presbiterio ha sido remodelado en el S. XVII. Los muros laterales están reforzados por contrafuertes y bajo la cornisa son muy llamativas varias líneas de taqueado y una larga hilera de canecillos con las figuras de animales típicos de la fauna local.


En el museo de la Colegiata de Teverga residen dos inusuales inquilinos: dos cuerpos momificados. La leyenda cuenta que estos restos pertenecen a dos nobles muy poderosos y crueles que fueron supuestamente maldecidos. La condena de sus almas prosigue en la actualidad, al igual que su misteriosa historia.
Hay lugares en nuestro mundo que ocultan secretos herméticos que rara vez son mostrados a la población. En el concejo de Teverga (Principado de Asturias) existe un claro ejemplo que muestra el rostro más duro, real y trascendental de la muerte. Allí se guardan, junto a otros tesoros de gran valor histórico, dos cuerpos casi incorruptos conocidos como “las momias de Teverga”. Pero, pese al misterio que les rodea, poco o casi nada se habla de su historia.


D. Pedro Analso de Miranda, abad de la colegiata, obispo de Teruel, inquisidor, consejero de felipe V. Falleción en 1731 en Teruel y quiso ser enterrado en la colegiata 1733
  

 Momia del marqués de Valdecarzana, padre de Pedro Analso de Miranda.


Las momias se trata de los cuerpos de un padre y de su hijo que se mantienen en dos ataúdes con tapa de vidrio, uno sobre el otro, cuyas vidas fueron ejemplo de perversión, intolerancia, abuso de poder y crueldad. Por eso, a diferencia de lo que ocurre con otros restos incorruptos, no descansan en el lugar sagrado para ser venerados. Y es que, para muchos de los habitantes de la zona, el motivo real y secreto por el que se encuentran allí es para ser repudiados, ya que se considera que están malditos. Los cuerpos incorruptos pertenecen al Marqués de Valdecarzana y a su hijo.
Existe mucha controversia y alguna que otra inexactitud sobre su historia, el traslado de los cuerpos tras su muerte, los supuestos enterramientos y los embalsamamientos que nunca se llegaron a realizar.El marqués ejercía su poder sin contemplación sobre las gentes de estos pueblos. Cuando una mujer iba a contraer matrimonio, el noble la buscaba y ejercia el "derecho de pernada". Si pertenecía a alguna familia pudiente, esta podía librarse de pagar determinados impuestos”.
 En los siglos XVII y XVIII a la iglesia se le incorporó el claustro y la sacristía, se guardan tres lienzos de pintores asturianos del XVIII, uno de ellos, el más destacado, es El Niño Jesús Dormido, de Francisco Mart


Este“derecho de pernada”. Era considerado un privilegio feudal sobre todas las doncellas siervas, e interpretado como un ritual simbólico, lo que denota la baja estima con la que eran tratadas las mujeres en aquellos tiempos. Pero estas no eran las únicas vejaciones a las que estaba sometida la población del concejo de Teverga. Según el etnógrafo y escritor Alberto Álvarez Peña, experto en mitología, costumbres y leyendas asturianas, este derecho era uno más de los que disfrutaban los llamados “señores de horca y cuchillo”. “Era un acto común entre nobles en la Edad Media (explica), y se daban muchos casos en la parte suroccidental de Asturias. Precisamente la familia Miranda-Valdecarzana logró extender su domino territorial considerablemente por Grado, Salas, Pravia, Muros, La Mata, etc.”. Desde el siglo XVI al XVIII la expansión de la estirpe Valdecarzana fue creciendo portentosamente. A mediados del siglo XVIII, según estudios de la Universidad de Oviedo y del catastro de Ensenada, eran considerados los mayores poseedores de vasallos y cotos jurisdiccionales de Asturias. Se les conocía bajo el nombre de “señores de horca y cuchillo” y podían exigir diezmos y primicias sin tener que dar explicaciones al rey, por lo que aplicaban su código de conducta castigando acorde a sus criterios. Todos esos privilegios y tierras los lograban a través de matrimonios concertados estratégicamente entre familiares o amistades poderosas. En el caso que nos ocupa llevaban realizando esta práctica desde que el primer Lope de Miranda se desposó con la poderosa doña Urraca de Ron a principios del siglo XVI. Curiosamente, su manto bordado en oro se exhibe junto a los sepulcros en la misma Colegiata de San Pedro.

Momia de Pedro Analso de Miranda, abad de la colegiata de San Pedro de Teverga desde 1690 a 1720 y más tarde

obispo, inquisidor y consejero de Felipe V
El féretro superior alberga, luciendo su antiguo atavío de abad, la momia de don Pedro Analso de Miranda, hijo del anterior. Su cuerpo está más afectado que el de su predecesor, a pesar de haber fallecido muchos años después (en 1731), ya que le falta piel en la zona bucal y bastantes piezas dentales. Muestra una considerable deformación en la mandíbula y asimetría en los pómulos, por lo que podría ser un taranto (un hijo ilegítimo, en este caso reconocido paternalmente). No regulaba la ley como su progenitor, pero fue miembro de la Inquisición asentada en Santiago de Compostela, cargo que posiblemente mantuvo en Teverga. Según el testamento de don Lope de Miranda Ponce de León, sus propiedades fueron divididas entre sus tres hijos. El abad fue el responsable de repartir los bienes conforme a la voluntad de su padre, y de ordenar a los familiares y al resto de los habitantes que rezasen un gran número de plegarias por su espíritu. No en vano ordenó al religioso que se encargase de oficiar dos mil misas por su alma, a las que debía asistir todo el pueblo. ¿Acaso temía a algún castigo divino? Don Analso ejerció en la Colegiata de San Pedro durante muchos años, pero no existe ningún caso documentado de que ejecutase sentencias por brujería o actos en contra de la cristiandad. Pero esto no quiere decir que no los ordenase. El hecho de que no exista ningún registro de estas prácticas puede estar motivado por varias posibilidades: que la mayoría de los documentos fuesen destruidos en la toma francesa o durante la Guerra Civil española, que se ocultasen con recelo a los investigadores o que la mayoría de esos actos se celebrasen sin cumplir los procedimientos legales que se practicaban en otras zonas de España. Y es que Asturias era una región dificultosa y casi inaccesible, por eso la Inquisición delegó su poder en los nobles y en los monjes. Los cuerpos siguen siendo mostrados a aquellos visitantes que se sientan atraídos por la curiosidad de contemplar dos momias supuestamente “malditas”. Mientras, el motivo por el cual no fueron enterrados continúa siendo un misterio.
Momia del marqués de Valdecarzana.

En el ataúd inferior se encuentra el cuerpo sin vida de don Lope de Miranda Ponce de León (1626-1688), segundo marqués de Valdecarzana, vestido con el atuendo usado en vida. Posee un estado inusual de conservación. Su piel acartonada refleja casi con perfección sus rasgos faciales y los signos de su obesidad: la cara redonda y el abultamiento de las cuencas de los ojos con los párpados cerrados. En el cuello se aprecia un corte de notable importancia que nada tiene que ver con su muerte. Pasó sus últimos años de vida en Madrid, en el monasterio de los Jerónimos. Tiempo después de su defunción, su cadáver se vio inmerso en un singular acontecimiento que se calificó de fenómeno sobrenatural.
Su cuerpo sin vida había sido sepultado en la iglesia de Santa Ana, pero en su testamento el marqués había señalado su deseo de ser enterrado en la Colegiata de San Pedro de Teverga, como sus antepasados. Por este motivo, su hijo Sancho de Miranda exhumó los restos, encontrándose con un hecho extraordinario. Según un documento del archivo de la Casa Valdecarzana, se halló el cadáver íntegro, con las ropas interiores y exteriores de la mortaja en perfecto estado y con el mismo semblante con el que era conocido en vida. Esto hizo que Sancho iniciara una investigación sobre la vida y las costumbres de su padre para encontrar algún suceso acontecido que pudiera relacionarse con este supuesto hecho paranormal. Lo único que halló fue un relato sobre un misterioso accidente sufrido por el noble: aunque las techumbres de unas caballerizas se habían desplomado sobre don Lope ante la vista de una centena de vasallos, el marqués (dado por muerto) reapareció triunfante y glorioso. El hecho de asignar sucesos extraordinarios a los señores de noble casta era muy común en aquella sociedad, con el fin de causar asombro y respeto entre sus plebeyos. Sin embargo, en este caso de nada le sirvió a don Lope porque el suceso quedó completamente sepultado en el olvido.

El actual párroco de Teverga,explica que  “Las momias no fueron especialmente queridas, y más que expuestas están puestas, como si sufrieran una maldición por haber hecho aquellas atrocidades en vida. Hace veinte años fueron trasladas a los féretros, pero antes estuvieron desnudas y colgadas a los pies del Cristo románico, una gran reliquia considerada milagrosa,encerrarlas en vitrinas porque aún en los tiempos actuales sufren burlas”.“Sufren una especie de condena eterna siendo sometidas a todo aquel castigo que no sufrieron en vida, como si sus almas estuvieran atrapadas dentro de sus restos conservados (de forma sobrenatural) para seguir padeciendo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario